Feria de Sevilla: Emilio de Justo, valor de acero y temple de seda

Plaza de la Real Maestranza. Quinta corrida. Casi lleno. Toros de VICTORINO MARTÍN (7), desiguales de presencia, con enorme movilidad y desplegando casta y un gran toro, el 4º. ANTONIO FERRERA (5), de grana y oro. Pinchazo y estocada (saludos). Estocada caída (una oreja). MANUEL ESCRIBANO (3), de gris plomo y oro. Pinchazo, media atravesada y dos descabellos. Un aviso (saludos con protestas). Estocada caída (división de opiniones). EMILIO DE JUSTO (7), de negro y oro. Dos pinchazos y estocada tendida. Un aviso (saludos). Estocada y dos descabellos. Un aviso (saludos)

Por Carlos Ilían.

Llegaron los victorinos con su leyenda a cuestas y se encontraron con un torero de cuerpo entero llamado Emilio de Justo para poner el toreo en su sitio y en el maco de la Maestranza. Una corrida para medir a cada uno, desde el toro con mirada tenebrosa y el toro de embestida humillada y temple infinito, como el cuarto. Tal exigencia encontró la horma perfecta en la muleta de De Justo.

Un torero que estaba arrinconado, prácticamente olvidado ha ido sacando la cabeza del agujero hasta poner hoy en pié a Sevilla. Su faena al tercero, que humillaba pero media con intenciones brutales, pedía dos cosas: valor de acero y temple de seda. Y eso lo encontró en Emilio de Justo: los naturales de pasmo y los redondos inmensos. El toreo con la mano izquierda fue una sinfonía. Con las dos orejas casi en el bote la espada bajó del cielo a la tierra tan grandísima faena.

En el sexto se inventó una faena a base de cabeza, dejando la muleta retrasada para vaciar en el tramo final de la embestida y así cuajar unas naturales casi imposibles. Faena maciza otra vez la espada dejó al torero sin una trofeo legítima. Vamos, que la espada le cerró la Puerta del Príncipe. ¡Casi nada!

Ferrera templó a su primero y dejó enormes distancias en el toreo sobre la derecha. En el cuarto, un Victorino enorme, de trapío y calidad, vimos la versión del Ferrera de trallazo. Pero como aquello fue una labor a destajo y mató en el rincón de la muerte cortó una oreja barata.

Escribano mareó a su lote, que para colmo embistió lo que quiso, y dejó pésimas sensaciones de su actual momento

Publicado en Marca.

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