Lo que siempre has querido saber de un torero en el siglo XXI

Lo que siempre has querido saber de un torero.

Por Guille Álvarez.

Juan José Padilla, el “Ciclón de Jerez”, lleva casi un cuarto de siglo viviendo de su pasión de infancia. Es uno de los rostros más conocidos de la tauromaquia en España, sobre todo tras sufrir una grave cornada en 2011 por la que perdió el ojo izquierdo. Desde entonces lleva parche. Al “Pirata” Padilla le molesta y le parece una falta de respeto que le llamen asesino por la calle, y más cuando va acompañado de su familia. “Es una provocación”, dice el jerezano de 43 años, que asegura que tiene amigos y familiares a los que no les gustan los toros y no van a sus espectáculos, pero una cosa es que no te gusten y la otra es que seas antitaurino, matiza.

Siendo uno de los toreros más reconocidos del mundo, quisimos hacerle diez preguntas sobre su profesión, una de las que más polvareda levanta en pleno siglo 21.

VICE: ¿Por qué eres torero?

Juan José: Probablemente sea culpa de mi padre. En mi casa siempre se ha respirado ambiente taurino. Mi padre quiso ser torero, tuvo una gran vocación y una afición tremenda. Mis tres hermanos también intentaron ser toreros, y de hecho han sido banderilleros. Recuerdo la primera vez que me puse delante de una becerra. Tenía siete años. Aquí en la provincia de Cádiz hay muchas ganaderías, así que mi papá me llevaba y yo toreaba en ellas, me ponía delante de las becerras ya de pequeño.

¿Sabes a cuántos toros has matado?

Pues lo que son toros, podríamos calcular que alrededor de 5,000. Entre España y América he participado en unas 1,500 corridas, y contando lo que se mata practicando en el campo…

¿Nunca has sentido pena por el hecho de matar a un animal?

Bueno, nuestra cultura nos hace entender que el toro nace para morir en la plaza. Quizás puedo sentir una voluntad de no matarlo cuando el toro se ha ganado la vida por su comportamiento, y eso sucede en muchas ocasiones, que el toro tiene un comportamiento bravo y es digno de que vuelva al campo. Entonces, cuando hay que matarlo porque el presidente [de la corrida] te obliga, sientes frustración en ese momento. Pero en definitiva, en nuestra cultura creemos que el final del toro es la muerte en la plaza.

¿Te gustan los animales?

Sí, y de hecho tengo animales en casa. Al toro lo veo como un colaborador, como un animal especial, lo admiro y respeto. Mi vida es el toro, mi mundo es el toro. Me apasiona su bravura y su comportamiento, es una raza única y exclusiva para este espectáculo, la raza no existiría si no existiera el espectáculo.

¿Cuando estás delante del toro, sientes miedo?

El torero siempre tiene miedo, antes y después de la corrida. Primero sabes que te juegas la vida delante de un toro y luego, también, que tienes que crear un arte y una faena con un colaborador que se llama toro.

Has sufrido varias cornadas graves en tu trayectoria —19 intervenciones quirúrgicas en total—, y en una perdiste un ojo.

¿Qué sientes cuando el toro te embiste y te desgarra?

Comprensión. La verdad es que no le guardo rencor al toro, que solo está cumpliendo con su cometido. El toro sale a arremeter y su defensa es esa, por lo tanto, el tributo que pagamos los toreros es la cornada, algunas veces con la vida.

¿Y qué sientes cuando eres tú el que le atraviesa?

No hay ninguna sensación ni de placer ni de disgusto, siento que cumplo con mi cometido y obligación, que es matar al toro.

¿Qué haces con las orejas, el rabo y esas cosas?

Hay algunos trofeos que te llevas a casa, los disecas y los tienes como recuerdo o los regalamos a admiradores, amigos, la familia… Son motivo de orgullo e ilusión, porque quieren decir que has alcanzado algo durante tu carrera, es algo muy personal.

¿Cuánto ganas por una corrida?

No puedo hacer público lo que me llevo por una corrida, pero sí te puedo decir que, desgraciadamente, la crisis también se ha notado en el mundo de la tauromaquia y no pasamos por buenos momentos. Está costando mucho trabajo llevar al público a las plazas, y esto afecta al colectivo taurino en general.

¿Te tomarías un trago con un antitaurino?

Sí, ¿por qué no? Hay que ser educado. Yo respeto sus ideales y que él respete los míos. Yo entiendo su posición siempre que tengan un argumento, me parece perfecto. Yo también tengo los míos: el espectáculo se defiende por sí solo, es un espectáculo vivo y de verdad. Se siente de verdad, se vive de verdad y se muere de verdad.

Fuente: VICE

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