Archivo de la categoría: Valencia

Oreja para Jesús E. Colombo en el cierre de la Feria de Fallas

Manoletina de Jesús E. Colombo en un ruedo embarrado. TESEO.

  • Oreja generosa para Jesús E. Colombo en el cierre de la Feria de Fallas
  • Caprichosa vuelta al ruedo a un dulce y bobalicón ejemplar de Victoriano del Río.

Por Vicente Sobrino.

Al cuarto toro de la tarde le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre y todavía hay quien se pregunta por los méritos contraídos por el astado. Hasta cuatro veces lo llevaron al caballo, pero no por una incontestable bravura, sino porque las veces que fue lo hizo mal colocado o al relance, es decir, de cualquier manera. Un toro fácil. Dulce golosina, que fue y vino por donde su matador Ferrera le indicaba. De embestida con la cara alta, para quedarse muy corto al final de una faena de Ferrera larga, de caprichosa lírica, pero de escasa consistencia. La naturalidad de Ferrera ante toro tan bobalicón y la música, que se arrancó por el “Concha flamenca” con el beneplácito de un público resguardado en sus paraguas, hizo el resto. O, quizás, más que el resto. Tuvo detalles esa faena, pero más superficial que profunda. Hacia el final de tan largo trabajo, el toro ya solo admitía medios pases. Se le fue la noción del tiempo a Ferrera, que escuchó dos avisos y se salvó de un tercero por escasos segundos. Se ordenó la vuelta al ruedo en el arrastre al toro, pero tan sorpresiva fue la decisión que los mulilleros no hicieron caso y se llevaron al toro al desolladero. Tuvieron que volver a sacar al toro para rendirle honores póstumos.

Con el primero de la tarde apenas hubo caso. De fuerzas muy justas, sirvió para que Ferrera anduviera fácil y ortodoxo. Sacó cierto ímpetu el toro por el pitón derecho, mientras que por el otro dio a entender que no quería confianzas. No se complicó Ferrera que, breve, optó por un muleteo de compromiso y sobrio.

Lo mejor de Ginés Marín fueron las verónicas de recibo al segundo de la tarde: ganando terreno y llevando muy toreado el toro en los vuelos del capote. Se llevó un susto cuando quiso replicar un quite de Colombo y sufrió una voltereta sin consecuencias. Herido en el orgullo íntimo, Marín aún hizo otro quite, por chicuelinas, muy bien acogido por la gente. La faena tuvo frescura pero faltó reposo. Mayor templanza en el toreo al natural ante un toro que acudió a la muleta sin aire distinguido, sin clase. Labor larga, en general con ciertas prisas.

Colombo sustituyó al convaleciente Román. En los prolegómenos se le entregó una plaza conmemorativa al torero valenciano Ricardo de Fabra, con motivo del L Aniversario de su alternativa. Llovió durante todo el festejo.

Con la lluvia en plena descarga, lidió Marín al quinto. Sin humillar este quinto, en medio de un barrizal, Marín le cogió el aire a un toro que no rifó su embestida. El mérito de la faena fue aguantar condiciones tan adversas y no cejar en el empeño de pasarse a un toro sin entrega. Entre la lluvia y el escaso juego del toro, luchó Marín con voluntad.

Colombo cortó una oreja al tercero, último trofeo de la feria y que tuvo impronta de liquidación por cierre. Este tercero, el de menos presencia de la tarde, fue, sin embargo, un toro muy potable para la muleta. Un eléctrico tercio de banderillas, con voltereta incluida en el tercer par interpretado al violín, dio paso a un emocionante cambiado por la espalda para abrir faena. La voluntad, con bulla incluida, fue la nota de una faena más de querer que de poder. No pareció en este toro estar Colombo para compromisos de envergadura; faltó colocación unas veces y luces en otras. Mató con brevedad y la gente le pidió la oreja. Generosidad se llama eso.

El sexto lo lidió Colombo con el ruedo hecho un verdadero barrizal. Manseó este último toro de las Fallas, que buscó incesante las tablas, y Colombo, meritorio por las condiciones de la arena, derrochó otra vez voluntad. Bullidor, con mucha actitud, pero una faena que se deslizó con poco sentido.

DEL RÍO / FERRERA, MARÍN, COLOMBO

Toros de Victoriano del Río, de escaso trapío los tres primeros y más aparentes los demás. Nobles y con las fuerzas justas. Al cuarto, por sorpresa, se le dio la vuelta al ruedo.

Antonio Ferrera: estocada delantera (silencio); _aviso_ pinchazo, estocada _2º aviso_ y cinco descabellos (vuelta al ruedo).

Ginés Marín: dos pinchazos, tres descabellos _aviso_ y otro más (saludos); pinchazo hondo y descabello (saludos).

Jesús Enrique Colombo: estocada pasada perdiendo la muleta (oreja); estocada _aviso_ (vuelta al ruedo).

Plaza de Valencia, 19 de marzo. 10ª y última de Fallas. Media entrada.

Galán y Vicens, a hombros en la matinal de rejoneo

Sergio Galán, que cortó una oreja del segundo y las dos del quinto, y Lea Vicens, que también obtuvo un doble trofeo del sexto, salieron a hombros en la matinal de rejoneo. Por su parte, Andy Cartagena cortó un trofeo del primero de una corrida de Fermín Bohórquez a la que no le sobraron las fuerzas. La plaza registró una excelente entrada.

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Feria de Fallas: José Garrido corta una oreja y salva sobre la campana una tarde de sopor

José Garrido torea al natural. TESEO.

Por Vicente Sobrino.

La corrida de Fuente Ymbro, tras un gran baile de corrales y cambio de toros, fue muy dispar de presencia y hechuras. Desde la mole del primero, a tres kilos de los 600, hasta el torillo que cerró la función y que fue, a la postre, el que salvó una tarde anclada en el más absoluto de los aburrimientos. Este toro que bajó el telón a festejo tan plúmbeo, animó el cotarro. No es que fuera como para echar cohetes en plenas Fallas, pero tuvo viveza, motor y un pitón izquierdo de juego notable. Ante él, un decidido Garrido. También acelerado, por momentos. La tarde se escapaba sin historia y el último cartucho había que aprovecharlo como fuera. Y aprovechado fue.

La primera parte de este último capítulo tuvo tintes populistas. Prisas por hacer de todo, aunque no todo entraba en lo válido. Por el lado derecho el de Fuente Ymbro tomaba la muleta con la cara alta, a su propio capricho. Garrido, un volcán de decisión, se lo pasó despegado, pero encontró el bullicio del tendido. Los muletazos salían de fabrica sin pasar ningún tamiz: unos sin rumbo, otros al aire que embestía el toro y, de vez en cuando, marcaba alguno mejor ajustado. Mas la gente, cansada de los cinco capítulos anteriores, no le regateó nada a Garrido. Se puso de su parte, pasara lo que pasara. Cuando Garrido destapó el pitón izquierdo del toro, faena tan popular cambió a lo clásico. Por ese lado llegaron los mejores momentos. Con el toro entregado en su viaje y el torero más abrochado en el embroque, se desgranaron algunos naturales que tuvieron son y sentido. Labor muy larga; dos faenas en una, y un aviso que sonó antes de perfilarse para matar. Sin noción del tiempo y una mezcla entre el populismo y lo clásico en labor de exceso metraje. Garrido agarró una excelente estocada y se llevó un premio que, con todo, no admite discusión. La tarde, en parte, estaba a salvo.

El resto de la corrida fue un espectáculo soporífero. A la mole que abrió la corrida, noblón y con las fuerzas al límite, un sobrado Bautista montó una labor larga y carente de interés. En el cuarto, ofensivo, de finas puntas y protestón, casi más de lo anterior. Distanciado en el encuentro y con poca confianza y compromiso.

Los dos toros de Daniel Luque dieron el mismo peso -533 kilos ambos- sin ser dos gotas de agua. El segundo no tuvo entrega, aunque tampoco renunció a tomar el engaño. Luque no terminó de cogerle el ritmo, se vio obligado a rectificar muchas veces e incluso también quedó sorprendido en alguna ocasión. La faena apuntó en momentos, pero quedó en eso y nada más que eso. El quinto siempre campó a sus anchas por la plaza, corretón en banderillas, al paso y forzado al tomar la muleta. Luque, sin despeinarse, le anduvo fácil, pero sin convocar el interés de la gente.

El tercero de la tarde, primero de Garrido, tuvo un pitón derecho potable y cierto motor hasta que desveló que de fuerzas tampoco era un portento. Garrido intentó aprovechar el lado bueno del toro, pero todo salía demasiado ligero. Mucha bulla y poco reposo. Protestón por el lado izquierdo, el de Fuente Ymbro no terminó de pasar y la faena quedó vista para sentencia sin mayores cotas.

FUENTE YMBRO / BAUTISTA, LUQUE, GARRIDO

Toros de Fuente Ymbro, de gran desigualdad de presentación y juego. El sexto, el de menos trapío de todos, mostró un muy buen pitón izquierdo. Discretos y cumplidores en varas y con las fuerzas justas.

Juan Bautista: pinchazo, más de media _aviso_ y descabello (silencio); dos pinchazos y media (silencio).

Daniel Luque: estocada muy trasera (saludos); pinchazo y estocada (silencio).

José Garrido: pinchazo _aviso_ y estocada (silencio); estocada (oreja).

Plaza de Valencia, 15 de marzo. 5ª de Fallas. Media entrada.

Fallas 2018: Gran corrida de toros de Alcurrucén y solo un trofeo

‘Economista’, un toro de bandera al que David Mora cortó una oreja. TESEO.

Por VICENTE SOBRINO.

Gran corrida de Alcurrucén; de cinco toros, dos de nota sobresaliente: el primero y, sobre todo, el cuarto; el segundo, de notable alto; y otros dos, tercero y sexto, que sin llegar a tan alto nivel, se ofrecieron y tuvieron su momento. El que cerró la función, precioso castaño albardado, aplaudido de salida, fue de más a menos hasta acabar apagado. Corrida con envoltorio y contenido. Seria, sin estridencias, armónica de hechuras, bien hecha. Todo con el lujo añadido de su gran juego en conjunto. El único pero, menor en este caso, fue la justeza de sus fuerzas. Aún así, el cuarto, que merece capitulo aparte, se empleó en varas con un empuje elegante y clase en el caballo. El resto cumplió en varas, sin más.

Ese cuarto toro, castaño claro de capa y fosco de cara, tuvo virtudes a pares y nones: transmisión, clase, poder de convocatoria. Transmisión al coger el engaño con ganas, impetuoso, calidad en su vuelo y viaje. En todo, el aire distinguido de los toros de sabor especial. Toro de bandera. Duró tanto como quiso un David Mora que lo puso todo en juego. Le bajó la mano, se tomó la confianza que le regaló el toro, aunque a la faena, ligerita a veces, le faltó ese punto definitivo para hablarle de tú a tú a tan gentil astado. Lo mejor de Mora, tanto en este como en el primero, se vio con el capote. Al gran cuarto, recibido con larga cambiada de rodillas, lo toreó con primor a la verónica, con la rúbrica de una media con los vuelos del capote barriendo la arena. Hubo más en ese cuarto: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero, reconocidos por el público, que le obligó a saludar. Tan gran toro, ese cuarto, pasó desapercibido para el palco que olvidó el pañuelo azul y solo se fijó en el blanco.

Si aquel cuarto toro fue el de la tarde —quizás el de la Feria— el que abrió plaza, a pesar de sus justas fuerzas, fue de gran calidad y fijeza. Toro que fue a más, que recuperó resuello a medida que la lidia avanzaba, y con el que Mora no terminó de acoplarse por el lado derecho, mientras que por el izquierdo hubo más seguridad. Dos series por este pitón, fue lo más redondo de un conjunto al que faltó una mayor confianza. Digamos que resultó una faena correcta, sin más. También hubo capote de lujo en Mora, que saludó al toro de salida con verónicas ganando terreno y el remate de media en el platillo. Dos toros con cuatro orejas; se llevaron tres al desolladero.

El segundo de la tarde, que fue al caballo con la cara alta y esperó algo en banderillas, rompió en toro de gran interés en la muleta. Impetuoso, con chispa, motor, de barrer con el hocico la arena y siempre emocionante. Un poco de embestir en ráfagas, si acaso, pero ráfagas de arrancadas retadoras. Lorenzo montó una faena seria, muy compuesta, de torero convencido. Pero le faltó también dar un paso definitivo. Tuvo seriedad, hubo muletazos buenos de verdad, más sueltos que ligados, mas le faltó la continuidad que pedía el toro. El quinto, remiendo de El Ventorrillo, rompió la armonía de la corrida. Con un trapío de menor alcance, fue a su aire distraído en los dos primeros tercios. Se frenó algo en la muleta y, sin tener clase, sí tuvo su partido. Lorenzo se reafirmó en su seguridad, al natural alcanzó cierto nivel, aunque la faena no acabara tampoco de prosperar.

Adame no terminó de ponerse de acuerdo con el tercero. El toro mansito del envío de Alcurrucén, que tras banderillas quiso atrincherarse en toriles. Adame anduvo animoso y valentón. Quiso imponer su lenguaje a un toro que entendía la lidia de otra manera y llegaron desacoples, y dos desarmes que emborronaron una sincera disposición. Toro de viaje más corto, pero muy claro. Las manoletinas finales tuvieron el efecto suficiente para que parte del tendido se le rindiera. El sexto, un precioso castaño albardado, escuchó la ovación de la gente al saltar a la arena. Empujó al caballo haciendo hilo en tablas y tuvo su partido. La faena de Adame tuvo la virtud de ponerle la muleta por pantalla, que el toro no viera otra cosa que la franela. De esta guisa logró los mejores momentos de un trasteo que, poco a poco, perdió vuelo. Las ideas en ese toro se le amontonaron, aunque no el ánimo, que siempre mantuvo por bandera. Una actitud valerosa y un toro que ante tanto trasiego desordenado acabó algo parado.

Impresión final: corrida de triunfo importante, que se marchó con las orejas puestas.

ALCURRUCÉN, VENTORRILLO / MORA, LORENZO, ADAME

Cinco toros de Alcurrucén y uno, el 5º, de El Ventorrillo, serios y bien presentados los titulares, de gran juego, y muy justo el remiendo, sin clase.

David Mora: pinchazo y estocada (saludos); estocada desprendida -aviso- (oreja).

Álvaro Lorenzo: pinchazo y estocada desprendida -aviso- (saludos); estocada trasera y desprendida perdiendo la muleta (palmas).

Luis David Adame: estocada caída (saludos); pinchazo y estocada (palmas).

Plaza de Valencia, 14 de marzo. 4ª de Fallas. Media entrada.

Publicado en El País

Feria de Fallas Orejas para un animoso Juan José Padilla y un muy torero Román

Román, en un lance en su primer toro. Juan Carlos Cárdenas EFE.

Por V. Sobrino.

La primera oreja de la Feria, ganada a ley, fue para Román. Román es la estrella de estas Fallas, el único torero que dobla actuación, y empezó por justificar el privilegio. Román entendió muy bien a su primer ‘jandilla’, buen toro que tomó la muleta sin plantear condiciones, al que no dudó un solo instante, y le plantó cara y partido sin concesiones. Muy quieto de planta; zapatillas hundidas en la arena, y buen aire en cada muletazo. Muy asentado siempre. Faena, además, con vocación clara de ligar. O sea, no perder pasos ni tiempos entre muletazo y muletazo. No hubo desequilibrio entre una mano y otra, por ambos pitones trató de igual manera al toro, y el final tuvo las luces de un toreo que puso incluso imaginación en los cambios de mano que cerraron obra tan seria. Una faena de torero valiente, capaz y de buen toreo. Salió cogido al entrar a matar, quedó a merced del toro que lo tuvo entre los pitones con el resultado de una cornada en la axila. El percance le impidió matar el sexto. Está anunciado una segunda tarde, el día de San José, pero los doctores pronostican un mes para su recuperación.

Se despidió Padilla de Valencia, le obligaron a saludar tras el paseíllo, y sintió de cerca el cariño de la gente. Mató tres toros por la cogida de Román. Ninguno de los dos toros de su lote rindió pleitesía al torero. No plantearon serias dificultades, pero fueron toros de escaso gas. Sin luces; apagados. El primero, muy remiso al tomar la muleta, le permitió a Padilla, al menos, meterse mucho con él. A la voz, de cerca, de ataque frontal ante enemigo que no quería guerra. Hubo una serie corta con la izquierda por donde Padilla pudo templar, pero muy poca cosa más. Incluso un desarme sufrió, ya cuando el toro había entregado su suerte. El cuarto fue más parado aún, y con menos fuerzas también. Padilla quiso poner el ambiente a su favor, al iniciar la faena de rodillas en toreo por redondo sobre la derecha. Fue lo único que le dejó hacer el de Jandilla. Lo que vino después fueron pruebas dentro de una actitud encomiable del espada, pero sin salirse de un guión anodino. En banderillas cumplió Padilla en dos tercios muy similares, de buena ejecución. Mató Padilla el sexto en sustitución de Román y anduvo animoso, con voluntad, ante otro toro que mantuvo un aire defensivo y sin entrega. Los rodillazos, el toreo de galería, tuvieron eco en el tendido. La faena tuvo cierto ruido, pero careció de nueces. De actitud, admirable; de vulgaridad, también. La brevedad con la espada y con la gente muy a su favor, dieron pie al trofeo que se llevó como recuerdo de su última tarde valenciana.

Tampoco El Fandi añadió a su currículo nada positivo en esta primera tarde fallera. Su primero, con poca fuerza, se volvió brusco y defensivo en la muleta. La faena fue plana, sin interés. El quinto no humilló, ni tomó la muleta a gusto. Fandi tampoco encontró la brújula por dónde sacar partido. Sufrió un desarme, incluso, con palotazo en la mano, y ahí acabó la historia. Solo en banderillas dejó buen recuerdo para la gente: siete pares, tres al segundo y cuatro al quinto. Un derroche de facultades, pero como norma clavó a cabeza pasada.

La corrida de Jandilla no fue ni mala ni buena. El de más partido fue el tercero, el resto no tuvo clase, acusó falta de casta y también el exceso de castigo recibido en varas. No se comió a nadie, pero tampoco fue un banquete apetecible para los lidiadores.

JANDILLA / PADILLA, FANDI, ROMÁN

Toros de Jandilla, correctos de presentación; descastados, con las fuerzas justas, pero sin plantear grandes problemas.

Juan José Padilla: estocada pasada (saludos); más de media y dos descabellos (silencio); en el que mató por Román, estocada pasada a toro arrancado (oreja).

El Fandi: pinchazo hondo que basta (silencio); estocada perdiendo muleta (silencio).

Román: más de media pasada _aviso_ (oreja). Fue cogido al entrar a matar.

Plaza de Valencia, 11 de marzo. 1ª de Fallas. Casi tres cuartos. Se guardó un minuto de silencio en memoria del torero cómico Arévalo y el niño Gabriel.

Román fue asistido en la enfermería de una cornada en la zona axilopectoral izquierda de 20 centímetros, que secciona todo el músculo pectoral mayor, que le impidió lidiar el sexto.

Castellón: puerta grande para Ponce y Roca Rey

Los diestros Enrique Ponce y Roca Rey salieron por la puerta grande en la última jornada de la feria taurina de la Magdalena tras cortar tres orejas cada uno en una tarde en la que José María Manzanares recibió una, informa Efe.

El viento marcó el inicio de la tarde, especialmente la primera faena de Ponce, quien fue haciéndose con el astado de la ganadería Juan Pedro Domecq, al que consiguió arrancar una oreja.

Mejor suerte tuvo con el cuarto de la tarde al que cortó las dos orejas con una combinación de ganas de salir por la puerta grande, del entusiasmo de la audiencia y de una tanda de doblones al final de la faena que puso al público de pie, más un remate limpio y a fondo.

José María Manzanares, que hacía doblete en la feria, aunque sin mucha fortuna, cortó una oreja con el quinto de la tarde con unos buenos cambios de mano al final de la faena y una buena estocada final.

El diestro peruano Roca Rey, en su segunda corrida en España -y su segunda puerta grande-, paseó una oreja con el tercer toro y dos con el sexto, el mejor astado de la tarde.

Publicado en El País

Juan José Padilla, el héroe de las dos caras

El maestro Juan José Padilla se despide el próximo domingo de la afición valenciana. Comparte cartel con El Fandi y Román.

Por JOSÉ LUIS BENLLOCH.

El domingo Padilla levanta el telón taurino de Fallas. La cita tiene su punto sentimental, el Pirata se despide de Valencia. Las despedidas de los toreros siempre tienen una carga emotiva y en este caso aún más, es el torero de las dos vidas, de las dos caras, literal, hasta Zaragoza 2011 y desde Zaragoza. Desde entonces, más de 500 corridas de toros, más de 20 intervenciones quirúrgicas consideradas severas y un montón de hitos taurinos, incluida la conquista de la Puerta del Príncipe, le sitúan en el territorio de los héroes. Un milagro sobre otro milagro que desbordó los pronósticos médicos y los cánones toreros para anidar en el corazón de las gentes.

Su presencia en Valencia, otra curiosidad, tiene además ribetes de reaparición teniendo en cuenta que en esta plaza cobró el año pasado la que era su cornada numero cuarenta de su carrera. El último episodio cruento, toquemos madera, de su trayectoria. Así que será una especie de hola de nuevo… y un adiós.

-Valencia es la plaza en la que siempre soñé para empezar las temporadas. Eso les ocurre a todas las figuras. Sus triunfos tienen gran repercusión y la pasión de su público te hace sentir bien. Me apetece mucho volver.

-¿A pesar del último percance?

-Por eso quizás más. Me trataron muy bien. Todos, desde los médicos que venían a verme todos los días, hasta los aficionados. Además no soy de malos rollos. Mi obligación de torero me lleva a superar la adversidad.

¿Eso cómo se hace?

-Se hace con fe. Soy creyente. Y también con profesionalidad. A esta ciudad llegué con mucho fondo físico y eso me ayudó mucho. Hasta el punto que de la cama me fui a Castellón a torear por la Feria de la Magdalena.

Fe y fuerza.

-Para mí es lo mismo, la fe te hace fuerte.

Padilla recuerda divertido la cara que ponían muchos de los aficionados y facultativos que le visitaban tras la cornada en la Casa de la Salud, cuando le veían probarse en la misma habitación y en los pasillos con los goteros todavía puestos.

Este es el arranque de la que se anuncia como su última temporada. En Zaragoza, por el Pilar, punto final a su carrera de torero en activo. «No pongas que me retiro, los toreros no nos retiramos nunca, solo dejamos de torear en público». Cuando le pregunto por los motivos de su despedida mezcla lógica y sentimiento. «Siempre hay un buen momento para tomar buenas decisiones. Y este es el momento y la buena decisión», me cuenta muy seguro antes de añadir: «con lo conseguido me siento sobradamente recompensado. Lo que me ha dado Dios ya es mucho más de lo que esperaba, así que…».

La importancia de la trayectoria de Padilla desborda los méritos estrictamente taurinos y se adentra en los terrenos del héroe popular. Es el tipo que desafió a la muerte, la lidió, le pudo, se adornó y la venció, el artista que se reinventó desde el sufrimiento. Sin visión en un ojo, con una asimetría facial tremenda que ha ido corrigiendo intervención tras intervención, volvió a los ruedos para torear quince tardes «con quince me conformo», dijo entonces y lleva quinientas.

-¿Te costó mucho decir el adiós?

-No. Era una decisión que partió desde el más puro convencimiento. Entendí que debía ser así. Otro año no me iba a compensar más que una despedida gloriosa como pretendo. Así que nada más terminar la temporada pasada, lo decidí.

¿A quién se lo dijiste primero?

-A mi esposa y a mis hijos. En el mismo viaje de vuelta de Zaragoza la última tarde de la temporada les di la noticia. La decisión de volver a los ruedos tras la cornada también se lo dije a ellos primero que a nadie, por tanto el adiós también debía ser así.

¿Cómo lo encajaron los niños?

-Paloma no se lo tomó muy bien. Ella tiene la idea de su padre torero y no lo ve sin el vestido de luces. Es lo que ha vivido. Es aficionada, venía a las plazas a verme y claro… que ya no vaya a ser así, lo ha sentido mucho. Martín en cambio se me abrazó con una ternura tremenda y me dijo que él me lo iba a pedir pronto, que no quería que torease más. Ya ves, la familia estaba dividida.

-Debió desempatar la opinión de tu mujer.

-Pero no desempataba. Ella es muy neutral. Ahora se alegra muchísimo pero siempre ha estado detrás y respaldando mis decisiones sobre torear o no torear. Nunca me dijo retírate ni tampoco que torease. En realidad nunca habíamos hablado de ese tema.

Todos damos por entendido que Zaragoza será estación término.

-Esa es mi idea y mi ilusión. Allí acabó todo y allí empezó de nuevo todo, así que allí quiero que acabe definitivamente todo. Pasé momentos muy duros, muy difíciles, en los que era casi imposible imaginar un futuro, pero aquellos sufrimientos sirvieron para alcanzar la gloria.

Habla con un punto de lógica nostalgia. Natural. Para los toreros de vocación las retiradas, por oportunas que sean, siempre tienen su toque de dolor. Juan parece recoger la voz y la lleva a un registro más intimista antes de repetir…

-Es un buen momento para una buena decisión. Me voy.

Las temporadas del adiós no tienen buena prensa.

-Tranquilo. Me voy a arrimar como si fuese la primera. Eso forma parte de la decisión de despedirme. Necesito que sea triunfal.

-¿Y extensa?

-Quiero una temporada en la que pueda disfrutar de todas las plazas, tanto en las que he triunfado como en las que pasé algún calvario, que también las hay de esas. En alguna no he estado a la altura y me gustaría tener la oportunidad de estarlo. Quiero ir a todas las plazas en que se me requiera para mostrar el sentimiento de gratitud que me acompaña.

Después del accidente de Zaragoza se puede decir que fuiste otro torero y otro hombre.

-No es que fuese otro torero u otro hombre pero sí que la vida me cambió completamente. Aquellos días Dios me dio una nueva oportunidad para todo, para vivir, para disfrutar de mi familia, para volverme a vestir de torero y gozar del toreo… Fue un milagro, cuando desperté no sabía si aquello era verdad o era un sueño. Fue un regalo de Dios.

-¿Descubriste a Dios en aquellos momentos?

-No. Ya lo tenía descubierto. Fui una persona de fe desde muy niño. Eso me lo inculcaron mis padres. Claro que cosas así te dan a entender definitivamente su grandeza infinita.

Una imagen próxima de San Martín de Porres delata su devoción por el santo peruano.

-Me acompaña desde niño.

«Yo torero, como los toreros»

Cuando de niño decides ser torero, ¿qué te atraía más: la pasta, el crecer socialmente, la fama…?

–No era nada de eso en concreto y era todo. Te diría que era un cúmulo de circunstancias. Me gustaba acompañar a mi padre a los toros y me sentía feliz. Era algo, el toreo que me tenía ganado. Luego cuando toreaba becerritas en el campo la descarga de adrenalina que me producía, la sensación del miedo que me generaba ese momento, me gustaba. Sí, sí, yo sentía mucho miedo, pero me gustaba. Además veía a las figuras que venían entonces por la Ruta del Toro, a los grandes maestros como Manzanares, Paquirri, Dámaso, Ruiz Miguel… Los veía con aquellos cochazos, todos llevaban Mercedes, con aquellos vestidos cortos, porque hay que ver cómo vestían, veía sus cadenas de oro con las medallas de sus devociones, les veía fuertes, poderosos y, claro, yo quería ser uno de ellos. Eso es lo que me atrajo, más que la fama que yo no conocía ni sabía cómo era. Tampoco sabía de ascensos sociales, yo no sabía siquiera lo que entendemos como la sociedad, yo sólo conocía lo que veía y era aquello que te cuento. La plaza, el campo, las figuras, su vida, su personalidad… y era por lo que quería ser torero, por ser como ellos.

Algo así como: ¡Yo torero, como los toreros!

–Exactamente.

Se reconoce en aquella época como un niño despierto y travieso, capaz –bromea– de saltar muchas tapias.

–Mi padre cuando me ve ahora reconvenir a mis hijos por alguna trastadilla me suele decir ¡calla hijo, que tú tienes por qué callar!… eso me dice.

Eran los años en que causaba admiración en los tentaderos por su simpatía y arrojo. El crío se ponía delante de cualquier becerra que saliese sin importarle el tamaño. Paquirri le tenía especial afecto, llegó a regalarle un vestido y recuerda que en todos los tentaderos en los que coincidían, y eran muchos, le obligaba a ponerse de rodillas: «Me decía ‘¡Juan de rodillas y no te muevas!’ y yo me ponía».

«Un enamoramiento de cuento»

Su carácter de niño travieso no le eximió de la responsabilidad de ganarse la vida. Lo hizo en lo que era el trabajo familiar, repartiendo el pan que fabricaban en casa, de ahí su primer alias ‘El Panaderito’. No conforme, cuando se acercaban las navidades se buscaba un extra. Compraba junto a un amigo un lote de pavos y los ponían a la venta en la calle. El servicio era completo y al cliente que lo pedía le mataban el pavo, se lo pelaban y se lo troceaban allí mismo, recuerda entre risas Juan José, que asegura que había años en lo que despachaban más de ciento cincuenta.

–Poníamos un corralito, encendíamos la candela y llegaban los clientes. Había su ambientillo. Quiero una pava, que tenga diez kilos u ocho, aquella o la otra o la que le gustase… la cogíamos y se la preparábamos. Ganábamos un dinerito.

Era divertido y rentable, pero la recompensa gorda llegó en el reparto del pan, tarea en la que conoció a la que sería su mujer. Cabe decir que fueron novios desde siempre. Ella, Lidia, tendría, me cuenta Juan José, catorce años, y él pocos más; él era un aspirante a torero, despierto y bien caído que se ganaba la vida repartiendo pan por los barrios de Jerez y ella una niña recatada y buena estudiante.

«Empecé por conquistar a la madre. De tanto en tanto le regalaba un bollito. ‘Este pa la niña’ y le advertía a la vez de que ella iba a ser mi suegra». Y como tantas veces, Padilla se salió con la suya. «Fue un enamoramiento precioso». «De cuento», le recuerdo que me ha dicho en alguna ocasión. «Y lo mantengo», añade.

Publicado en Las Provincias

Fallas 2018: Doblete de Román en una feria sin El Juli

Doblete de Román y pleno de figuras salvo ‘El Juli’ para las Fallas 2018.

Ponce, Manzanares, Talavante, Roca Rey, Ureña, Perera o Cayetano, protagonistas de la Feria de Fallas.

Por SALVA FERRER – Valencia.

La Feria de Fallas se presento en la valenciana localidad de El Puig de Santa María, templo del bou al carrer, junto con la programación de los festejos populares.

Siete corridas de toros, un festejo de rejones, dos novilladas picadas y una novillada sin caballos conforman la estructura de la primera gran feria de la temporada.

Román, base de la feria y único torero que hace doblete en el ciclo josefino, asistió al acto de presentación y posterior rueda de prensa como el gran protagonista de la Feria de Fallas 2018.

Las combinaciones del ciclo fallero:

Sábado 10 de marzo. Novillada sin picadores. Erales de Nazario Ibáñez para José Antonio Valencia, el mexicano Arturo Gilio y Borja Collado.

Domingo 11. Toros de Jandilla y Vegahermosa para Juan José Padilla, El Fandi y Román.

Lunes 12. Novillos de Fernando Peña para Jesús Chover, Alejandro Gardel y Ángel Téllez.

Martes 13. Novillos de El Freixo para Toñete, Jorge Rico y Marcos.

Miércoles 14. Toros de Alcurrucén para David Mora, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame.

Jueves 15. Toros de Fuente Ymbro para Juan Bautista, Daniel Luque y José Garrido.

Viernes 16. Toros de Núñez del Cuvillo para Sebastián Castella, José María Manzanares y Roca Rey.

Sábado 17. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande para Enrique Ponce, Alejandro Talavante y Paco Ureña.

Domingo 18. Toros de Juan Pedro Domecq para Miguel Ángel Perera, Cayetano y López Simón.

Lunes 19 de marzo. Matinal con rejones. Toros de Fermín Bohórquez para Andy Cartagena, Sergio Galán y Lea Vicens. Por la tarde, toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés para Antonio Ferrera, Román y Ginés Marín.

La empresa también dio a conocer la novillada que se celebrará con motivo de la festividad de la Virgen de los Desamparados y cuyo cartele es el siguiente:

Sábado 12 de mayo. Novillos de Gómez de Morales para Cristian Climent, Jorge Isiegas y Carlos Ochoa.

Publicado en El MUNDO

Castellón sin José Tomás y ¿Valencia sin El Juli?

De SOL y SOMBRA.

Castellón y Valencia. La Feria de la Magdalena y la Feria de Fallas. Los dos grandes ciclos levantinos con los que la temporada taurina española se despereza comienzan a tomar forma a escasas fechas de su presentación oficial.

Castellón será la primera en desvelarse y la primera en celebrarse. Este viernes conoceremos los carteles de la Feria de la Magdalena. Según informa para COPE Salvador Ferrer en el diario El Mundo, La Magdalena 2018 no contará con José Tomás tal y como se especuló durante días. Salvador Boix, apoderado del diestro de Galapagar, trasladó a la empresa la decisión de JT de no tener entre sus planes la actuación en el coso castellonense.

Sin embargo, en Castellón es segura la presencia de siete toreros: Enrique Ponce, Roca Rey, Alejandro Talavante, Juan Bautista, Juan José Padilla en temporada de despedida, El Fandi y José María Manzanares.

Si finalmente hay cuatro y no cinco corridas de toros, solo quedarían dos toreros por concretar sin contar el cartel de la corrida de Victorino. Castella, Ferrera, Perera, Ginés Marín, Román o Varea podrían quedar fuera si bien es cierto que Castella y Varea tienen muchas papeletas de ocupar esos puestos que restan para completar los nueve diestros que estarían en las tres corridas.

El Juli estaría cerca del acuerdo en Castellón, aún no cerrado, para lidiar la corrida de Garcigrande junto a José María Manzanares.

En cuanto al elenco ganadero, tal y como ya avanzó COPE.es, además del regreso de los toros de Victorino Martín, las corridas reseñadas para Castellón saldrán de entre los hierros de Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Núñez del Cuvillo y García Jiménez.

Valencia, aún con muchas dudas por despejar

Más en el aire están las combinaciones de la próxima Feria de Fallas 2018. El principal escollo que está teniendo Simón Casas para dar forma al ciclo fallero tiene nombre y apellidos. Julián López El Juli. El diestro madrileño, que este año cumple 20 años de alternativa, tiene a día de hoy muy complicada su inclusión en los carteles de Valencia.

Tal y como ha confirmado Luis Manuel Lozano a nuestro compañero Salvador Ferrer, “estamos muy lejos de llegar a un acuerdo”. El Juli pretende anunciarse con la corrida de Garcigrande en un cartel en el que también estaría incluído Enrique Ponce. Algo que no entra en los planes de la empresa Simón Casas Production.

El Juli le reservan el 16 o el 19 de marzo, fecha esta última que en los últimos años ha perdido capacidad de convocatoria en los tendidos del coso de la calle de Játiva. Algo que no convence a la administración del torero madrileño.

Enrique Ponce torearía la corrida de Garcigrande el domingo 18 de marzo y José María Manzanares y Andrés Roca Rey el 17 con la corrida de Núñez del Cuvillo.

Esta semana será decisiva para la confección definitiva de la Feria de Fallas.

Publicado en COPE

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