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Triunfo artístico y una gran entrada en el día de la Tauromaquia en València

Once orejas fue el resultado del exitoso festival celebrado este martes en València para conmemorar el día de la Tauromaquia, una jornada a beneficio de la Fundación del Toro de Lidia, iniciada por la mañana con un concurrido concurso de recortes y que, en global, fue todo en éxito en la taquilla.

Pero el plato fuerte del día llegaba en la sesión vespertina, con una función que congregó a importantes figuras del toreo actual como Enrique Ponce, el Juli o José María Manzanares, junto al veterano rejoneador Fermín Bohórquez, que regresaba a los ruedos por un día, Román, Álvaro Lorenzo, y al novillero local Borja Collado.

Un cartel que tuvo que ser remendado casi sobre la marcha tras las bajas de última hora de Alejandro Talavante, que no estaba de acuerdo con los emolumentos de su cuadrilla, Cayetano, que sigue convaleciente de una lesión costal, y Roca Rey, que directamente se quitó del medio sin dar mayores explicaciones.

Pero no importó. La gente respondió igual a su cita con la tauromaquia en la capital del Turia llenando prácticamente en su totalidad las 10.500 localidades del coso de calle Xàtiva para disfrutar de una tarde en la que se cortaron once orejas.

Lo más rotundo corrió a cargo del Juli frente a un “garcigrande” de vuelta al ruedo, un novillo de mucha clase y duración en los chismes del madrileño, que, tras un vistoso quite por lopecinas, lo cuajó de principio a fin con un toreo largo, templado, bien compactado y muy autoritario. Espazado y dos orejas para él.

También Enrique Ponce anduvo sobrado con un novillo de Daniel Ruiz, el segundo, que tuvo buen son lo poco que duró, suficiente para que el de Chiva lo toreara muy despacio al natural. Buena estocada y dos orejas.

Manzanares dejó retazos sueltos de mucha clase ante un “cuvillo“, el cuarto, rebrincado y a la defensiva por sus pocas fuerzas, dentro de una faena dispuesta pero sin continuidad, que le valió un trofeo, el mismo premio que paseó Román tras una labor muy decidida, variada y entregada ante el encastadito “juanpedro” que hizo quinto.

Álvaro Lorenzo volvió calentar los tendidos con una faena de extraordinaria expresión ante otro ejemplar de Daniel Ruiz de muy buena condición, y del que paseó el doble trofeo.

Cerró la tarde el novillero Borja Collado, muy animoso durante toda la faena a un buen novillo de Fuente Ymbro, cuya muerte brindó a todos los actuantes y al que cortó las dos orejas.

Abrió la función el rejoneador Fermín Bohórquez, que cortó una oreja de un novillo de su propia ganadería gracias a una faena de corte clásico y mal refrendada en la suerte suprema.

FICHA DEL FESTEJO.- Novillos, por este orden, de Fermín Bohórquez, noblote; Daniel Ruiz, manejable pero a menos; Garcigrande, de mucha clase, de nombre Flamenco, número 91 y premiado con la vuelta al ruedo; Núñez del Cuvillo, a la defensiva por sus pocas fuerzas temperamento y poca clase; Juan Pedro Domecq, encastadito; Daniel Ruiz, que se dejó; y Fuente Ymbro, bueno.

El rejoneador Fermín Bohórquez, que sustituía a Alejandro Talavante: rejón caído (oreja).

Enrique Ponce: estocada (dos orejas).

Julián López “El Juli“: estocada (dos orejas).

José María Manzanares: estocada desprendida (oreja).

Román, que sustituía a Roca Rey: dos pinchazos y estocada (oreja).

Álvaro Lorenzo, que sustituía a Cayetano: estocada caída (dos orejas).

El novillero Borja Collado: estocada (dos orejas).

La plaza prácticamente se llenó en tarde fría, lluviosa y muy desapacible.

Agencia EFE.

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Roca Rey vuelve a tronar en Valencia

El peruano corta dos orejas y abre la puerta grande en el último suspiro de la feria. Josemari Manzanares interpretó dos sinfonías inacabadas ante la pasión de su público y frente a dos toros de muy diferente condición.

Por JOSÉ LUIS BENLLOCHL.

Cualquiera que se hubiese asomado a la plaza arrastrado el último toro podría pensar que la tarde había sido un paseo en lancha, un desfile triunfal en loor de multitudes, y nada más lejos de la realidad. Fue una tarde extraña, complicada, apartada del guion que había convocado en la plaza la mejor entrada con diferencia de la feria, pero aquella vuelta al ruedo del toro, sorprendente, y los clamores con los que el público despedía a Roca disimulaban la auténtica realidad. Nada que contradiga la legitimidad del triunfo del peruano, que estuvo una vez más contundente y valeroso, con la fe del catecúmeno para perseguir la gloria final hasta allá donde no parecía haber posibilidades.

Antes de ese clímax, la tarde había pasado por los momentos más extraños. Hubo motivos para abjurar de los toros a la moderna, ¡vaya con los cuvillos esta vez!, el primero y el cuarto, mismamente, estuvieron absolutamente vacíos de fuerza y de casta, y ninguno remató en lo que siempre se espera de esta ganadería. Hubo pasajes extrañísimos también, de pura contradicción, como que el toro más protestado por chico, el coloradito tercero, fue el más complicado de la tarde, lo que viene a demostrar que no hace falta ser grande para ser un cabrón. El pájaro embestía rebrincado, pegando tornillazos, a dos velocidades, y acabó con la moral del propio Roca.

Curiosamente, ante la dificultad, los que lo habían protestado de salida ya no dijeron ni mu. Claro que también protestaron al sexto y acabaron premiándolo con la vuelta al ruedo para redondear el más absurdo de los círculos.

Luego, hubo pasajes en los que Manzanares dibujó el toreo.

Fueron dos sinfonías que cabría calificar de inacabadas, que permitieron, una vez más, escenificar el manzanarismo de Valencia, que naturalmente no es mancha sino recordatorio del buen gusto de una afición a la que no siempre se le reconoce. Y hubo, lo dicho, el momento crucial de esa última faena de Roca, de pies muy firmes, la muleta puesta, en una comunión absoluta con un público que si era manzanarista está claro que también idolatra a Roca. La vuelta al ruedo del último toro entra en el capítulo de lo anecdótico, ni una tarde sin una ocurrencia presidencial.

Era la tarde de las figuras. Eso se apreciaba claramente en la afluencia de público. No me cansaré de recordar que históricamente, no me hablen de modas, Valencia es una plaza de carteles cerrados, con todo lo bueno y de malo que tiene el asunto. Con la referencia de las dos tardes que la precedieron hay que convenir que estos carteles generan otro toreo, es otra fiesta, otro mundo. Sucede ahora y sucedió siempre, no cabe rasgarse las vestiduras. Ayer pesó durante mucho tiempo como una losa el nivel de tensión, también de emociones, de la tarde anterior. El libreto en ambos casos lo marcaron los toros. Los de Cuvillo no tuvieron nada que ver con los que le han convertido en predilectos de las figuras.

A estas alturas con los dos toros, muy bonitos por cierto, pero absolutamente muermos y vacíos que le correspondieron a Castella, no creo que al francés le queden muchas ganas de repetir con la divisa de El Grullo.

También hubo toros de alta complicación, el tercero que les he contado, que se llevó Roca. Fue menudo, áspero, con dos velocidades, sin ritmo, y el mismo toro segundo de la tarde se vino arriba en el último tercio y no se entregó en ningún momento, dificultades, por cierto, que siendo de quien eran, no se acabaron de valorar en su justa medida por los tendidos.

Después hubo dos toros con más toreabilidad, caso del quinto, al que Manzanares le tuvo que dar tiempos y tiempos hasta rayar en la pasividad para que no se viniese abajo, y hubo un toro sexto, el de la vuelta al ruedo, inédito en varas y obediente en el tramo final, cuya principal virtud fue la suerte, la suerte de caer en manos de un tipo ambicioso e inasequible al desaliento. En resumen, hubo toros para enfadarse, toros para la esperanza, toros para cuidar mucho y toros para cuidarse de ellos.

El protagonista de la tarde, es evidente, fue el peruano, que se topó con el incómodo tercero, el toro de las dos velocidades, una primera por dentro y medio obediente, y una segunda hasta el final del muletazo, agresiva y descompuesta. Y ante semejante prenda, lo que no puede ser no puede ser y hubo que esperar al sexto. Y como los grandes no se rinden, Roca le salió al jabonero sexto con absoluta decisión. Toro bruscote que apareció sin prometer nada, bruto y desclasado, pero que acabó sometido al mando de RR. Las rogerinas con las que lo puso en suerte fueron el parteaguas de su actuación, el trueno de aviso que despertó al público. La faena fue de mano baja y de plantas firmes, con la muleta siempre adelante en busca de la ligazón que tanto cala en los tendidos. ¡Y vaya si caló! Con la izquierda y con la derecha, aderezados con pellizcos del uy y del ay en las espaldinas. Lo amarró todo con una estocada de efectos espectaculares y el presidente, con buen criterio, le concedió las dos orejas de golpe. Lo del pañuelo azul, a lo peor fue un golpe de ese viento que tanto molestó a los lidiadores a lo largo de la tarde.

La corrida de Núñez del Cuvillo, de muy discreta presentación y desigual juego, apenas dio opción

Las dos primeras partes de las faenas de Josemari fueron de altos vuelos. Hubo muletazos de trazo largo, deslumbrante estética y sobrada torería. Curiosamente, en los dos trasteos, hubo un punto fatídico: dos desarmes de lo más inoportunos. A partir de ahí su primero se vino arriba y su segundo se aplomó hasta hacer imposible la ligazón. Los pasajes más hermosos, una trinchera a su primero, pura inspiración, y una trincherilla sobrada de improvisación y buen gusto, sin olvidar un quite por chicuelinas al quinto, puro manzanarismo, el giro y la mano baja fue un homenaje a su señor padre.

Castella, buena técnica, mucha templanza y pocas opciones ante un lote muy vacío.

Y con esto acabó la feria, que un julio más ha sido la feria de Paco Ureña.

Publicado en Las Provincias

FERIA DE JULIO DE VALENCIA; Tarde de grandes toros (Algarra) y excelentes toreros (Ureña y Román)

Román (a la izquierda) y Paco Ureña, a hombros por la puerta grande de la plaza de Valencia. KAI FÖRSTERLINGEFE.

Por VICENTE SOBRINO.

Tarde de toros y de toreros. De la verdad del toreo. Cuando no hay trampa ni cartón surge la emoción. Y un derroche de momentos emotivos dio la tarde, que acabó con los dos toreros a hombros, el mayoral aclamado, y el recuerdo de una corrida de Algarra con mucho que torear, pero también muy agradecida cuando las cosas, como en este caso, se hicieron con la verdad por delante.

De los seis toros de Algarra, de formidable presencia, hubo tres de nota alta: tercero, quinto y sexto. Con sus matices, con sus diferencias, pero que puntuaron con notable muy alto. De esos tres, el quinto, un precioso castaño, “Malospelos” de nombre, fue la rúbrica. Tomó dos varas, la primera al relance y la segunda, ya bien colocado, arrancándose con todas sus fuerzas desde lejos. Ureña comenzó con mucha torería, con el remate a ese inicio de faena con una trincherilla de reacción inmediata del tendido. A partir de entonces, sin que el toro acabara de humillar y una cierta embestida a golpes, Ureña le consintió, le fue corrigiendo ese defectillo, sorteó una colada y acabó dominador cuando la muleta se fue a la mano izquierda. Obligó Ureña y, ya para siempre, el toro se rindió a tanto poderío. La mano siempre muy baja, sometido el toro, con el resultado de un manojo de naturales de monumental ejecución. Serio y brillante Ureña; serio y haciéndose respetar el toro, que fue el complemento ideal. La estocada, sin puntilla, dejó servido el toro a las mulillas, que lo pasearon por el ruedo en homenaje póstumo.

Ya en primer turno, Ureña había logrado cortar una oreja. Toro distraído y abanto de salida, con el que el murciano tampoco se anduvo con dudas. Muy expresivo en el toreo al natural y consentidor para que el de Algarra no desentonara. A pies juntos remató Ureña una faena muy centrada y de planta quieta. Con el tercero, toro de mucho motor, bravo de verdad en la muleta, de embestida humillada pero de fuerzas justas, Ureña se acopló por donde el bravo toro pedía. Faena muy ajustada, de gran motivación, con un final brillante a pies juntos en los naturales que remataron una emotiva labor. La estocada, de gran ejecución, cayó un pelo desprendida y a pesar de la unánime petición, el palco desoyó al personal y se llevó una gran pitada.

Román, siempre motivado por el eco que Ureña dejaba en cada uno de sus turnos, no anduvo a la zaga. Al segundo lo saludó con la muleta con doblones muy toreros a una mano, la izquierda. Fue toro que pareció perder fuerzas tras el primer tercio, pero recuperó resuello en la muleta y embistió sin condiciones aunque algo vencido por el lado izquierdo. Román combinó momentos de ajuste con otros en los que el toro le pisaba el terreno. De ahí que llegara una voltereta sin consecuencias. Valiente y responsable, el valenciano acabó por manoletinas de frente de llamativa imagen.

En el cuarto brillaron especialmente los banderilleros Raúl Martí y El Sirio, en un tercio muy logrado tanto de ejecución como de colocación. Este fue el toro menos agradecido del envío, pues le costó tomar la muleta a pesar de la insistencia de Román. La faena fue de un valiente torero, que no logró acople total con el toro. Mérito tuvo la estocada, ejecutada en el mismo platillo.

Con la puerta grande abierta de par en par para Ureña, Román puso por delante el amor propio. Se fue a porta-gayola, aunque el trance se frustrara y se viera obligado a echar cuerpo a tierra ante la desbocada salida del toro. Pero aprovechó la inercia del toro para dar dos faroles de rodillas al hilo de las tablas. La faena fue, sobre todas las cosas, vibrante, por lo que dio el toro y por lo que dio el torero. A estas alturas lo que importaba era la respuesta del torero ante toro crecido y muy pujante. La fuerza de la pasión llevó a Román a cumplir una faena en la que asumió todos los riesgos ante la encastada embestida del astado. De muy cerca o a media distancia, Román no escatimó esfuerzos. Toro exigente, se suele llamar ahora, el que cerró la corrida, con el que Román, picado en su amor propio y orgullo, se jugó la voltereta. Tras un pinchazo, el único en toda la tarde, agarró una buena estocada. Y premio. La vuelta, acompañado del mayoral de Algarra, fue de clamor. Como también lo fue la salida por la puerta grande de los dos toreros.

Gran corrida en conjunto de Algarra, cumplidora en varas, crecida en la muleta y exigiendo decisión y seguridad en el último tercio.

ALGARRA / UREÑA, ROMÁN

Toros de Luis Algarra, de formidable presencia, muy bien armados, serios de juego, destacaron sobre todos tercero, quinto y sexto. Al quinto se le dio la vuelta al ruedo.

Paco Ureña: estocada perdiendo la muleta (oreja); estocada (vuelta con gran petición); estocada perdiendo la muleta (dos orejas).

Román: estocada (oreja); estocada (palmas); pinchazo y estocada (oreja).

Los dos toreros salieron a hombros.

Plaza de Valencia, 28 de julio. 3ª de Feria. Media entrada.

Publicado en El País

Feria de Julio de Valencia: Rafaelillo herido de gravedad y un Cuadri de banderillas negras

Por Carlos Ilián.

Un corridón de Cuadri por fuera y una mansada de Cuadri por dentro. Este sería un resumen literal de la corrida que yare envió el ganadero de Huelva.

Toros muy serios pero absolutamente desfondados, con el agravante para el caballeroso Fernando Cuadri de que el sexto, un manso de libro, fue condenado a banderillas negras. Un castigo que fue un revulsivo para el toro que se vino arriba e hizo esa pelea tan característica de los mensos exigiendo con arreones un plus de valor a quien estaba delante.

El trago era para Varea que sin embargo dio la cara en una pelea de pitón a pitón primero y después pasándose por la faja las embestidas alevosas del toro de Cuadri. Fue un alarde de coraje y de entrega del torero castellonense que donde no podía haber lujos se fue por el camino de la pelea a cara de perro. De los muletazos de pitón a pitón para hacerse fuerte ante el toro a los derechazos de enorme mérito, todo hay que apu ntarlo en el haber de Varea.

Pero la tarde tuvo el otro momento de angustia cuando el cuarto toro, un Cuadri de los de antes, encastado y bravo que salvó al menos el honor de la ganadería, hirió en el gemelo de la pierna derecha a Rafaelillo. El torero murciano quiso corresponder con naturales de gusto ante la casta del cuadri, pero nunca encontró el camino recto de la faena y en una vacilación el toro no se lo perdonó hiriéndole de gravedad. Cornada de 20 centímetros que exigió la cirugía en la plaza. Su primer toro era de un regalito de aviesas intenciones, apuntando directamente a las femorales de Rafaelillo que se lo quitó de encima con habilidad.

Pepe Moral corrió la mano en su primer toro corrió la mano con temple hasta que el toro se lo permitió, antes del animal desfondarse. El quinto fue imposible, manso y sin una embestida decente.

El cartel de hoy

Toros de Luis Algarra para Paco Ureña y Román, mano a mano

Plaza de Valencia. Primera corrida de toros. Media entrada.

Toros de Cuadri (3), muy serios de presencia pero desfon dados, excepto el cuarto, encastado. El 6º fue condenado a banderillas negras.

Rafaelillo (5), de obispo y oro. Pinchazo y estocada caída (silencio). Fue cogido por el 4º toro y pasó a la enfermería.

Pepe Moral (5), de tabaco y oro. tres pinchazos y estocada (silencio). Pinchazo, estocada, pinchazo hondo y cinco descabellos. Un aviso (silencio). En el que mató por Rafaelillo. estocada (silencio).

Varea (6), de verde botella y oro. Pinchazo, media estocada contraria y seis descabellos (silencio). Pinchazo y estocada caída (vuelta).

Publicado en Marca

Oreja para Jesús E. Colombo en el cierre de la Feria de Fallas

Manoletina de Jesús E. Colombo en un ruedo embarrado. TESEO.

  • Oreja generosa para Jesús E. Colombo en el cierre de la Feria de Fallas
  • Caprichosa vuelta al ruedo a un dulce y bobalicón ejemplar de Victoriano del Río.

Por Vicente Sobrino.

Al cuarto toro de la tarde le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre y todavía hay quien se pregunta por los méritos contraídos por el astado. Hasta cuatro veces lo llevaron al caballo, pero no por una incontestable bravura, sino porque las veces que fue lo hizo mal colocado o al relance, es decir, de cualquier manera. Un toro fácil. Dulce golosina, que fue y vino por donde su matador Ferrera le indicaba. De embestida con la cara alta, para quedarse muy corto al final de una faena de Ferrera larga, de caprichosa lírica, pero de escasa consistencia. La naturalidad de Ferrera ante toro tan bobalicón y la música, que se arrancó por el “Concha flamenca” con el beneplácito de un público resguardado en sus paraguas, hizo el resto. O, quizás, más que el resto. Tuvo detalles esa faena, pero más superficial que profunda. Hacia el final de tan largo trabajo, el toro ya solo admitía medios pases. Se le fue la noción del tiempo a Ferrera, que escuchó dos avisos y se salvó de un tercero por escasos segundos. Se ordenó la vuelta al ruedo en el arrastre al toro, pero tan sorpresiva fue la decisión que los mulilleros no hicieron caso y se llevaron al toro al desolladero. Tuvieron que volver a sacar al toro para rendirle honores póstumos.

Con el primero de la tarde apenas hubo caso. De fuerzas muy justas, sirvió para que Ferrera anduviera fácil y ortodoxo. Sacó cierto ímpetu el toro por el pitón derecho, mientras que por el otro dio a entender que no quería confianzas. No se complicó Ferrera que, breve, optó por un muleteo de compromiso y sobrio.

Lo mejor de Ginés Marín fueron las verónicas de recibo al segundo de la tarde: ganando terreno y llevando muy toreado el toro en los vuelos del capote. Se llevó un susto cuando quiso replicar un quite de Colombo y sufrió una voltereta sin consecuencias. Herido en el orgullo íntimo, Marín aún hizo otro quite, por chicuelinas, muy bien acogido por la gente. La faena tuvo frescura pero faltó reposo. Mayor templanza en el toreo al natural ante un toro que acudió a la muleta sin aire distinguido, sin clase. Labor larga, en general con ciertas prisas.

Colombo sustituyó al convaleciente Román. En los prolegómenos se le entregó una plaza conmemorativa al torero valenciano Ricardo de Fabra, con motivo del L Aniversario de su alternativa. Llovió durante todo el festejo.

Con la lluvia en plena descarga, lidió Marín al quinto. Sin humillar este quinto, en medio de un barrizal, Marín le cogió el aire a un toro que no rifó su embestida. El mérito de la faena fue aguantar condiciones tan adversas y no cejar en el empeño de pasarse a un toro sin entrega. Entre la lluvia y el escaso juego del toro, luchó Marín con voluntad.

Colombo cortó una oreja al tercero, último trofeo de la feria y que tuvo impronta de liquidación por cierre. Este tercero, el de menos presencia de la tarde, fue, sin embargo, un toro muy potable para la muleta. Un eléctrico tercio de banderillas, con voltereta incluida en el tercer par interpretado al violín, dio paso a un emocionante cambiado por la espalda para abrir faena. La voluntad, con bulla incluida, fue la nota de una faena más de querer que de poder. No pareció en este toro estar Colombo para compromisos de envergadura; faltó colocación unas veces y luces en otras. Mató con brevedad y la gente le pidió la oreja. Generosidad se llama eso.

El sexto lo lidió Colombo con el ruedo hecho un verdadero barrizal. Manseó este último toro de las Fallas, que buscó incesante las tablas, y Colombo, meritorio por las condiciones de la arena, derrochó otra vez voluntad. Bullidor, con mucha actitud, pero una faena que se deslizó con poco sentido.

DEL RÍO / FERRERA, MARÍN, COLOMBO

Toros de Victoriano del Río, de escaso trapío los tres primeros y más aparentes los demás. Nobles y con las fuerzas justas. Al cuarto, por sorpresa, se le dio la vuelta al ruedo.

Antonio Ferrera: estocada delantera (silencio); _aviso_ pinchazo, estocada _2º aviso_ y cinco descabellos (vuelta al ruedo).

Ginés Marín: dos pinchazos, tres descabellos _aviso_ y otro más (saludos); pinchazo hondo y descabello (saludos).

Jesús Enrique Colombo: estocada pasada perdiendo la muleta (oreja); estocada _aviso_ (vuelta al ruedo).

Plaza de Valencia, 19 de marzo. 10ª y última de Fallas. Media entrada.

Galán y Vicens, a hombros en la matinal de rejoneo

Sergio Galán, que cortó una oreja del segundo y las dos del quinto, y Lea Vicens, que también obtuvo un doble trofeo del sexto, salieron a hombros en la matinal de rejoneo. Por su parte, Andy Cartagena cortó un trofeo del primero de una corrida de Fermín Bohórquez a la que no le sobraron las fuerzas. La plaza registró una excelente entrada.

Feria de Fallas: José Garrido corta una oreja y salva sobre la campana una tarde de sopor

José Garrido torea al natural. TESEO.

Por Vicente Sobrino.

La corrida de Fuente Ymbro, tras un gran baile de corrales y cambio de toros, fue muy dispar de presencia y hechuras. Desde la mole del primero, a tres kilos de los 600, hasta el torillo que cerró la función y que fue, a la postre, el que salvó una tarde anclada en el más absoluto de los aburrimientos. Este toro que bajó el telón a festejo tan plúmbeo, animó el cotarro. No es que fuera como para echar cohetes en plenas Fallas, pero tuvo viveza, motor y un pitón izquierdo de juego notable. Ante él, un decidido Garrido. También acelerado, por momentos. La tarde se escapaba sin historia y el último cartucho había que aprovecharlo como fuera. Y aprovechado fue.

La primera parte de este último capítulo tuvo tintes populistas. Prisas por hacer de todo, aunque no todo entraba en lo válido. Por el lado derecho el de Fuente Ymbro tomaba la muleta con la cara alta, a su propio capricho. Garrido, un volcán de decisión, se lo pasó despegado, pero encontró el bullicio del tendido. Los muletazos salían de fabrica sin pasar ningún tamiz: unos sin rumbo, otros al aire que embestía el toro y, de vez en cuando, marcaba alguno mejor ajustado. Mas la gente, cansada de los cinco capítulos anteriores, no le regateó nada a Garrido. Se puso de su parte, pasara lo que pasara. Cuando Garrido destapó el pitón izquierdo del toro, faena tan popular cambió a lo clásico. Por ese lado llegaron los mejores momentos. Con el toro entregado en su viaje y el torero más abrochado en el embroque, se desgranaron algunos naturales que tuvieron son y sentido. Labor muy larga; dos faenas en una, y un aviso que sonó antes de perfilarse para matar. Sin noción del tiempo y una mezcla entre el populismo y lo clásico en labor de exceso metraje. Garrido agarró una excelente estocada y se llevó un premio que, con todo, no admite discusión. La tarde, en parte, estaba a salvo.

El resto de la corrida fue un espectáculo soporífero. A la mole que abrió la corrida, noblón y con las fuerzas al límite, un sobrado Bautista montó una labor larga y carente de interés. En el cuarto, ofensivo, de finas puntas y protestón, casi más de lo anterior. Distanciado en el encuentro y con poca confianza y compromiso.

Los dos toros de Daniel Luque dieron el mismo peso -533 kilos ambos- sin ser dos gotas de agua. El segundo no tuvo entrega, aunque tampoco renunció a tomar el engaño. Luque no terminó de cogerle el ritmo, se vio obligado a rectificar muchas veces e incluso también quedó sorprendido en alguna ocasión. La faena apuntó en momentos, pero quedó en eso y nada más que eso. El quinto siempre campó a sus anchas por la plaza, corretón en banderillas, al paso y forzado al tomar la muleta. Luque, sin despeinarse, le anduvo fácil, pero sin convocar el interés de la gente.

El tercero de la tarde, primero de Garrido, tuvo un pitón derecho potable y cierto motor hasta que desveló que de fuerzas tampoco era un portento. Garrido intentó aprovechar el lado bueno del toro, pero todo salía demasiado ligero. Mucha bulla y poco reposo. Protestón por el lado izquierdo, el de Fuente Ymbro no terminó de pasar y la faena quedó vista para sentencia sin mayores cotas.

FUENTE YMBRO / BAUTISTA, LUQUE, GARRIDO

Toros de Fuente Ymbro, de gran desigualdad de presentación y juego. El sexto, el de menos trapío de todos, mostró un muy buen pitón izquierdo. Discretos y cumplidores en varas y con las fuerzas justas.

Juan Bautista: pinchazo, más de media _aviso_ y descabello (silencio); dos pinchazos y media (silencio).

Daniel Luque: estocada muy trasera (saludos); pinchazo y estocada (silencio).

José Garrido: pinchazo _aviso_ y estocada (silencio); estocada (oreja).

Plaza de Valencia, 15 de marzo. 5ª de Fallas. Media entrada.

Fallas 2018: Gran corrida de toros de Alcurrucén y solo un trofeo

‘Economista’, un toro de bandera al que David Mora cortó una oreja. TESEO.

Por VICENTE SOBRINO.

Gran corrida de Alcurrucén; de cinco toros, dos de nota sobresaliente: el primero y, sobre todo, el cuarto; el segundo, de notable alto; y otros dos, tercero y sexto, que sin llegar a tan alto nivel, se ofrecieron y tuvieron su momento. El que cerró la función, precioso castaño albardado, aplaudido de salida, fue de más a menos hasta acabar apagado. Corrida con envoltorio y contenido. Seria, sin estridencias, armónica de hechuras, bien hecha. Todo con el lujo añadido de su gran juego en conjunto. El único pero, menor en este caso, fue la justeza de sus fuerzas. Aún así, el cuarto, que merece capitulo aparte, se empleó en varas con un empuje elegante y clase en el caballo. El resto cumplió en varas, sin más.

Ese cuarto toro, castaño claro de capa y fosco de cara, tuvo virtudes a pares y nones: transmisión, clase, poder de convocatoria. Transmisión al coger el engaño con ganas, impetuoso, calidad en su vuelo y viaje. En todo, el aire distinguido de los toros de sabor especial. Toro de bandera. Duró tanto como quiso un David Mora que lo puso todo en juego. Le bajó la mano, se tomó la confianza que le regaló el toro, aunque a la faena, ligerita a veces, le faltó ese punto definitivo para hablarle de tú a tú a tan gentil astado. Lo mejor de Mora, tanto en este como en el primero, se vio con el capote. Al gran cuarto, recibido con larga cambiada de rodillas, lo toreó con primor a la verónica, con la rúbrica de una media con los vuelos del capote barriendo la arena. Hubo más en ese cuarto: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero, reconocidos por el público, que le obligó a saludar. Tan gran toro, ese cuarto, pasó desapercibido para el palco que olvidó el pañuelo azul y solo se fijó en el blanco.

Si aquel cuarto toro fue el de la tarde —quizás el de la Feria— el que abrió plaza, a pesar de sus justas fuerzas, fue de gran calidad y fijeza. Toro que fue a más, que recuperó resuello a medida que la lidia avanzaba, y con el que Mora no terminó de acoplarse por el lado derecho, mientras que por el izquierdo hubo más seguridad. Dos series por este pitón, fue lo más redondo de un conjunto al que faltó una mayor confianza. Digamos que resultó una faena correcta, sin más. También hubo capote de lujo en Mora, que saludó al toro de salida con verónicas ganando terreno y el remate de media en el platillo. Dos toros con cuatro orejas; se llevaron tres al desolladero.

El segundo de la tarde, que fue al caballo con la cara alta y esperó algo en banderillas, rompió en toro de gran interés en la muleta. Impetuoso, con chispa, motor, de barrer con el hocico la arena y siempre emocionante. Un poco de embestir en ráfagas, si acaso, pero ráfagas de arrancadas retadoras. Lorenzo montó una faena seria, muy compuesta, de torero convencido. Pero le faltó también dar un paso definitivo. Tuvo seriedad, hubo muletazos buenos de verdad, más sueltos que ligados, mas le faltó la continuidad que pedía el toro. El quinto, remiendo de El Ventorrillo, rompió la armonía de la corrida. Con un trapío de menor alcance, fue a su aire distraído en los dos primeros tercios. Se frenó algo en la muleta y, sin tener clase, sí tuvo su partido. Lorenzo se reafirmó en su seguridad, al natural alcanzó cierto nivel, aunque la faena no acabara tampoco de prosperar.

Adame no terminó de ponerse de acuerdo con el tercero. El toro mansito del envío de Alcurrucén, que tras banderillas quiso atrincherarse en toriles. Adame anduvo animoso y valentón. Quiso imponer su lenguaje a un toro que entendía la lidia de otra manera y llegaron desacoples, y dos desarmes que emborronaron una sincera disposición. Toro de viaje más corto, pero muy claro. Las manoletinas finales tuvieron el efecto suficiente para que parte del tendido se le rindiera. El sexto, un precioso castaño albardado, escuchó la ovación de la gente al saltar a la arena. Empujó al caballo haciendo hilo en tablas y tuvo su partido. La faena de Adame tuvo la virtud de ponerle la muleta por pantalla, que el toro no viera otra cosa que la franela. De esta guisa logró los mejores momentos de un trasteo que, poco a poco, perdió vuelo. Las ideas en ese toro se le amontonaron, aunque no el ánimo, que siempre mantuvo por bandera. Una actitud valerosa y un toro que ante tanto trasiego desordenado acabó algo parado.

Impresión final: corrida de triunfo importante, que se marchó con las orejas puestas.

ALCURRUCÉN, VENTORRILLO / MORA, LORENZO, ADAME

Cinco toros de Alcurrucén y uno, el 5º, de El Ventorrillo, serios y bien presentados los titulares, de gran juego, y muy justo el remiendo, sin clase.

David Mora: pinchazo y estocada (saludos); estocada desprendida -aviso- (oreja).

Álvaro Lorenzo: pinchazo y estocada desprendida -aviso- (saludos); estocada trasera y desprendida perdiendo la muleta (palmas).

Luis David Adame: estocada caída (saludos); pinchazo y estocada (palmas).

Plaza de Valencia, 14 de marzo. 4ª de Fallas. Media entrada.

Publicado en El País

Feria de Fallas Orejas para un animoso Juan José Padilla y un muy torero Román

Román, en un lance en su primer toro. Juan Carlos Cárdenas EFE.

Por V. Sobrino.

La primera oreja de la Feria, ganada a ley, fue para Román. Román es la estrella de estas Fallas, el único torero que dobla actuación, y empezó por justificar el privilegio. Román entendió muy bien a su primer ‘jandilla’, buen toro que tomó la muleta sin plantear condiciones, al que no dudó un solo instante, y le plantó cara y partido sin concesiones. Muy quieto de planta; zapatillas hundidas en la arena, y buen aire en cada muletazo. Muy asentado siempre. Faena, además, con vocación clara de ligar. O sea, no perder pasos ni tiempos entre muletazo y muletazo. No hubo desequilibrio entre una mano y otra, por ambos pitones trató de igual manera al toro, y el final tuvo las luces de un toreo que puso incluso imaginación en los cambios de mano que cerraron obra tan seria. Una faena de torero valiente, capaz y de buen toreo. Salió cogido al entrar a matar, quedó a merced del toro que lo tuvo entre los pitones con el resultado de una cornada en la axila. El percance le impidió matar el sexto. Está anunciado una segunda tarde, el día de San José, pero los doctores pronostican un mes para su recuperación.

Se despidió Padilla de Valencia, le obligaron a saludar tras el paseíllo, y sintió de cerca el cariño de la gente. Mató tres toros por la cogida de Román. Ninguno de los dos toros de su lote rindió pleitesía al torero. No plantearon serias dificultades, pero fueron toros de escaso gas. Sin luces; apagados. El primero, muy remiso al tomar la muleta, le permitió a Padilla, al menos, meterse mucho con él. A la voz, de cerca, de ataque frontal ante enemigo que no quería guerra. Hubo una serie corta con la izquierda por donde Padilla pudo templar, pero muy poca cosa más. Incluso un desarme sufrió, ya cuando el toro había entregado su suerte. El cuarto fue más parado aún, y con menos fuerzas también. Padilla quiso poner el ambiente a su favor, al iniciar la faena de rodillas en toreo por redondo sobre la derecha. Fue lo único que le dejó hacer el de Jandilla. Lo que vino después fueron pruebas dentro de una actitud encomiable del espada, pero sin salirse de un guión anodino. En banderillas cumplió Padilla en dos tercios muy similares, de buena ejecución. Mató Padilla el sexto en sustitución de Román y anduvo animoso, con voluntad, ante otro toro que mantuvo un aire defensivo y sin entrega. Los rodillazos, el toreo de galería, tuvieron eco en el tendido. La faena tuvo cierto ruido, pero careció de nueces. De actitud, admirable; de vulgaridad, también. La brevedad con la espada y con la gente muy a su favor, dieron pie al trofeo que se llevó como recuerdo de su última tarde valenciana.

Tampoco El Fandi añadió a su currículo nada positivo en esta primera tarde fallera. Su primero, con poca fuerza, se volvió brusco y defensivo en la muleta. La faena fue plana, sin interés. El quinto no humilló, ni tomó la muleta a gusto. Fandi tampoco encontró la brújula por dónde sacar partido. Sufrió un desarme, incluso, con palotazo en la mano, y ahí acabó la historia. Solo en banderillas dejó buen recuerdo para la gente: siete pares, tres al segundo y cuatro al quinto. Un derroche de facultades, pero como norma clavó a cabeza pasada.

La corrida de Jandilla no fue ni mala ni buena. El de más partido fue el tercero, el resto no tuvo clase, acusó falta de casta y también el exceso de castigo recibido en varas. No se comió a nadie, pero tampoco fue un banquete apetecible para los lidiadores.

JANDILLA / PADILLA, FANDI, ROMÁN

Toros de Jandilla, correctos de presentación; descastados, con las fuerzas justas, pero sin plantear grandes problemas.

Juan José Padilla: estocada pasada (saludos); más de media y dos descabellos (silencio); en el que mató por Román, estocada pasada a toro arrancado (oreja).

El Fandi: pinchazo hondo que basta (silencio); estocada perdiendo muleta (silencio).

Román: más de media pasada _aviso_ (oreja). Fue cogido al entrar a matar.

Plaza de Valencia, 11 de marzo. 1ª de Fallas. Casi tres cuartos. Se guardó un minuto de silencio en memoria del torero cómico Arévalo y el niño Gabriel.

Román fue asistido en la enfermería de una cornada en la zona axilopectoral izquierda de 20 centímetros, que secciona todo el músculo pectoral mayor, que le impidió lidiar el sexto.

Castellón: puerta grande para Ponce y Roca Rey

Los diestros Enrique Ponce y Roca Rey salieron por la puerta grande en la última jornada de la feria taurina de la Magdalena tras cortar tres orejas cada uno en una tarde en la que José María Manzanares recibió una, informa Efe.

El viento marcó el inicio de la tarde, especialmente la primera faena de Ponce, quien fue haciéndose con el astado de la ganadería Juan Pedro Domecq, al que consiguió arrancar una oreja.

Mejor suerte tuvo con el cuarto de la tarde al que cortó las dos orejas con una combinación de ganas de salir por la puerta grande, del entusiasmo de la audiencia y de una tanda de doblones al final de la faena que puso al público de pie, más un remate limpio y a fondo.

José María Manzanares, que hacía doblete en la feria, aunque sin mucha fortuna, cortó una oreja con el quinto de la tarde con unos buenos cambios de mano al final de la faena y una buena estocada final.

El diestro peruano Roca Rey, en su segunda corrida en España -y su segunda puerta grande-, paseó una oreja con el tercer toro y dos con el sexto, el mejor astado de la tarde.

Publicado en El País