Festejos de Aniversario de la Plaza Mexico – La gran duda e incógnita será la seriedad del Toro

Regresa Enrique Ponce a la Plaza México, máximo protagonista de los últimos escandalos de la Plaza México por los astados tan poco serios que se procura para lidiar.

Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.

Son tiempos difíciles para la Plaza México con la llamada “era Baillères” que está siendo determinante para el desarrollo de la fiesta de toros en la capital mexicana. En general esta nueva etapa ha sido contradictoria y en líneas generales negativa.

Don Alberto Baillères recuperó la Plaza México en una etapa difícil después de la gestión de Rafael Herrerías. La primera temporada de Baillères puede considerarse buena (año 2016), ya que cumplió con las exigencias primordiales de los aficionados -regresó el toro con edad y trapío-, y además montó algunos buenos carteles dentro del marco artístico en que se desenvolvía la Fiesta. De entre cuanto había, eligió lo mejor. Si esta tónica se hubiera mantenido durante los siguientes dos años, la fiesta habría visto definitivamente recuperada su autenticidad en la capital, y no estaría ahora en la fase de aguda decadencia por la que atraviesa.

Las ultimas dos temporadas de la “era Baillères“, no han sido buenas e inclusive rayan ya en el fracaso. Ya no sale el toro con trapío, la plaza luce vacía y el aficionado serio fue expulsado. Los taurinos profesionales culpan al público, a las redes sociales y al periodismo independiente, aduciendo que imponen unas disparatadas condiciones en lo que se refiere al trapío: “Lo que quieren ahora es que salgan elefantes con cuernos y que no se les pueda pegar ni un pase” dicen por ahí los críticos de la televisión y de la prensa. 

Pero lo qué pasa es que los taurinos profesionales y empleados del licenciado Baillères -comandados por el matador Antonio Barrera– no han sabido entender al público de La México, en el mejor de los casos, y con carácter general, parecen haberse puesto de acuerdo para utilizar argumentos capciosos en su contra y transmitírselos por medio de la prensa escrita y de la televisión. Es evidente que las exigencias de un sector de la afición capitalina atentan contra algunos intereses particulares, y con particulares nos referimos al de los taurinos. Ante esto el principal objetivo de esta empresa es echar a los últimos aficionados no triunfalistas que aún quedan fuera de la plaza, porque saben que el público de la México -es decir, los aficionados serios- tiene preferencia por el toro y lo exigen aunque no sean escuchado por mas autoridades. Entiéndase con esto, el toro encastado y con trapío. No el toro grande, sino serio, bien armado, bien hecho y con la envergadura correspondiente a su encaste y acorde a la categoría de su plaza. Ése es el toro que quiere la Plaza México. Naturalmente, si sale un torazo de 600 kilos como algunos de los de Fernando de la Mora lidiados en la presente temporada, no los van a protestar.

Extrañamente en cuanto sale un toro grande y con trapío aparece siempre un determinado taurino en las narraciones de la TV -los taurinos al servicio de la empresa siempre han tenido una facilidad sorprendente para introducirse en la TV cuando les conviene – y critica como buen criticón que los aficionados no deben pedir un toro de más de 600 kilos, porque para que se produzca la belleza en el toreo no se necesitan elefantes con cuernos para el triunfó de los toreros. Semejante interpretación de los hechos es una grosera manipulación de la realidad y los taurinos han venido utilizando ese argumento desde hace muchos años. Es cierto que no se necesitan muchos kilos, pero si trapío, músculo e integridad de las astas y ahí si que guardan silencio los taurinos y sus publicronistas.

Hoy que nuevamente inician los festejos de otro aniversario de la Plaza Mexico, necesitamos recordar más que nunca y sin importar lo que nos digan los falsos positivistas, como bien los ha bautizado el Maestro Leonardo Páez, que eso de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad que nos quieren imponer actualmente los publicronistas precursores del triunfalismo.

A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; preparados siempre para comprobar la casta, el trapío y la fortaleza de toros, la integridad de sus astas, el transcurrir de la lidia, el mérito de sus lidiadores, la calidad del toreo y el respeto a los cánones sagrados de la fiesta. Y si algo de todo esto falta, el aficionado serio lo tiene que exigir con fuerza a más autoridades; pero si se cumple cabalmente, lo celebrará eufórico e incluso puede que entre en una especie de trance y crea que se le ha aparecido el mismísimo Dios en la Plaza Mexico.

Pero para que esto suceda tenemos que exigir el toro serio. Este lunes 4 y 5 de febrero la afición que acuda a los festejos de aniversario y que está pagando un boleto caro, tiene que exigirle a las figuras del toreo un toro con trapío y casta, porque no es justo que algunos profesionales como Pablo Hermoso de Mendoza, Enrique Ponce, y Joselito Adame como ya ha sucedido en años pasados, nos vengan a ver la cara y todavía les aplaudamos el engaño. Este aniversario podría servir para un antes y un después para la fiesta brava en México.

No perdemos nuevamente la oportunidad de recuperar el prestigio perdido de la Plaza México.

Twitter @Twittaurino

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