RECAPITULANDO: La Ley y la Espada – Doble Frentazo de la Autoridad de La México.

Derechazo inicial de “El Juli” al berrendo de Montecristo.

En pleno Enero, la Autoridad hace a la Afición y al segundo espada subir las contradictoria cuesta de la poca seriedad en la protesta al trapío del quinto y del rigor, bien aplicado, a la espléndida faena de “El Juli” al segundo. En menos de una hora, la Autoridad de Plaza muestra la posible salvación y la fehaciente prueba de lo que impide a la Fiesta en México desarrollarse y encontrarse donde debiera. En tal contradicción, al torero menos facultado de la terna le sale el toro del disparejo encierro, para variar, “Zotoluco” pierde pasos y pierde el triunfo en una tarde para el olvido, pese a la oreja cortada, de Joselito Adame, con el favor siempre del público que no de la Afición.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hacemos cuentas, en cada una de sus apariciones, Julián López “El Juli” ha toreado en alta cantidad. Nos referimos a que de cinco toros que ha enfrentado en los primeros cuatro se ha hartado de torearles a como él le place.

Hoy domingo en La México en el quinto no ha podido ser porque además de chico, además de deslucido, ha tenido nada dentro. Y lo machetea, mata mal como es su costumbre, y pasa a otra cosa. Desesperado, desencantado quizá con la Plaza misma, “El Juli” puede ser señalado como la causa de la causa, es decir del origen –o uno de varios- de que en La México se lidie las birrias que se lidien.

Es posible que lo anterior sea cierto.

Pero, señalado lo anterior, irrefutable es que la faena al segundo, “Malagueño” nombrado, con clara y coloreada sobre negro reminiscencia hacia “Trojano” de esta misma ganadería, trae consigo la razón de por qué Julián es lo que es en la Fiesta. Si tan solo en La México mantuviera su estado taurino lejos de sospechas y escándalos, “El Juli” sería en definitiva el torero que restauraría por fin el orden.

Como esto no es así, parece que al torero solo le interesa hacer acto de presencia, torear bien cuando se pueda y ya, tenemos que este berrendo de Montecristo es tan desigual en juego como en presencia es la corrida. Alto y fuerte, bien hecho, contrasta su hermosa pinta, su enmorrillado pelo con lo pequeño del rabo y la alegría inicial de su salida con los cabezazos que tira justo cuando “Juli” baja las manos toreramente con el capote, el recibo es coreado porque, además de no desesperarse cuando el manso escapa y dobla contrario, de dentro a afuera el cite, se templa y remata con lucida y muy recargada media.

De Cartel.

Quizá en varios años veamos ese instante en paredes de Plazas y kioscos.

Lo que prosigue entonces es ver como un toro tan bonito puede desfondarse quizá su redondez implique que los kilos son demasiados pero ahí entonces, donde su casta y su raza deberían rescatarlos, falla por completo, desde el puyazo y la vacilante lidia que ofrece en banderillas con el ya triste y chocante prólogo del villamelonaje que exige indignadamente “poner banderillas”

Menos mal “El Juli” está lejos de eso. Y cerca de los medios.

Donde el inicio alto, a modo de tanteo, parece centrar al astado en el trapo.

Y los derechazos, de toque perfecto, a la misma intensidad del envite, hacen meter la cara a “Malagueño” que contesta suave y enclasado, largo en la embestida en el derechazo que se enrosca a la muleta firme pero hacia abajo, en plena verticalidad, columna cuya cintura lleva toreado todo el muletazo, templado en el centro de la suerte a un ritmo que siempre embelesará a la Monumental, el siempre medio tiempo del cielo del Valle de México.

Eso está, aun en sus peores momentos, programado en esta Plaza, reaccionar siempre al toreo bien hecho, por ello la primera tanda ha sido prodigiosa. Pena que el toro se ahogara. “Juli”, entonces, cuando el toro se encela, apenas abre el compás y pese a rebrincar el berrendo, el torero se vuelve a imponer incluso con un sutilísimo cambio de mano y el de pecho maravilloso.

Tan natural como el cambio de mano que abrocha la siguiente tanda.

Pena grande que esta serie de muletazos, abierta con trincherazo, muestre las tablas como irresistible tentación al astado cuya tendencia a salir y a huir desluce algo el cambio de mano relatado y entierran la posibilidad de ver a Julián en los medios verticalmente.

No por ello, muere el toreo al natural, en dos tiempos ejecutado gracias a la aflicción del toro que pide tregua. Como para “Juli” y para los romanos, si se quiere la paz hay que preparar la guerra, el único reposo que hay es la muleta arriba en el primer muletazo, sobre el tercio frente a matadores para luego ligar dos, previo nuevo escape del cárdeno.

El escape del toro muestra la victoria de la mansedumbre en las ganaderías mexicanas.

Para mal.

Porque se dibuja lo grande y el esbozo acaba en tablas en la redondez de la precisión julista que supera con dosantinas y cambios de mano, un derechazo vertical la nueva fuga del manso, le desdeña, pega la capetillina y, tras nuevos redondos con la diestra, un cambio de mano proverbial al amparo de las tablas de sensación. “El Juli” encierra la mansedumbre entre tableros y muleta, entonces el irredento queda exprimido por las dosantinas y los cambios de mano por la espalda y en el mismo sitio.

Todo lo que el berrendo opone es todo lo que “El Juli” torea.

Incluso en el último instante cuando frena y le extrae, en aguas profundas, los últimos fósiles de su bravura perdida. Pues este portento, entregado en las suertes con las telas, no es capaz de volcarse con la espada. Para acabar pronto, puede más el tranquillo de salirse, de entrar por fuera, de no exponer que cualquier otro argumento.

Al menos, no propicia el escándalo del respetable.

Al menos, “El Juli” consiente está del bajonazo.

Pero el público no.

Y quién mejor en una plaza de toros, donde pueden convivir todos los mayores elementos de contradicción posible, donde la pasión y el sentimiento pueden encontrarse con la razón y la técnica de la tauromaquia, donde la democracia choca con la autocracia del rigor y los humos del derroche, que la Autoridad para, con recto juicio taurino, tomar la mejor decisión de la Temporada: denegar la mayoritaria petición.

Aun se enoje quien se enoje. Péseles o púnceles.

Sea quien sea. El bajonazo casi perpendicular emborrona todo, de ahí el berrinche corriente, el reproche vulgar de la censura a la presidencia y quizá, no nos extrañaría, la represalia del capital taurino bajo la complacencia de la superioridad jerárquica delegacional que esperemos no ocurra.

Así las cosas, la vuelta al ruedo de “El Juli”, pese a todo, ha traído un aire torero que ni veinte mil orejas protestada, una vuelta al ruedo que pocos habremos de olvidar.

Tal como “Zotoluco” no podrá olvidar este lote de Montecristo.

El primero que lo evidencia como machetero de lujo, capitán de una incapaz cuadrilla, empezando por Sergio González que incrementa la escandalosa mansedumbre del primero, un serio toro que trae a todo el mundo parado de pestañas, mucho nervio del toro mucho miedo de las cuadrillas, chambonas y aprovechadas. El matador se lo quita de encima como puede, sin brillo, con sus acostumbrados amontonamientos.

Piadosos saludos en el tercio.

Pero el premiado, en sanmateína referencia, se llama “Guantero” un premio a la hechura.

Y a la clase.

Bravo y con largura a la embestida, desde salida, “Zotoluco” se limita a pegar carreras, con unos pies que no paran, muestra de ello los lances sin acople en el recibo y las chicuelinas del quite. Donde da más pasos que lances. Entonces “Guantero” gracias al chicuelinazo de Eulalio, empieza a quedarse abajo en una reacción muy asaltillada. Ante estos toros no queda más que mandarles muchísimo y muy largo en todo momento.

“Guantero”, que es picado contrario y trasero, crecen en banderillas y pide a gritos la muleta cuadrada al frente si se puede, llevarle largo y someterle.

La nobleza, la cadencia y la fijeza de la embestida, contrastan con las dudas, la inexplicable indecisión y pausas en los envites y los rapidísimos giros, molinillo a la trágala, los brevísimos derechazos que no hacen más que evidenciar que otra vez “Zotoluco” opone muy poco ante un toro que desde el cite toma el engaño abajo sin distracción que incomoda a la salida porque la mano del torero se queda sin viajar.

Sin mandar.

Y “Guantero” sin ser, plenamente, toreado.

Mala suerte del precioso cárdeno que en plena muerte se aguanta, le echa a perder el número al torero que pese a descabellar observa sorprendido que la petición es levísima, diluida en la división de los que la coba no les va.

Lo increíble es que la Autoridad no homenajea al toro… ¿Qué tanto espera? Ovación para “Guantero” bravo y noble, al que todos vieron.

Menos la Autoridad y el Torero.

Y si alguien ve a Joselito díganle que Adame lo está buscando, justo una semana antes del crucial 31 de Enero. Que si la versión espesa, corta, sin imaginación y enganchada del torero que como espectro desvanece ante el igualmente insulso tercero, aparecerá el próximo domingo, de favor, se abstenga de venir.

Mata fatal: chalecazo.

Que si la versión bullanguera, repetitiva, panfletera y cascabelera del sexto va a aparecer, cortará orejas, quizá, sumará puntos, pero no abonará en la historia.

De ahí que nos cuestionemos por qué y de donde la gente se pone como se pone con el quinto pero apenas reparen en ver que el sexto es igual o peor presentado que el vilipendiado anterior. Eso no cuenta aquí. Ni los zapatillazos, ni los enganchones, ni el localismo que incluye “Pelea de Gallos” y todo el fierro viejo que vende un torero joven pero ya demasiado corrido, hoy apurado y desarmado, dando más indicios que torear bien para él es lo accesorio.

Lo fundamental es la gente… el tendido y no el entendido.

Sí, la gente, esa que sabe tanto de toros que se asombra cuando la montera cae machos para abajo, o se impacta cuando avienta las zapatillas previo a matar arriba recibiendo o que protesta, casi enfurecida, el apenas asomo del descabello. Y el torero, que sabe tanto de esa gente, le da por su lado previo a echarse el escuálido astado. La gente hace la cargada y exige el pañuelo que afloja la Autoridad.

Cosa que hay que sentenciar.

Porque sí, la Fiesta es rigor contrastado al derroche, es espada que mata y que, en su caso, aplica el rigor cuando es necesario.

Que es siempre.

Al premiar o al reseñar y autorizar una corrida.

De toros, no se nos olvide, lo más importante.

Que está en Ley… y que por algo siempre carga un libro la ciega Justicia.

Como también carga una espada.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 24 de 2016. Décima Quinta de Derecho de Apartado. Dos Tercios de Plaza en tarde fresca. Mal la Autoridad al no ordenar el Arrastre Lento al cuarto. Público corriente y vulgar, muy poco taurino. 

6 Toros, 6 de Montecristo (Divisa Obispo, Verde y Oro) Mal presentada por desigual. Muy contrastada la primera parte, mejor presentados los dos primeros, mansos, peligroso el primero y noble el segundo, destragado y estrecho el tercero, respecto del resto del encierro: mal presentado fundamentalmente el quinto, muy protestado, sin la presencia debida para la Plaza. Espléndido, aunque chico, el cuarto, bravo, de embestida franca y larga en el último tercio. El sexto, manso descastado, igualmente chico tampoco debió ser lidiado.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza no homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, completamente merecido y aprueba malamente al quinto. En cambio, acierta al negar trofeos al segundo espada tras la lida del segundo.

Eulalio López “Zotoluco” (Negro y Oro) Saludos y División tras Aviso. Julián López “El Juli” (Azul Noche y Plata) Vuelta Aclamada con Bronca a la Autoridad y Pitos. Joselito Adame (Blanco y Plata) División y Oreja Protestada.

Fatal la cuadrilla del primer espada, plenamente sin capacidad ante el primero con diversos pasajes de desorden durante los dos primeros tercios pese a saludar inexplicablemente uno de sus banderilleros.

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