Archivo de la categoría: Fallas 2018

Fallas 2018: Un gran toro, un gran Ferrera y un pobre San José

El debutante Colombo corta una oreja y Ginés Marín hace el toreo muy de verdad.

Por Carlos Ilián.

Plaza de Valencia. Décima y última corrida. Un cuarto de entrada. Toros de VICTORIANO DEL RÍO/CORTÉS (5), con más movilidad que casta, de más a menos en la muleta, excepto el cuarto, muy bravo, al que se le dio la vuelta al ruedo. ANTONIO FERRERA (7), de turquesa y oro. Estocada delantera y caída (silencio). Pinchazo, estocada corta y seis descabellos. Dos avisos (vuelta). GINÉS MARÍN (6), de gris perla y oro. Pinchazo hondo y cinco descabellos. Un aviso (saludos). Pinchazo hondo y descabello (silencio). JESÚS ENRIQUE COLOMBO (6), de blanco y oro. Estocada contraria (una oreja). Estocada caída. Un aviso.

Históricamente la de ayer es la peor entrada en la plaza de Valencia un día de San José, el día grande de las Fallas. Y es que San José ya no es ni sombra de lo que fue. Los tiempos y las costumbres cambian y lo que hace apenas unos pocos años se consideraba la fecha sagrada, reservada para las figuras, las cuales se peleaban por estar anunciados ese día, ha pasado a ser un día para la clase media del toreo.

Para colmo ayer hubo sustitución por la cogida de Román el domingo día 11. Este torero, valenciano, lleva muchos paisanos a la plaza por su ascenso en el escalafón. Lo cierto es que el aspecto de los tendidos era desolador. Y con el diliuvio que cayó a patrtir de las seis de la tarde el ruedo se convirtió en un fangal. Sobre ese piso Antonio Ferrera ha cuajado la faena de más verdad de estas Fallas, la del toreo sobre ambos manos más puro, más ortodoxo, rematando los templadísimos redondos y naturales con el toro a la cadera y por bajo. Faena preciosa y precisa a un toro importante de Victoriano del Río, que salvó la cara del descastado conjunto de la corrida. La espada dejó a Ferrera sin orejas y sin puerta grande.

Ginés Marín, que sufrió una cogida espeluznante en su primero al intentar un quite, está empeñado en hacer el toreo cargando la suerte, sin las insoportables trampas de tantos de sus compañeros. Su faena al segundo toro la construyó sobre la base de cruzarse y de ligar los muletazos sin meterse en el cuello del toro. En el quinto, que se quedaba cortísimo, salvo la papeleta sobre un barrizal.

Jesús Enrique Colombo debutó como matador de toros en Valencia sustituyendo a Román. Le puso frescura a su toreo ante un lote que no humilló, mató de una gran estocada al tercero y cortó la única oreja de la tarde.

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FERIA DE FALLAS: Enrique Ponce, a hombros, orgullo y pasión; Paco Ureña, herido, un valiente

Enrique Ponce, a hombros en la plaza de Valencia. JUAN CARLOS CÁRDENAS EFE.

Además Alejandro Talavante, apático, y una corrida de Garcigrande de escaso contenido ganadero.

Por VICENTE SOBRINO.

Del blanco al negro; de la ovación a la bronca; de lo bueno a lo malo; del éxtasis al tormento; del orgullo a la pasión; del compromiso a la abulia; del éxito a la cornada…una tarde de toros con muchos y variados matices. Polémica, discusión, la alegría o la decepción irá por barrios, según la opinión de cada vecino que a Dios guarde. Pero una tarde, en fin, para no dejar indiferente a nadie. No pasó de indiferente la corrida de Domingo Hernández/Garcigrande, tanto monta, dos collares diferentes pero un mismo toro. O, en este caso, más que un mismo toro, toros dispares, más de presencia que de esencia. Desigualdad absoluta: desde dos cinqueños bien cumplidos, primero y segundo, a cuatro cuatreños justos de todo, sobre todo de trapío. Nada que ver el primero, incluso el segundo, con el resto de una corrida que descubrió virtudes y defectos de los tres espadas.

De la ovación a la bronca más sonora de los últimos tiempos en esta plaza. Fue el colofón al primero de la corrida. Toro engatillado de defensas, hondo, cuajado, de lo más potable de un lote general demasiado justo. Hizo cosas raras al salir y se quedó corto en banderillas. Le dieron en varas en dos entradas más discretas que notables. Sin una entrega total, acabó rendido a la muleta de Ponce. La faena empezó improvisada, cuando Ponce iba a brindar se arrancó el toro y, sobre la marcha, recetó una trincherilla a una mano prólogo de obra grande. Toro de esos a los que hay que ganarle la mano de partida porque si no te la gana él. Consintió Ponce, muy motivado toda la tarde, dominó la situación y se tomó la libertad de torear como quiso y cuanto quiso. En redondo los derechazos salían en racimos, casi siempre con el final de un cambio de mano cosido a los pases de pecho generalmente monumentales. Ajustado sobre ese pitón, al igual en el toreo al natural a un toro que se hacía más de rogar por el pitón izquierdo. Para desengrasar labor tan empastada, molinetes en serie y la poncina final como postre refrescante. La estocada, algo desprendida, y el descabello final dieron paso a una lluvia de pañuelos sobre el tendido. Pero el presidente hizo oídos sordos y negó trofeos. La pita fue histórica y la vuelta al ruedo de Ponce, apoteósica. Dicen las lenguas, no se sabe si malas o buenas, que la negativa presidencial se debía a una especie de vendetta por discusiones habidas el día anterior en los corrales de la plaza entre el propio torero y la autoridad. Dicen…

Con el orgullo herido, Ponce volvió a brindar al público el cuarto. Toro este muy corto de pitones y tipo. La faena volvió a presentar idénticos registros que en el primero. Apabullante superioridad del torero ante toro que, antes de encontrarse con la muleta, no había dicho ni pio ni para bien ni para mal. Otra demostración de Ponce. Labor trabajada, si acaso, un poco más que en el anterior. Macerada poco a poco. Larga. De mucho contenido y pocas concesiones fáciles. Si acaso, ya con toda la mercancía vendida, los molinetes finales con las dos rodillas en tierra y las poncinas elevaron la faena a las alturas con la total pleitesía de la gente. Llegó un aviso antes de entrar a matar y el segundo lo perdonó el usía. Pero esta vez asomaron a la vez dos pañuelos blancos en el palco. Otra vuelta al ruedo de apoteosis. Orgullo y pasión.

Paco Ureña se jugó la cornada en el sexto, el toro más enterado del envío ganadero. La emoción suplió cualquier otra cuestión en este toro. Ureña no acabó de gobernar a un astado que le avisó varias veces que, con él, las bromas no servían. Aguantó el tipo el murciano y las miradas poco amigas del toro. La faena fue un continuo ¡ay! con un Ureña muy metido y concentrado. No hubo muletazos para la historia, pero sí quedó para el recuerdo la entrega de un torero que caló la bayoneta para jugarse la vida sin trampa. Al final pasó lo que se temía: el toro lo enganchó, lo zarandeó y le dio una tremenda paliza. Conmocionado, volvió Ureña a la cara del toro y ese final de festejo se celebró en el tendido por la entrega y sinceridad de un valiente. Mal parado y con signos evidentes de conmoción, recogió el trofeo y se fue por su propio pie a la enfermería. En el tercero, un torillo sin presencia, Ureña no acabó de acoplarse. Protestó el de Garcigrande, se violentó algo por el pitón izquierdo, sorteó algún apuro Ureña, muy comprometido siempre, y las manoletinas finales en serie continuada le dieron cierto espaldarazo a una labor valiente. Faena de cuerpo a cuerpo, que terminó ganada a los puntos por el torero.

Del compromiso –Ponce y Ureña– a la displicencia de un Talavante ausente, desmotivado, apático, abúlico. No quiso complicaciones con el segundo, el otro toro de mejor presencia. Sin confianza ni compromiso. Y ya se sabe, cuando uno no quiere, dos no riñen. Con el quinto, tras la exposición de Ponce, pareció más comprometido. Un espejismo. Se aburrió pronto y echó por la calle de en medio. Talavante llegó a Valencia, se supone que cobró, y se marchó sin dar un palo al agua.

Al finalizar la corrida la empresa notificó que la ausencia de Cayetano, al parecer lesionado, en la corrida de este domingo 18 de marzo, será ocupada por Enrique Ponce.

HERNÁNDEZ, GARCIGRANDE / PONCE, TALAVANTE, UREÑA

Toros de Domingo Hernández, 1º, 2º y 6º, y de Garcigrande, el resto, desiguales de juego y muy justos y dispares de presentación. Cumplieron en varas.

Enrique Ponce: estocada desprendida _aviso_ y descabello (vuelta al ruedo tras fuerte petición); _aviso_ pinchazo y estocada perdiendo muleta (dos orejas).

Alejandro Talavante: pinchazo y estocada (silencio); estocada cañiza y tendida, estocada _aviso_ y dos descabellos (silencio).

Paco Ureña: pinchazo _aviso_ y estocada pasada (saludos); estocada trasera perdiendo muleta (oreja).

Plaza de Valencia, 17 de marzo. Lleno. Paco Ureña fue atendido de un politraumatismo general, pendiente de estudio radiológico. Quedó ingresado en la Clínica La Salud.

Publicado en El País

Fallas 2018: Enrique Ponce por lo dulce, Paco Ureña por la épica

Paco Ureña. Foto Toros Valencia.

Por Carlos Ilián.

Plaza de Valencia. Octava corrida. Lleno. Toros de GARCIGRANDE/HERNÁNDEZ(3), una novillada indecorosa, bajísima de casta. ENRIQUE PONCE (7) de tabaco y oro. Bajonazo. Un aviso (vuelta). Pinchazo y estocada caída. Un aviso (dos orejas). ALEJANDRO TALAVANTE (5), de grana y oro. Pinchazo y bajonazo (silencio). Estocada delantera y caída, estocada atravesada y dos descabellos. Un aviso (silencio). PACO UREÑA (7), de blanco y oro. Pinchazo y estocada desprendida. Un aviso. Estocada (una oreja)

El ganadero de Garcigrande no tendá suficientes velas para encenderlas en agradecimiento a Enrique Ponce y Paco Ureña que son su técnica prodigiosa y su épica, respectivamente, taparon una bochornosa y mansa corrida.

Lo de Ponce ya parece la historia interminable a sus 28 años de alternativa. Ayer hasta se precipitó en ir recibir una ovación al final del paseillo cuando en realidad la ovación era para Paco Ureña por su gesta en la feria de Julio del alño pasado. Sí, parecía el torero que comienza, rabioso por no cortarle las orejas a su primero al que toreó como en un tentadero. El animalito era de dulce y Ponce lo paladeó. El palco negó la oreja por el bajonazo final. Ardió Troya.

En el cuarto se sacó la espina con su técnica de virtuoso y metió en el canasto la embestida morucha del de Garcigrande. Repertorio poncista a tope y esta vez si que cayeron las orejas y la puerta grande.

La otra cara de la moneda, la de Paco Ureña, fue la cara de la épica. Se montó en el morucho tercero y se jugó la vida, con cogida espeluznante en el sexto. A la brava puso un nudo en la garganta de la gente. Su toreo por derecho, sin estilismos, que el toro no permitía, fue un toma y daca para cortar una oreja de auténtica ley.

Talavante se llevó un lote de saldo. No se jugó un alamar y cortó por lo sano.

Publicado en Marca

Fallas 2018: Dos orejas al repertorio de gazpacho de Roca Rey

Figuras, medio toro y festín verbenero

Por Carlos Ilián.

No falla, siempre lo mismo: cartel de figuras y espectáculo ridículo en el que desaparece el toro para dar paso a un remedo. Sí, porque la corrida de Cuvillo ha sido un remedo del toro bravo. Para empezar, de pobrísima presentación, con la salvedad de l sobrero, ¡faltaría más, que dentro de su invalidez al menos aparentaba el trapío necesario en una plaza de primera. Para rematar la corridita elegida para la primera tarde de lujo en estas Fallas ha sido el típico muestrario de babosas, con menos peligro que un pijama de seda.

Ahora bien, dentro de este espanto de corrida nio faltó ese cuvillo embestidor y colaborador cuyo beneficiario resultó ser Roca Rey, cuyo cartel en esta plaza me recuerda al de Chamaco en Barcelona, hace ya los años de maricastaña. El muchacho peruano encaja a la maravilla con este público fallero y de traca. Roca no desperdicia un muletazo y ayer se prodigó con su repertorio sin faltar los rodillazos, las arrucinas, los cambiados, los circulares, y todo en un gazpacho del que al final uno no recuerda un muletazo fundamental, ejecutado con grandeza. Pero eso al público de ayer le sobraba. Estocada delantera y letal y, ¡como no!, dos orejas. Al fina el sexto, por su invalidez, restó briilo a la salida en hombros. La gente estaba iracunda porque ese toro no fue devuelto.

Manzanares cortó una orejita por esa estocada fulminante al segundo toro después de una faena sin fondo y sin briilo. No anda bien José Mari. Y Castella con su lote de babosas nos mareó entre un simulacro de muletazos imitando al redondo y al natural.

Ficha

Plaza de Valencia. Sexta corrida. Lleno. Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO (3), impresentables en general, muy blandos y descastados.

SEBASTIÁN CASTELLA (4), de celeste y oro. Pinchazo y estocada caída (silencio). Estocada (saludos).

JOSÉ MARÍA MANZANARES (5), de cardenal y oro. Estocada (una oreja). Pinchazo y estocada corta (saludos).

ROCA REY (6), de verde hoja y oro. Estocada delantera y desprendida. Un aviso (dos orejas). Pinchazo y estocada (palmas).

El cartel del sábado

Toros de Garcigrande para Enrique Ponce, Alejandro Talavante y Paco Ureña.

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Feria de Fallas: José Garrido corta una oreja y salva sobre la campana una tarde de sopor

José Garrido torea al natural. TESEO.

Por Vicente Sobrino.

La corrida de Fuente Ymbro, tras un gran baile de corrales y cambio de toros, fue muy dispar de presencia y hechuras. Desde la mole del primero, a tres kilos de los 600, hasta el torillo que cerró la función y que fue, a la postre, el que salvó una tarde anclada en el más absoluto de los aburrimientos. Este toro que bajó el telón a festejo tan plúmbeo, animó el cotarro. No es que fuera como para echar cohetes en plenas Fallas, pero tuvo viveza, motor y un pitón izquierdo de juego notable. Ante él, un decidido Garrido. También acelerado, por momentos. La tarde se escapaba sin historia y el último cartucho había que aprovecharlo como fuera. Y aprovechado fue.

La primera parte de este último capítulo tuvo tintes populistas. Prisas por hacer de todo, aunque no todo entraba en lo válido. Por el lado derecho el de Fuente Ymbro tomaba la muleta con la cara alta, a su propio capricho. Garrido, un volcán de decisión, se lo pasó despegado, pero encontró el bullicio del tendido. Los muletazos salían de fabrica sin pasar ningún tamiz: unos sin rumbo, otros al aire que embestía el toro y, de vez en cuando, marcaba alguno mejor ajustado. Mas la gente, cansada de los cinco capítulos anteriores, no le regateó nada a Garrido. Se puso de su parte, pasara lo que pasara. Cuando Garrido destapó el pitón izquierdo del toro, faena tan popular cambió a lo clásico. Por ese lado llegaron los mejores momentos. Con el toro entregado en su viaje y el torero más abrochado en el embroque, se desgranaron algunos naturales que tuvieron son y sentido. Labor muy larga; dos faenas en una, y un aviso que sonó antes de perfilarse para matar. Sin noción del tiempo y una mezcla entre el populismo y lo clásico en labor de exceso metraje. Garrido agarró una excelente estocada y se llevó un premio que, con todo, no admite discusión. La tarde, en parte, estaba a salvo.

El resto de la corrida fue un espectáculo soporífero. A la mole que abrió la corrida, noblón y con las fuerzas al límite, un sobrado Bautista montó una labor larga y carente de interés. En el cuarto, ofensivo, de finas puntas y protestón, casi más de lo anterior. Distanciado en el encuentro y con poca confianza y compromiso.

Los dos toros de Daniel Luque dieron el mismo peso -533 kilos ambos- sin ser dos gotas de agua. El segundo no tuvo entrega, aunque tampoco renunció a tomar el engaño. Luque no terminó de cogerle el ritmo, se vio obligado a rectificar muchas veces e incluso también quedó sorprendido en alguna ocasión. La faena apuntó en momentos, pero quedó en eso y nada más que eso. El quinto siempre campó a sus anchas por la plaza, corretón en banderillas, al paso y forzado al tomar la muleta. Luque, sin despeinarse, le anduvo fácil, pero sin convocar el interés de la gente.

El tercero de la tarde, primero de Garrido, tuvo un pitón derecho potable y cierto motor hasta que desveló que de fuerzas tampoco era un portento. Garrido intentó aprovechar el lado bueno del toro, pero todo salía demasiado ligero. Mucha bulla y poco reposo. Protestón por el lado izquierdo, el de Fuente Ymbro no terminó de pasar y la faena quedó vista para sentencia sin mayores cotas.

FUENTE YMBRO / BAUTISTA, LUQUE, GARRIDO

Toros de Fuente Ymbro, de gran desigualdad de presentación y juego. El sexto, el de menos trapío de todos, mostró un muy buen pitón izquierdo. Discretos y cumplidores en varas y con las fuerzas justas.

Juan Bautista: pinchazo, más de media _aviso_ y descabello (silencio); dos pinchazos y media (silencio).

Daniel Luque: estocada muy trasera (saludos); pinchazo y estocada (silencio).

José Garrido: pinchazo _aviso_ y estocada (silencio); estocada (oreja).

Plaza de Valencia, 15 de marzo. 5ª de Fallas. Media entrada.

Fallas 2018: Gran corrida de toros de Alcurrucén y solo un trofeo

‘Economista’, un toro de bandera al que David Mora cortó una oreja. TESEO.

Por VICENTE SOBRINO.

Gran corrida de Alcurrucén; de cinco toros, dos de nota sobresaliente: el primero y, sobre todo, el cuarto; el segundo, de notable alto; y otros dos, tercero y sexto, que sin llegar a tan alto nivel, se ofrecieron y tuvieron su momento. El que cerró la función, precioso castaño albardado, aplaudido de salida, fue de más a menos hasta acabar apagado. Corrida con envoltorio y contenido. Seria, sin estridencias, armónica de hechuras, bien hecha. Todo con el lujo añadido de su gran juego en conjunto. El único pero, menor en este caso, fue la justeza de sus fuerzas. Aún así, el cuarto, que merece capitulo aparte, se empleó en varas con un empuje elegante y clase en el caballo. El resto cumplió en varas, sin más.

Ese cuarto toro, castaño claro de capa y fosco de cara, tuvo virtudes a pares y nones: transmisión, clase, poder de convocatoria. Transmisión al coger el engaño con ganas, impetuoso, calidad en su vuelo y viaje. En todo, el aire distinguido de los toros de sabor especial. Toro de bandera. Duró tanto como quiso un David Mora que lo puso todo en juego. Le bajó la mano, se tomó la confianza que le regaló el toro, aunque a la faena, ligerita a veces, le faltó ese punto definitivo para hablarle de tú a tú a tan gentil astado. Lo mejor de Mora, tanto en este como en el primero, se vio con el capote. Al gran cuarto, recibido con larga cambiada de rodillas, lo toreó con primor a la verónica, con la rúbrica de una media con los vuelos del capote barriendo la arena. Hubo más en ese cuarto: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero, reconocidos por el público, que le obligó a saludar. Tan gran toro, ese cuarto, pasó desapercibido para el palco que olvidó el pañuelo azul y solo se fijó en el blanco.

Si aquel cuarto toro fue el de la tarde —quizás el de la Feria— el que abrió plaza, a pesar de sus justas fuerzas, fue de gran calidad y fijeza. Toro que fue a más, que recuperó resuello a medida que la lidia avanzaba, y con el que Mora no terminó de acoplarse por el lado derecho, mientras que por el izquierdo hubo más seguridad. Dos series por este pitón, fue lo más redondo de un conjunto al que faltó una mayor confianza. Digamos que resultó una faena correcta, sin más. También hubo capote de lujo en Mora, que saludó al toro de salida con verónicas ganando terreno y el remate de media en el platillo. Dos toros con cuatro orejas; se llevaron tres al desolladero.

El segundo de la tarde, que fue al caballo con la cara alta y esperó algo en banderillas, rompió en toro de gran interés en la muleta. Impetuoso, con chispa, motor, de barrer con el hocico la arena y siempre emocionante. Un poco de embestir en ráfagas, si acaso, pero ráfagas de arrancadas retadoras. Lorenzo montó una faena seria, muy compuesta, de torero convencido. Pero le faltó también dar un paso definitivo. Tuvo seriedad, hubo muletazos buenos de verdad, más sueltos que ligados, mas le faltó la continuidad que pedía el toro. El quinto, remiendo de El Ventorrillo, rompió la armonía de la corrida. Con un trapío de menor alcance, fue a su aire distraído en los dos primeros tercios. Se frenó algo en la muleta y, sin tener clase, sí tuvo su partido. Lorenzo se reafirmó en su seguridad, al natural alcanzó cierto nivel, aunque la faena no acabara tampoco de prosperar.

Adame no terminó de ponerse de acuerdo con el tercero. El toro mansito del envío de Alcurrucén, que tras banderillas quiso atrincherarse en toriles. Adame anduvo animoso y valentón. Quiso imponer su lenguaje a un toro que entendía la lidia de otra manera y llegaron desacoples, y dos desarmes que emborronaron una sincera disposición. Toro de viaje más corto, pero muy claro. Las manoletinas finales tuvieron el efecto suficiente para que parte del tendido se le rindiera. El sexto, un precioso castaño albardado, escuchó la ovación de la gente al saltar a la arena. Empujó al caballo haciendo hilo en tablas y tuvo su partido. La faena de Adame tuvo la virtud de ponerle la muleta por pantalla, que el toro no viera otra cosa que la franela. De esta guisa logró los mejores momentos de un trasteo que, poco a poco, perdió vuelo. Las ideas en ese toro se le amontonaron, aunque no el ánimo, que siempre mantuvo por bandera. Una actitud valerosa y un toro que ante tanto trasiego desordenado acabó algo parado.

Impresión final: corrida de triunfo importante, que se marchó con las orejas puestas.

ALCURRUCÉN, VENTORRILLO / MORA, LORENZO, ADAME

Cinco toros de Alcurrucén y uno, el 5º, de El Ventorrillo, serios y bien presentados los titulares, de gran juego, y muy justo el remiendo, sin clase.

David Mora: pinchazo y estocada (saludos); estocada desprendida -aviso- (oreja).

Álvaro Lorenzo: pinchazo y estocada desprendida -aviso- (saludos); estocada trasera y desprendida perdiendo la muleta (palmas).

Luis David Adame: estocada caída (saludos); pinchazo y estocada (palmas).

Plaza de Valencia, 14 de marzo. 4ª de Fallas. Media entrada.

Publicado en El País

Fallas 2018: Jesús Chover, primera puerta grande

Por J. L. BENLLOCH.

Dos nombres valencianos dominaban el ambiente taurino de ayer, Román y Chover. El primero, recuperándose a marchas forzadas de la cornada en el pecho, veinte centímetros y el pectoral mayor partido, pidiendo ya a gritos reaparecer el día 19, sin que los doctores le vayan a autorizar. «Eso sería una locura. Las cornadas hay que curarlas y no caben las precipitaciones a riesgo de graves consecuencias», aseguraba ayer el doctor Carbonell, que le visitaba en medio de una locura de amigos y aficionados que pugnaban en la Casa de la Salud por estar junto al torero, que no tiene fiebre pero sí buen apetito. Cosas de la juventud.

El segundo, Jesús Chover, feliz protagonista en la novillada de ayer, abrió la puerta grande, la primera de la feria. El de Benimámet cuajó dos faenas plenas de tensión. Lo suyo fue una búsqueda constante del triunfo, en todos los tercios, en todo momento, desde que se fue a porta gayola hasta que despachó a los pupilos de Fernando Peña de eficaces estocadas. Le pudieron dar la oreja de su primero, buen novillo al que toreó de capa con variedad y desparpajo, para ponerlo en suerte y para sacarlo de la suerte.

Todo seguido lo banderilleó con espectacularidad y lo toreó con aguante y apostura. Lo mató con prontitud y no es fácil entender por qué el presidente le negó la oreja que, además de haberla ganado, o por eso mismo, pedía con insistencia el público.

Con ese rango de exigencia tampoco es fácil de entender que le diese las dos de su segundo, si no recurrimos a la ley de la compensación que tan malas consecuencias trae. En este novillo Chover hizo otro ejercicio de entrega destacando por espectacular su arranque de rodillas, pero sobre todo la excelente interpretación de novillero ambicioso que escenificó sobre la plaza. No fue novillo tan claro pero a esas alturas poco le importaba más allá de su objetivo, triunfar.

La plaza registró un tercio de entrada. La tarde, ventosa en principio, se fue calmando. Los novillos del castellonense Fernando Peña dieron juego sin grandes alardes en ningún sentido. Alejando Gardel y Ángel Téllez pasaron por esta feria de puntillas, con correcta e insuficiente discreción. Los naturales de este último al tercero tuvieron trazo y gusto pero no pudieron cuajar faena.

Publicado en Las Provincias

Feria de Fallas Orejas para un animoso Juan José Padilla y un muy torero Román

Román, en un lance en su primer toro. Juan Carlos Cárdenas EFE.

Por V. Sobrino.

La primera oreja de la Feria, ganada a ley, fue para Román. Román es la estrella de estas Fallas, el único torero que dobla actuación, y empezó por justificar el privilegio. Román entendió muy bien a su primer ‘jandilla’, buen toro que tomó la muleta sin plantear condiciones, al que no dudó un solo instante, y le plantó cara y partido sin concesiones. Muy quieto de planta; zapatillas hundidas en la arena, y buen aire en cada muletazo. Muy asentado siempre. Faena, además, con vocación clara de ligar. O sea, no perder pasos ni tiempos entre muletazo y muletazo. No hubo desequilibrio entre una mano y otra, por ambos pitones trató de igual manera al toro, y el final tuvo las luces de un toreo que puso incluso imaginación en los cambios de mano que cerraron obra tan seria. Una faena de torero valiente, capaz y de buen toreo. Salió cogido al entrar a matar, quedó a merced del toro que lo tuvo entre los pitones con el resultado de una cornada en la axila. El percance le impidió matar el sexto. Está anunciado una segunda tarde, el día de San José, pero los doctores pronostican un mes para su recuperación.

Se despidió Padilla de Valencia, le obligaron a saludar tras el paseíllo, y sintió de cerca el cariño de la gente. Mató tres toros por la cogida de Román. Ninguno de los dos toros de su lote rindió pleitesía al torero. No plantearon serias dificultades, pero fueron toros de escaso gas. Sin luces; apagados. El primero, muy remiso al tomar la muleta, le permitió a Padilla, al menos, meterse mucho con él. A la voz, de cerca, de ataque frontal ante enemigo que no quería guerra. Hubo una serie corta con la izquierda por donde Padilla pudo templar, pero muy poca cosa más. Incluso un desarme sufrió, ya cuando el toro había entregado su suerte. El cuarto fue más parado aún, y con menos fuerzas también. Padilla quiso poner el ambiente a su favor, al iniciar la faena de rodillas en toreo por redondo sobre la derecha. Fue lo único que le dejó hacer el de Jandilla. Lo que vino después fueron pruebas dentro de una actitud encomiable del espada, pero sin salirse de un guión anodino. En banderillas cumplió Padilla en dos tercios muy similares, de buena ejecución. Mató Padilla el sexto en sustitución de Román y anduvo animoso, con voluntad, ante otro toro que mantuvo un aire defensivo y sin entrega. Los rodillazos, el toreo de galería, tuvieron eco en el tendido. La faena tuvo cierto ruido, pero careció de nueces. De actitud, admirable; de vulgaridad, también. La brevedad con la espada y con la gente muy a su favor, dieron pie al trofeo que se llevó como recuerdo de su última tarde valenciana.

Tampoco El Fandi añadió a su currículo nada positivo en esta primera tarde fallera. Su primero, con poca fuerza, se volvió brusco y defensivo en la muleta. La faena fue plana, sin interés. El quinto no humilló, ni tomó la muleta a gusto. Fandi tampoco encontró la brújula por dónde sacar partido. Sufrió un desarme, incluso, con palotazo en la mano, y ahí acabó la historia. Solo en banderillas dejó buen recuerdo para la gente: siete pares, tres al segundo y cuatro al quinto. Un derroche de facultades, pero como norma clavó a cabeza pasada.

La corrida de Jandilla no fue ni mala ni buena. El de más partido fue el tercero, el resto no tuvo clase, acusó falta de casta y también el exceso de castigo recibido en varas. No se comió a nadie, pero tampoco fue un banquete apetecible para los lidiadores.

JANDILLA / PADILLA, FANDI, ROMÁN

Toros de Jandilla, correctos de presentación; descastados, con las fuerzas justas, pero sin plantear grandes problemas.

Juan José Padilla: estocada pasada (saludos); más de media y dos descabellos (silencio); en el que mató por Román, estocada pasada a toro arrancado (oreja).

El Fandi: pinchazo hondo que basta (silencio); estocada perdiendo muleta (silencio).

Román: más de media pasada _aviso_ (oreja). Fue cogido al entrar a matar.

Plaza de Valencia, 11 de marzo. 1ª de Fallas. Casi tres cuartos. Se guardó un minuto de silencio en memoria del torero cómico Arévalo y el niño Gabriel.

Román fue asistido en la enfermería de una cornada en la zona axilopectoral izquierda de 20 centímetros, que secciona todo el músculo pectoral mayor, que le impidió lidiar el sexto.

Castellón: puerta grande para Ponce y Roca Rey

Los diestros Enrique Ponce y Roca Rey salieron por la puerta grande en la última jornada de la feria taurina de la Magdalena tras cortar tres orejas cada uno en una tarde en la que José María Manzanares recibió una, informa Efe.

El viento marcó el inicio de la tarde, especialmente la primera faena de Ponce, quien fue haciéndose con el astado de la ganadería Juan Pedro Domecq, al que consiguió arrancar una oreja.

Mejor suerte tuvo con el cuarto de la tarde al que cortó las dos orejas con una combinación de ganas de salir por la puerta grande, del entusiasmo de la audiencia y de una tanda de doblones al final de la faena que puso al público de pie, más un remate limpio y a fondo.

José María Manzanares, que hacía doblete en la feria, aunque sin mucha fortuna, cortó una oreja con el quinto de la tarde con unos buenos cambios de mano al final de la faena y una buena estocada final.

El diestro peruano Roca Rey, en su segunda corrida en España -y su segunda puerta grande-, paseó una oreja con el tercer toro y dos con el sexto, el mejor astado de la tarde.

Publicado en El País