Por José Antonio Trujillo.
Los toros siempre escribieron la otra crónica de España. Exceden el papel de animales secundarios que algunos quieren concederle. El rito taurino expresa una forma de ser español. Esa manera de enfrentarse a la vida, no es entendida siempre y valorada en su justa medida. Los que llegan a adentrarse en su misterio, entienden los valores del toreo y se ven obligados a exaltarlos, como le ocurrió a artistas tan dispares como Picasso o García Lorca.
Torear es vivir sin red. Despreciar el camino seguro, perseguir la verdad, amar la vida. Para ser torero hay que ser especial. La mayoría de los mortales no tenemos los arrestos suficientes para ganarle con nuestra inteligencia la batalla a la brutalidad de una fiera como es el toro. El sacrificio del torero llama a los espíritus empeñados en las grandes conquistas para los hombres. Su ascesis sigue siendo necesaria en una sociedad frágil como la nuestra, adocenada y depilada, que se conforma con lo vulgar y lo sencillo. Someter a la fiera con la inteligencia y con el valor, con la pretensión de encontrar elementos artísticos en la lidia, para compartir con el público y transmitir una emoción sobrecogedora, es el fin ultimo del oficio del toreo. El rito taurino tiene que ver fundamentalmente con la verdad. Se apuesta el todo por la nada, intentando encontrar en ese sacrificio gratuito, la transcendencia de los valores que representa la forma torera de estar en la vida.
Los taurinos respetamos a todos los que no entienden nuestra pasión. Comprendemos que la verdad descarnada de este rito les pueda ser contradictoria. A lo largo de los siglos en España la crítica a los toros se ha ejercido con diferentes ropajes, desde el ilustrado en antaño al animalista de la actualidad. La misma nunca ha querido defender realmente a este tipo de animal tan particular e ibérico, su interés ha sido el de despreciar la forma taurina de ser español. Y ahí, siempre han encontrado la réplica. Muchos políticos de nuevo cuño, como la actual diputada provincial de Málaga Ahora, saben que con la crítica demagógica pueden alcanzar una notoriedad que no podrían tener de otra manera. Ha pedido esta semana que en un presupuesto de decenas de millones de euros, gastados fundamentalmente en los sueldos de los funcionarios, y los representantes electos y sus personas de confianza, los míseros miles de euros dedicados al mundo del toro se dediquen a políticas sociales. Su interés no es la defensa real del animal en concreto, sino los escasos minutos de gloria en los medios de comunicación que le concede su posición demagógica.
Los taurinos descubrimos antes a un demagogo que a un cojo.
Fuente: http://www.diariosur.es





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