El espejismo y la expropiación de la Fiesta Por Bardo de la Taurina

Lo de la expropiación de la plaza y la licitación pa’ explotarla podría traer el beneficio del control de calidad. En la foto Enrique Ponce brinda a Don Alberto Baillères propietario de la empresa que maneja, muy mal por cierto, la Plaza México y que está acabando rápidamente con la fiesta brava en la capital mexicana.

Con la novedad que no hubo novedad en la temporada que recién feneció, salvo que terminó, como no debió de haber terminado, que lo debió de haber sido como empezó con ruido y a hasta emoción como la que antes provocaba ‘La Oreja de oro’, más sí decir, que unos días antes los operadores atrajeron a la gente o público haciendo las entradas del espejismo, en el numerado convirtiendo el escenario en una pandereta de colores, que puede no gustar a un sector minoritario que es el mismo que ha de asistir a la temporada de la ‘Queens Cup’ donde también aparecen caballos, no de pica sino de Polo.

Esa élite está muy confundida por el hecho de pensar que asistencia rutinaria es sinónimo de capacidad y entendimiento, mostrando con ello la misma intolerancia que se les repudia a los anti taurinos, porque querer limitar o prohibirle el gusto por la diversión al pueblo es castrante y hasta absurdo y pónganse a pensar, ¿Cómo le nace el gusto y posteriormente la afición a alguien? Si no es asistiendo a los eventos. Por eso hagamos caso omiso de las opiniones que se recetan en las redes sociales yéndoseles a la yugular a quienes llaman ‘Villamelones’ ahora sí, que ‘no mameyes en tiempo de melones’.

En lo taurino diremos que en la primera corrida de pre ‘Happy Birthday’ salieron algunos toros de minúsculos cuernos, amén de la degradación asquerosa del pellejero cuadrúpedo que uso Diego Ventura en su show, también se escucharon los gritos de culero, culero cuando el juez no regaló una oreja, pero entre todo este mar de inaceptabilidad que fueron el colofón de muchísimas que se suscitaron durante el serial, no se vio una sola manta o se escuchó una sola voz que clamara por la Expropiación y Nacionalización de la Fiesta, que pa’ como están las cosas, podría ser la única esperanza de que esto cambie, y no nos confundamos, éstas dos corridas fueron la excepción que confirmó la regla, que fue la del ausentismo.

Luego en un martes igual al que se inauguró la plaza, volvieron a colorearse los tendidos y hasta levantar cierta curiosidad o duda sobre que si un jovencito, flacucho de vestimenta intrascendente que me dijeron se llama Luis David era el mismo que el día anterior se subió al lomo a un torero y que al día siguiente toreo, porque antes que nada tiene que estar la categoría, un torero solo en ocasiones verdaderamente extraordinarias como la de una despedida, está justificado pa’ sacar en volandas a otro, así se trate de un familiar consanguíneo y menos en una tarde en que el lidiador debió de haber salido por el túnel de cuadrillas avalado por cuatro orejas y dos rabos rotundos.

Lo de la expropiación de la plaza y la licitación pa’ explotarla podría traer el beneficio del control de calidad, así como ahora va haber litros de a litro, aquí no se permitiría materia prima que venga de casas de ordeña, por debajo de los cuatro años y medios, y sin kilos de a kilo y por supuesto todos los toros adultos deberán lucir bigotes sin recortes de pachucos, y de que eso se cumpla se encargaría la SAGARPA (si todavía existe) (que no está pa’ eso, entonces los soldados tampoco deberían de estar pa’ construir aeródromos) todo esto sería en favor de la propia fiesta y del público, vayamos pensando, ¿qué además que se pierde?, al contrario precios populares, descuentos con la tarjeta a los que ya van de despedida, entrada gratis a los niños que vengan cuidados por un abuelo, además el abuelo como por edad va a tener descuento se puede chupar en chelas los ochenta pesos que le van a dar por cuidar al escuincle, tarjeta roja a los vendedores que vendan durante la lidia, regulación en la venta del combustible, sanción a los que arrojen cojines al ruedo, nada de vender boletos sin anunciar y mostrar las fotografías de los toros a lidiarse y sobre todo con ello la fiesta gozaría de continuidad, y así al fin de cada temporada vendría una consulta popular, si el empresario al que se la haya arrendado cumplió solventemente con veinte corridas de toros y treinta y dos novilladas forzosas pues podría concederle un período más y nada de prestanombres, porque el estar rotando empresas siempre traerá el beneficio de la competencia y si petardeo pues diez años de inactividad, ¡no!, no nos escandalizamos antes de preguntar ¿quién es el propietario de la Plaza de las Ventas de Madrid? Que por cierto es la más importante del mundo.

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