Tendido 7: “Las Fallas”, una historia para contarse

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Ya sólo nos restan cuatro días para que en este año de 2017 se vivan una vez más los tradicionales y pirotécnicos —esto sucederá el último día— festejos de “Fallas” en la ciudad de Valencia. Corridas de toros, que son el centro medular de las fiestas, en unión de cantos, bailes y la parentación fantástica y hermosa de bellas mujeres luciendo sus tradicionales atuendos valencianos, que son verdaderamente un multifacético despliegue de belleza, elegancia y color.  

Seguramente y así lo esperamos, “Las Fallas” serán un éxito más, en sus festejos taurinos, en sus multicolores calles y con sus espléndidas y mágicas esculturas. Pero, ¿cuándo nacieron estas fiestas? Todo inicia con sus históricas festividades de San Jaime que se celebran en el mes de julio, eran tan ancestrales como la historia de Valencia, y que en el año de 1860 —año de la inauguración del coso de Játiva— la capital del Levante español, conseguiría una mayor jerarquía en su temporada taurina incrementándose además el número de festejos.  

Con la llegada del siglo XX y viviéndose la competencia entre Ricardo Torres “Bombita” y Rafael “El Gallo”, la feria de julio comienza a gozar de sus mejores años de esplendor, ampliándose con el arribo de Joselito “El Gallo” y Juan Belmonte, egregia “Edad de Oro” de nuestra Fiesta.

En los albores de la década de los cuarenta, la plaza valenciana se cimbra ante la aparición de la espigada figura de un torero cordobés, Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, y esto se prolongaría hasta mediados de los cincuenta. Hasta que finalmente —nada nuevo en el comportamiento humano— las malas administraciones,  y los nefastos y deplorables empresarios —¿en dónde he visto lo mismo?— hundieron el coso de Játiva, sacando a los aficionados de la plazas y dando al traste con la Feria de julio.

Fue así que “Las Fallas”, de ser una modesta celebración de los carpinteros valencianos que rendía homenaje a su santo patrono Sr. San José, se convertirían a través de los años en unas fiestas espectaculares que dan paso a la primera feria importante del “Calendario Taurino Español” .  

En los carteles de este año, únicamente apareció el nombre del novillero hidrocálido Leo Valadez y no el de José Adame aunque algunas  “voces” —injustificadamente y sin razón alguna— se extrañaron de que Simón Casas no lo incluyera en sus proyectos. José fue puesto en diferentes años y jamás se justificó, así que durante 2017 en las demás plazas que le llamen, tendrá forzosamente que mostrar mejor —es decir, excelente— actitud y mayor decisión, si pretende ser alguien y trascender en España, allá la lucha es difícil y más para los foráneos. Ya que sus ¡extraordinarios logros! en todas las plazas de nuestro país, con los animales —vergonzosos e intrascendentes— que aquí se lidian, no les son relevantes y están carentes de una total y absoluta importancia para los empresarios y la afición española.

Triste realidad, pero aunque lo pretendan disimular o evadir, así es. Ya que aquí se continúa con la negativa de aceptar, o parece ser que no tienen la más mínima capacidad, para entender cuál es la legitimidad del Espectáculo Taurino, y así siempre será más difícil y escabroso el camino. Porque la única verdad en la fiesta —¡ufff, qué difícil!— exclusivamente la otorga; su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

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