Opinión: Alberto Balderas “El torero de México”

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Aqui descansa eternamente El Torero de Mexico: Alberto Balderas.

¡Ocurrió en los últimos días!

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

Estamos ya a muy pocos días de que concluya este año de 2015, y tal vez cabría la posibilidad de evaluar o hacer un recuento de lo que este agonizante período que abarcó doce meses, nos ha dejado para el recuerdo dentro de la fiesta brava –insisto, así con minúsculas– en nuestro país.

En tanto que los acontecimientos que guardaron algo de relevancia los fuimos analizando en su momento, y hoy por los tiempos difíciles por los que atraviesa nuestra vapuleada, abatida y fútil fiesta, que lamentablemente ha perdido mucha identidad entre nuestra sociedad, tal vez influenciada por ideologías, costumbres y comportamientos extraños y disímbolos a nuestra idiosincrasia, y aunado a estas nuevas corrientes que nos sacuden de forma aterradora, agregaremos que otra de las pandemias demoledoras se localiza dentro de la misma fiesta, en la que encontramos sujetos que se han encargado de no dejar piedra sobre piedra, como lo son; las actuales empresas, los actores, autoridades serviles y además los nefastos “taurinitos vividores”, por lo cual sería excelente y mucho más importante recordar un hecho histórico y conmovedor que nos narra la vida de un torero, y que al mismo tiempo nos trasladará a nuestro México, en una época romántica y gloriosa, llena de cultura e identidad, que le tocó protagonizar a Alberto Balderas, “El Torero de México”.

Dicen que recordar es vivir, y transportados por la lectura de los grandes escritores de nuestro México de antaño, podemos comprender con lujo de detalles aquellos años de gloria y grandeza que vivía nuestra emblemática Fiesta Brava –ahora sí, con mayúsculas– tan arraigada en la vida y costumbres de nuestro pueblo.

En la historia ha quedado escrito que Alberto, ídolo del toreo mexicano de la extraordinaria “Época de Oro” nació en la capital del país un 8 de de abril de 1910, en el seno de una familia acomodada; su padre Antonio Balderas era un famoso violinista y director de orquesta que anhelaba que su hijo Alberto igualmente continuara en esta profesión. Sin embargo, su afición por los toros fue más fuerte que la música, y en compañía de su hermano Francisco, comenzó su aprendizaje y entrenamientos en los jardines de La Alameda en donde se reunían por las mañanas con otros jóvenes que igualmente aspiraban a ser toreros.

Vistió por primera vez el traje de luces el 10 de enero de 1926 en la Plaza de Mixcoac, compartiendo esa tarde y muchas más de su carrera novilleril, con el maestro Samuel Solís, que había sido alumno de Saturnino Frutos “Ojitos”, el maestro de Gaona. El 14 de julio del mismo año, se presenta en la Plaza de “El Toreo” que estaba ubicada en la Colonia Condesa, alternando con Fernando López en la lidia de cuatro reses de la dehesa jalisciense de Matancillas que resultaron muy difíciles, Alberto únicamente logró tener destalles aislados en su presentación, pero lo más destacado de la tarde fue la presencia como invitado de honor, del “Califa de León” Rodolfo Gaona.

Viaja a España en 1929 para continuar su aprendizaje en el oficio de lidiar reses bravas, y consigue debutar en la plaza de Vista Alegre en Madrid el 23 de junio, sumando en ese año un total de 23 novilladas. Al año siguiente, el 18 de mayo de 1930 actúa por primera vez en la Real Maestranza de Sevilla, alternando con Jesús Solórzano –dos mexicanos en el mismo cartel, ¡gloriosos años!– obteniendo Alberto las dos orejas y el rabo del novillo de su presentación que pertenecía a la ganadería del Marqués de Guadalest, y que había brindado al “Pasmo de Triana” Juan Belmonte.

Después de una exitosa campaña novilleril, el 19 de septiembre de 1930 recibe la borla de matador en la plaza andaluza de Morón de la Frontera otorgándosela Manuel Mejías Bienvenida, que le cedió al toro “Hocicudo” del Marqués de Guadalest, siendo testigo de la ceremonia Andrés Mérida.

Ingresa a nuestro país, y confirma su reciente alternativa en “El Toreo” el 2 de noviembre alternado en esa tarde con Heriberto García y Manuel Jiménez “Chicuelo” con ganado de la histórica dehesa de San Diego de los Padres de los señores Barbabosa, cortaría Balderas las dos orejas y el rabo del toro “Provinciano”.

Grandes momentos de gloria y un bien ganado respeto y cariño almacenó Alberto durante sus diez años como matador… ¡Pero la historia le tenía preparada una mala jugada! El domingo 1 de diciembre de 1940 se inauguraba una temporada más en el coso de “El Toreo”, iniciaba también la carrera de empresario del doctor Alfonso Gaona, y en su primer cartel presentó al maestro Fermín Espinosa “Armillita”, Paco Gorráez y la alternativa de Carlos Arruza con ganado de Piedras Negras.

Terminaba diciembre, era el día 29 y como en la corrida de apertura igualmente se programó otro doctorado, éste era para Andrés Blando, apadrinaba Alberto Balderas y de testigo José González “Carnicerito”, los toros de Piedras Negras. El tercero de la tarde de nombre “Cobijero” que le correspondía a “Carnicerito” y estando él, en el inicio del último tercio se le arrancó de improviso, y Balderas como primer espada salió a cortar su alocada embestida. . . . . . ¡Qué mundo tan privativo, este de su Majestad El Toro Bravo!

Lo triste es que las incongruentes e inadmisibles acciones son constantes día a día, y en todas las tardes. Y es que los mediocres y deshonestos actores y autoridades que inundan y tienen secuestrado a nuestro grandioso Espectáculo Taurino, no tienen la capacidad para entender que la libertad no radica en querer actuar como les plazca; ésta consiste en cumplir ordenadamente con las leyes y reglamentos que nos rigen, y más en un espectáculo en donde la figura central es y será el Toro Bravo. Y aunque les cueste trabajo, y no logren comprenderlo, nunca deberán olvidar: que nuestra Fiesta existe gracias al único protagonista y eje central del espectáculo, su Majestad el Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

Twitter @Twittaurino

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