
De SOL y SOMBRA – Editorial.
La corrida de toros de este jueves en Madrid congregó a miles de aficionados (muchos no españoles) para ver un espectáculo en donde abundó la angustia, la belleza y el arte.
El milagro ocurrió gracias a un cartel compuesto por Manuel Escribano, Román Collado ambos de nacionalidad española y el diestro peruano Andrés Roca Rey, ante un encierro de Adolfo Martín.
Como suele ocurrir en estos festejos las pasiones se desbordaron en el tendido, pero lamentablemente no siempre fueron para bien, ya que mientras Roca Rey luchaba en el sexto por la supremacía del toreo, algunos inadaptados sacaron su nacionalismo y se metieron con el torero peruano como previamente ya lo habían hecho en su primero.
Cuando los aficionados taurinos pensábamos que los toros a diferencia de otros espectáculos o deportes del siglo XXI se encontraban libres de actos de “nacionalismos”, surgieron nuevamente en el tendido de Las Ventas – como ya habían surgido durante las actuaciones de los hermanos mexicanos Adame– gritos contra Roca Rey como el de “Vete a tu país” en medio de una tanda de muletazos. Gritos, por cierto, llenos de resentimiento patriotero que deberían ameritar la expulsión del tendido del impresentable aficionado, porque este tipo de actitudes no pueden consentirse en la primera plaza del mundo.
Pero la cosa no termino ahí para Roca Rey, en su segundo justo antes de tirarse a matar, brotó del tendido un grito de ¡Viva España! que sin duda desconcentro al matador en un momento clave de su faena en donde el silencio era fundamental.
El nacionalismo por donde se le vea es una posición irracional, discriminatoria, insostenible y caprichosa sin excepciones, así que no permitamos que este invada los tendidos de nuestras plazas de toros.
Las corridas de toros son un espectáculo artístico y el arte es universal, por esto no tiene nacionalidades. En el toreo la nacionalidad no es lo que importa. Lo que cuenta es el arte.
Y así como reprobamos los gritos de ¡Viva España! también reprobamos los de ¡Viva México! Porque un torero no está representando a su país, se está representando a si mismo y no a la tauromaquia entera del país de su procedencia. Los toros no son un mundial, ni tampoco hay un campeón al final de la feria, aunque muchos le llamen a San Isidro el mundial del toreo.

Ojalá que este sábado que torea el mexicano Luis David Adame no escuchemos en el tendido más expresiones grotescas de este tipo, expresiones que al final de cuentas solo dan paso a réplicas nacionalistas y en algunos casos racistas.
No hay olvidar que el arte es un idioma que no restringe las nacionalidades.
Twitter @Twittaurino



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