Peñasco y Desfiladero  —Despilfarro en Precumpleaños de La México.

José Adame al natural. Foto: Plaza México.

Jorge Ramos ha batido todo pronóstico en su competencia con Jesús Morales. Y entre los dos rebasan por mucho el límite del decoro y la rectitud de juicio taurino del biombo. El Aniversario comienza con la pifia espantosa de Usía al autorizar los toros de El Vergel cuya presencia consigue que Diego Ventura se devuelva por donde vino y empañe su gran triunfo de Noviembre con un escándalo que pudo haberse evitado. Y después saca las cosas de contexto al premiar en exceso a un folclórico y populachero José Adame y al hoy desigual Andrés Roca Rey, mientras que “Calita” desperdicia el mejor toro del encierro y una oportunidad en su carrera que no sabemos si vuelva a presentarse. La Afición en abatimiento y la Autoridad en horas oscuras dejan el prestigio de La México al borde del desfiladero.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se equivoca, para variar, otra vez y repetidamente, el Juez Jorge Ramos.

El más avanzado, el mejor alumno, quizá como decía Don Jorge Gaxiola, incluso, con aspiraciones de discípulo, de Jesús Morales queda taurinamente en evidencia. Claro, no es lo mismo aspirar a ser discípulo de derecho constitucional de Don Emilio Rabasa, a ser educando de Jesús Morales en las malas mañas taurinas que han echado raíces en el abogado Ramos. Por ello, esta primera corrida del LXXIII Aniversario se sale de control.

Empezando por la sumisión que, tan a la mano del otrora banderillero y hoy agrandado a Juez, Jorge Ramos ha asimilado pues, si quería abonar algo bueno a la corrida, bien pudo empezar mandado de vuelta a Nuevo León a los dos burelitos de El Vergel: el abre plaza por zancudo y mal hecho, el cuarto de la tarde por anovillado y además manso. Con ello permite que Diego Ventura, devolviera, no el gran triunfo de la inaugural, sino el prestigio.

Si quería hacer la Autoridad el favor, termina siendo lo contrario.

Alguien con intereses muy oscuros debió traer estos dos toretes para formarle un cuatro en el que redondo cae el lisboeta. No obstante, la entendedera que muestra con el soso y manso primero con el que aflora todo su arsenal de recursos, valor y sabiduría en la lidia, pero con el que también da a la gente, en tono populista -moda que parece llegar para quedarse- mucho de lo que desea ver, el parado de manos, el quite por saltilleras, bueno por cierto del sobresaliente Jorge López, y mucho de su valor en los embroques en el centro del ruedo.

Falla con el rejón de muerte y falla con la elección del quinto. Y si no lo escogió el, falla doblemente por confiado y también porque en los toros no hay que confiarse ni del agua del botijo. Pero Ventura paga el plato roto, la gente no forma la grande porque el tendido de La México, como su toro, ha perdido en casta y ha ganado en lo pastueño. Menos mal, hubo voces que, afortunadamente, exhiben lo impresentable del, hasta la saciedad, manso cuarto. Así como sus fallas espantosas con los múltiples rejones de muerte.

Recordemos a Carlos León y su animadversión, personal o no, hacía Arruza.

Cuando aquel toro de Coaxamalucan, “Abanico” nombrado puso en predicamentos al Ciclón Mexicano, la cabeza de Novedades decía: “Un ‘Abanico’ acabó con un Ciclón”, pues ahora un novillo impresentable acabó, no con Diego Ventura, sino con la expectativa, la ilusión y sobre todo la categoría en esta Plaza de un rejoneador que, paradójicamente, da un tanque de oxígeno puro a su gran rival.

Que parte plaza mañana. Esa será otra historia.

La de esta corrida encuentra en José Adame un punto de inflexión.

Se ha perdido tanto taurinísimo que incluso los reventadores, antiguos gritones que tenían entendedera taurina, ahora son grupos de choque rentados por sabrá Dios quien. Salen a “molestar” a Adame, primero protestan la falta de fuerza desesperante en el toro, al que, tras puyazo caido, solo le pega una chicuelina por intento de quite. Parece agarrar aire el cárdeno en banderillas pese a la acostumbrada imprecisión de las cuadrillas.

Adame es un torero de empujones y tirones. Nada en este tiempo ha abonado en suavidad y temple. Por ello, pese a que hay muletazos con la derecha largos por fuera de la segunda raya, el temple y su consecuente despaciosidad, no terminan por instalarse y brindar respuesta a una embestida que, paradójicamente, dentro de las suertes parece normal. Para no meternos en la forma escuadrada, lo despatarrado y lo falto de empaque, la faena escala emoción en un público de dulce que ya no recuerda en su breve memoria que la Plaza México fue una plaza de mejor gusto taurino

Y la mano izquierda que solo abona en hacer pasar al toro que creció lo insospechado pese a ciertos momentos de verticalidad.

Pero que Adame no termina por cuajar.

Aun así, manoletinazos y estocada caída hacen el trabajo que Jorge Ramos corona aflojando dos orejas para romper cualquier intento en seriedad de la tarde. Aquí la corrida se sale de contexto para mal, tristemente. Una oreja habría bastado.

Por ello a la salida del cuarto de lidia ordinaria, la Autoridad vuelve a equivocar en dos aspectos: no remover el grupo de choque sacado de un mitin político que molesta y trata de estorbar la labor de Adame. Sentados convenientemente en sombra alto, bajo la Banda, esta banda, en el peor de los sentidos, no cuenta con los elementos taurinos para defenderse y la complace la Autoridad. El diestro, en vez de hacer como Manuel Capetillo su tarde cumple de la inaugural de 1967 con los toros “Petatito” y “Flor de Mayo” de Reyes Huerta y darse a torear para acallar la bronca, prefiere apaciguar las cosas, dando importancia a la protesta al darse a dialogar con los rijosos a los que parece conocer muy bien.

La México cae al infantil y poca taurina respuesta de corear el sobrenombre del torero.

El torero se da a torear a como sea, incluso con la vulgar manera de citar arrastrando la muleta por el lado izquierdo, a volverse a enganchar y matar de nuevo malamente con espadazo tendido del cual sale para terminar mendingando las orejas, cosa que no marca categoría precisamente. Otra oreja de cuete para un torero que brinda nueva actuación que dudamos pase la prueba del tiempo.

La virtud del tiempo, de saber esperar, paga en “Calita” ciertos rendimientos. Pero ese capital hay que invertirlo en el exacto momento donde hay que apostarlo todo. Ese momento ha sido con el hermoso, serio y negro, bien armado y rematado, segundo, un toro por todo lo alto, “Mexicano” nombrado, que no puede ocultar un irrenunciable origen Mimiahuapan. Lo veleto, lo lomitendido, los pitones blancos, seriedad por los cuatro costados.

Pues este, además, tiene edad, y pese a sus reacciones contrarias, como rascar, embiste.

Tiene la mala suerte de caer en manos de “Calita” quien, tristemente, opone la forma mas no el muy necesario fondo. Y, tras los dos primeros tercios, donde el toro, adulto, se reserva, tira atrás y arrea, Tapia no alcanza a doblarse de manera efectiva con el astado. Aun así, llegan dos tandas de valía por el lado derecho donde el murmullo y la expectación, crecen.
Esas dos tandas sirven el camino de la mano izquierda, el necesario paso para desengañar cualquier sentido del toro, el muletazo fundamental que habría implicado lograr que el morito en realidad se mostrar completo, “Calita” opta por no apostar por exprimir al máximo el pitón derecho del toro y, al no alternar, se limita a hacer una caricatura del cite psicodélico, a no entender que el cite por alegrías, como a él se refería el Maestro Fermín Rivera, sirve para fijar al toro, no solo para la galería.

La faena se tuerce dado el exceso de confianza de Tapia que al salir de la cara por pitón izquierdo es volteado al perder la vista y echar a como sea la muleta para el intento de desden y el toro que se va para arriba en un imperdonable error que sepulta toda esperanza en ver cuajar a un toro espléndido.

Que se va sin torear.

Espadazo tendido y trasero, falla con la cruceta, llega el aviso y la división.

Luego al débil berrendo quinto, trata de oponer sus fundamentos, arranca muletazos pero ya no tiene el toro la calidad de su primero, ni el torero la personalidad ni el rodaje para interesar mayormente a una asistencia vacilante. Calita ha sido un buen experimento que ha tenido un momento para cuajar que no aprovecha y, no sabemos, quizá no vuelva a darse en tales circunstancias.

La faena en realidad importante viene con el primero del lote de Roca Rey, que pecha con el peor lote.

Y muestra dos caras de su toreo.

Este cárdeno tercero es débil y trae la cabeza suelta, Roca Rey hace lo que ya sabemos de él, quietud y aguante plenos. Pero se muestra muy templado en el recibo, especialmente por el lado izquierdo en dos verónicas de cartel que igualmente hacen ver que el toro no tiene ni la bravura ni el celo por el engaño de los dos anteriores. El peruano lo sabe y, pese a lo fatal de las cuadrillas en los siguientes capítulos de la lida, su trasteo es de una precisión y un aguante de figura del toreo.

A un toro que cabecea, que se cae y queda corto, plantea con tal inteligencia que apenas en un palmo es capaz de extraer la embestida sin sacrificar su verticalidad sin caer en enganchones y mantener a un toro que amaga con caerse, de dejar el engaño en la altura y sitios correctos para que el de Montecristo rescate lo último de casta que tiene. La mano izquierda y la muñeca funcionan y llegan los naturales que logran atraer las miradas en el turno que más difícil lo tiene.

Una labor espléndida.

Entrega y sabiduría.

E incluso la inventiva de intercalar derechazo y capetillina finales que dejan al toro servido… para ser pinchado. Jorge Ramos afloja, da la oreja aun y Roca Rey logra mantener a la gente en la plaza para el octavo, otro toro serio pero con el que, sorprendentemente, se confía. Áspero, calamochea, se vuelve sobre las manos y el peruano no usa correctamente las cabalgaduras, las cuadrillas vuelven a fallar y él opta por iniciar arriba cuando se antoja mayormente comenzar doblándose.

No es así y el toro se lo cobra.

La nueva ola, con toda su modernidad, requiere escalar el peñasco de la torería, colocar su bandera en la cima y enamorar taurinamente a un público sumamente nuevo en emociones y ayuno de memoria que no conoce de recuerdos taurinos que implora encontrar y formar su propia historia taurina.

Roca Rey. Foto la Plaza México.

Solo la falta de rigor, la infame mediocridad puede llevar todo al desfiladero.

El gran foro de la Monumental requiere de la nueva generación que ayer, pese a la salida en hombros, pincha una oportunidad de oro.

Sera que, otra vez, habrá que dar tiempo al tiempo.

Apresuremos el paso, que da la impresión, no quedar tanto.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2018-2019. Lunes, Febrero 4. Primera Corrida del LXXIII Aniversario de la Monumental. Dos tercios de plaza en tarde fresca y muy agradable. Buen ambiente fuera de la plaza y gente guapa en el tendido. Mal la Autoridad que preside al no retirar de la Plaza un grupo bien identificado en el segundo tendido de sombra alto que se dedicó exclusivamente a reventar al primer espada. Equivoca la Autoridad al no ordenar al tercero de la cuadrilla del tercer espada retirarse tras perder turno en el segundo tercio del tercero de lidia ordinaria. Así como reseñar al impresentable cuarto.

8 Toros, 2 para rejones de El Vergel (Divisa Morado, Verde y Amarillo) Impresentables por feos y chicos, especialmente el muy protestado cuarto, anovillado y sin trapío alguno, ambos flojos y escandalosamente manso el cuarto que no debió reseñarse mas sí devolverse; y 6 de Montecristo (Divisa Obispo, Verde y Oro) Desigual y variopinto, serios y bien hechos los tres primeros, lo mismo que el serio octavo. Chicos cuarto y quinto. Floja en general, con buen tercio final el lidiado en primer lugar y destacando por su emoción en el último tercio y bella presencia el lidiado en segundo lugar, nombrado “Mexicano” ovacionado en el Arrastre. Flojo y manso el tercero y muy áspero el sexto.

La Autoridad equivoca al premiar con exceso al primer y tercer espada.

El Rejoneador Diego Ventura Silencio y Pitos. Joselito Adame (Teja y Oro) Dos Orejas con Protestas y Oreja protestada. Salió a hombros. Ernesto Javier Tapia “Calita” (Solferino y Oro) Al tercio tras Aviso y Palmas. Andrés Roca Rey (Habano y Oro) Oreja y Silencio.

Mal las cuadrillas en diversos momentos de la lidia; pasan en falso Jorge Guerrero, Diego Martínez y Víctor Mora. Destaca en el tercio de banderillas del quinto, Fernando García.

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2 Comentarios »

  1. eduardo maya y aun te pagan por escribir barbajanezas es no tener verguenza despues del BAÑO que le puso JOSELITO ADAME a tu idolo de barro roca rey mejor escondete es lo mejor que harias

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