José Tomás, quería ser futbolista

JT por Cazalis

Por Emilio Fernando Alonso.

Hace unos días, para mi sorpresa, me enteré viendo una entrevista que el  reconocido periodista taurino español Manolo Molés le hizo a José Tomás el “Príncipe de Galapagar”, que éste se hizo torero por la afición que le trasmitió su abuelo Celestino Román, quien solía llevarlo a la Plaza de Las Ventas en Madrid cuando había corrida de toros. Galapagar por cierto es un municipio al noroeste de la comunidad de Madrid, cerca también de El Escorial.

El místico torero español, reconoció que su padre, por el contrario, era aficionado al futbol y lo practicaba cada semana jugando en Ligas amateurs, donde invariablemente el pequeño José Tomás lo acompañaba y soñó con ser futbolista profesional, pero la insistencia y afición de Don Celestino terminaron por inclinarlo a intentar ser figura en el Arte de Cúchares, y justamente su abuelo fue quien le regaló su primer traje de torear, un rosa y oro, cuando debutó como novillero en Valdemorillo, gracias al apoyo del famoso ganadero español Victorino Martín, quien lo había visto dar unos pases en una tienta en su ganadería, donde llegó acompañando a su abuelo que fue invitado por el ganadero.

Como suele suceder, van como invitados figuras del toreo, y son ellos quienes llevan el peso de la tienta dejando al final a los principiantes y aspirantes a toreros, José Tomás le comentó a Molés que no estaba asustado, pues él pensó que sólo iría como observador pero que al salir la última vaquilla se animó a dar unos pases y aunque era su primera vez frente a una vaquilla, dejó claro que tenía un valor a toda prueba, colocándose donde pocos toreros lo hacen, y dando algunos pases con mucho sabor y hondura que no pasaron desapercibidos para los ahí presentes, entre ellos su abuelo y por supuesto el ganadero de los “victorinos”, como se conocen los toros que cría Victorino Martín para enviar a las plazas más importantes de España.

José Tomás se olvidó entonces de ser futbolista para iniciar un largo camino hasta convertirse en figura del toreo, caminar que lo trajo a nuestro país como novillero, bajo la tutela del apoderado de Manolo Martínez y el ganadero mexicano José “Pepe” Chafic. Toreó en los diferentes carnavales de ciudades jaliscienses dándose a conocer, recibiendo una fuerte cornada en Autlán de La Grana que casi le cuesta la vida, se sobrepuso y volvió a España con más rodaje y experiencia, pero regresó a México para tomar la alternativa como matador de toros que le otorgó el hidalguense Jorge Gutiérrez en la Plaza México, la más grande del mundo teniendo como testigo a Manolo Mejía, iniciando una exitosa carrera y volviendo a España para confirmar en Las Ventas de Madrid con José Ortega Cano como padrino y de testigo Jesulín de Ubrique, convirtiéndose pronto en figura del toreo, lleno de misticismo (no da entrevistas, casi no hace apariciones en público, recluido en su casa, vida un tanto de ermitaño) y toreando a cuenta gotas, con pocas corridas en el año y últimamente toreando sólo una, máximo dos, que generan gran expectación, llenando la plaza donde se presente pese al exorbitante precio de los boletos, una vida increíble la de este hombre que soñó ser futbolista y terminó cumpliendo el sueño y anhelo de su abuelo, Don Celestino Román, de ser figura del toreo.

Publicado en El Informador.

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