Tendido 7: ¡50 o más, y probablemente así…!

Foto Ganadería de Barralva Twitter.

Por Xavier Toscano G. De Quevedo.

La plaza no mostraba una asistencia importante en los tendidos el domingo anterior, la localidad de Sol general —por cierto la que más número de asientos tiene— lucía vacía, algo similar en su zona de numerados, y un poco mejor en los tendidos de sombra. ¿Y? El festejo resultó interesante por la presencia de cinco toros —tenía que haber un prietito en el arroz— que pisaron las arenas del coso tapatío.

Los pocos aficionados y público asistente no tenían motivos para la duda, eran toros los ejemplares de Barralva, que fueron los protagonistas y eje central del espectáculo —como siempre debería de ser— por ello, los ganaderos José Ramón y su hermano Luis Ángel (que lamentable falleció el pasado 22 de enero) habían cumplido correctamente con su obligación: ¡“Mandar toros a la plaza”! Por única vez —en lo que va de este nuevo siglo— el toreo recobró su real sentido, y seguramente que los aficionados y público que asistió a la plaza no olvidarán tan fácilmente este encierro que se lidió.

Desafortunadamente sólo fue uno; todos los demás festejos que se han programado —por años y más años— les han resultado intrascendentes, anodinos e insustanciales, con la aparición reiterativa de bovinos sin la menor importancia ni decoro, que únicamente han dado lugar al aburrimiento, fastidio e irritación de los aficionados y público hastiado de soportar tantas burlas de las empresas y las sumisas autoridades.

Harán falta como mínimo la realización de más de medio centenar de festejos —recordemos que “una golondrina no hace verano”— en igualdad de condiciones, con verdaderos toros, que estoy plenamente convencido SÍ se encuentran en nuestro campo bravo. Auténticos toros cinqueños, de impecable presencia y seleccionada bravura, que otorguen importancia —esa que se ha perdido— al espectáculo, a las plazas y satisfagan plenamente a los aficionados y al público, que son el verdadero sostén de la fiesta al pagar religiosamente sus boletos.

Señalamos enfáticamente que serían necesarios 50 o más festejos en los que se presentaran toros con la importancia similar a los del domingo anterior. Y ya que la empresa programa ocho o nueve festejos por año, se requerirán cuando menos de siete o más años de ardua labor, que realmente es poco tiempo si tomamos en cuenta la cantidad de años —más bien décadas— perdidos, en los cuales han organizado sus desastrosos y fatales “festejitos”, obteniendo como su ganancia, el haber sacado de las plazas a los aficionados y público.

Seguramente escucharemos sus habituales “salidas” y falacias: “es que es muy difícil conseguir toros”. ¡Vaya argumentito más viejo y gastado! ¡Auténticos TOROS! Indiscutiblemente eso es lo que necesita nuestra fiesta. ¡Que tardarán los aficionados en regresar! Obviamente que sí, acordémonos de la vieja fábula “del pastor y las ovejas”, aquel que se pasaba los días engañando a todo el pueblo, hasta que finalmente llegó el momento que ya nadie confió más en él.

Este mágico e incomparable espectáculo se cimienta en la fusión de un toro y el torero. El torero, necesita del toro para crear arte, pero él NO es nadie sin el toro, así es, ésta es la verdad de nuestra Fiesta, que únicamente resurgirá el día que aparezca de nuevo en todos los ruedos de nuestro México el eje central y único de esta fiesta; su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador

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