Ocho con Ocho: Tiempos modernos Por Luis Ramón Carazo


Hoy en día y con mayor frecuencia el público demuestra su inclinación por el indulto, un hecho que aconteció el 16 de abril de 2018 en la Maestranza de Sevilla, en la que un toro de Garcigrande con el nombre de Orgullito, fue magistralmente toreado por Julián López El Juli e inmediatamente surgieron opiniones de protesta ante el premio que otorgó el presidente, José Luque Teruel y quién ya anteriormente concedió ese mismo premio a un toro de Victorino Martín en la misma plaza, y me refiero a Cobradiezmos, lidiado por Manolo Escribano, el 13 de abril de 2016.

El presidente de la Maestranza es hijo de Andrés Luque Gago, gran subalterno y apoderado y sobrino de André Gago, quién fuera apoderado entre otros de Carlos Arruza.

Las protestas surgen porque de acuerdo a los apegados a las reglas a rajatabla (regleros en Sonora) alegan que no fue en la suerte de varas un toro muy codicioso, eso sí coinciden en que en la muleta fue un toro de una embestida fija, con codicia, humillada en su largo recorrido y además fue de menos a mucho más en su lidia final.

Además en sus casi 20 años de alternativa se ha desarrollado la innata maestría de Julián López Escobar y la faena de muleta sin olvidar que estuvo magistral en el capote, fue memorable y en conjunto con su primera actuación en la misma tarde, provocaron una fecha para guardarla en los anales de la historia del toreo, inolvidable dejando casi en el olvido lo cual no es fácil el que Enrique Ponce obtuvo un trofeo del cuarto.

En Andalucía el Reglamento Taurino en su artículo sesenta establece que el indulto se concede; si es que sea solicitado mayoritariamente por el público; que lo solicite el diestro a quién haya correspondido la lidia de la res; que muestre conformidad el ganadero o mayoral de la ganadería. Los tres requisitos se cumplieron en Sevilla.

Y he aquí una reflexión, las herramientas de selección con los que cuentan los ganaderos de toros de lidia son diversas, una de las labores en el campo más hermosas es el tentadero de hembras y de machos. Se cuenta con los libros de la ganadería, en dónde registran la calificación histórica de la ascendencia o descendencia para la selección de empadres.

Cuando el toro de cualquier ganadería se lidia en público, este último sin el antecedente del trabajo ganadero, se pronuncia por el indulto de un ejemplar que a su modo de entender, lo merece, y pasa por alto muchos detalles como la suerte de varas, si escarbó o no el toro, si tuvo distracciones en el comportamiento, etcétera.

En conjunto el público juzga el fenotipo o forma física y el genotipo o comportamiento que incluye como condición positiva, la acometividad, el acudir con fijeza y mantenerse atento a los ligeros toques de capote y muleta, su duración, alegría, que humille al máximo, el galope y el recorrido.

Los ganaderos hace muchos años no eran proclives a que a sus reses se les concediera el homenaje del indulto al saber que el destino de su res era hasta la suerte suprema, pero el tiempo cambio y hoy es distinto, el público también opina, tiene peso en la decisión.

Ahora bien expresan su sentir todos en una plaza como Sevilla; los menos con aparentemente conocimiento (de toros saben las vacas y no hablan) y la mayoría con la sensación. Pocos asisten consuetudinariamente a un número alto de festejos taurinos, como sí sucedía antaño y eso nos pone claramente en perspectiva el futuro que pudiera tener el toreo, como espectáculo masivo.

Si, el objetivo prioritario es atraer al público y en particular a las nuevas generaciones, me parece que tiene que sustentarse en la hipótesis de lo que viene y no de lo que ya fue, tratando de regresar a tiempos idos que ya no volverán, por eso antes de seguir criticando acremente a toda la ganadería actual, sería bueno no caer en extremos y entender que todo cambia.

La grandeza del toreo se consigue en el ruedo, pero la leyenda la genera el público, cuando acude no le digamos que no sabe y que se equivocó, mejor incentivemos a que regresen que con el tiempo cada uno desde su prisma decidirá que le gusta y que no.

Las imposiciones me parece nunca serán buenas, el público cuando decide, exige para el toro el honor de retornar con vida a la dehesa y dado su papel protagónico es justo tomarlo en cuenta y viene a colación relatarlo como producto de la emoción que causa relatar los hechos de la tarde en la que el comportamiento de un toro de Garcigrande y la maestría de El Juli, fueron el epicentro en Sevilla.

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