Es lo que digo yo: Poca luz en la primeras primeras novilladas

Miguel Aguilar. Foto NTR Twitter.

Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

Pasado el primer fin de semana de la Temporada de Novilladas de la Plaza México, solo nos queda secundar los comentarios generalizados que se hicieron respecto a la mediocridad del espectáculo observado, con excepción de la actuación de Miguel Aguilar.

“No hay más y si los hay, están muy escondidos” comentaban algunos aficionados al finalizar los dos festejos. Porque siendo francos, los primeros resultados artísticos de las jornada novilleril han sido de muy baja calidad en cuanto al ganado y las actuaciones de los novilleros.

Lo más rescatable ha sido la tarde de Miguel Aguilar, un novillero que lleva la torería en el alma. La lidia de Aguilar a sus dos novillos, enriquece el espectáculo con un interés añadido. Con su primero estuvo inteligente, lo mismo en el primer tercio como en el último, midiéndole las distancias en los medios a un novillo de La Antigua de Jorge de Haro, reculante y cuyo empeño era irse al corral a revolcarse.

El sexto estaba a la defensiva y era incierto; por el pitón izquierdo le pegó a Aguilar una colada de abrigo y se encogía echando la cara arriba, para hacer imposible el toreo, cuando se sorprendió a sí mismo tomando la muleta en una tanda de redondos de alta escuela. Esa serie en redondo, que aclamó el público, constituyó el toreo bueno que ha de venir. El día que a este novillero le salga su novillo, la México se pondrá patas pa’ arriba.

¿Y el resto?

Hay que decir que corren malos tiempos para la novillería. Se celebran pocos festejos, son escasas las oportunidades para adquirir oficio en la cara del novillo y así quedó demostrado en las actuaciones de Sebastián Ibelles, Cristian Antar, Manuel Gutiérrez, José Miguel Arellano y Pedro Bilbao.

Agreguemos a esta ecuación que la mayoría de los jóvenes están acostumbrados al novillo noble y bobo, ademas de qué son proclives al toreo despegado, ventajista y que algunos de ellos están muy mal aconsejados por su entorno; con lo que obtenemos un resultado final muy preocupante.

Ahora, uno entendería que lo pasaran mal frente a novilladas complicadas, pero cuando naufragan ante encierros que no les piden sus credenciales y dejan entrever sus carencias, ya es un motivo para que se enciendan los focos rojos.

Esto quizás en otro escenario menor no sería tan grave, el problema es que se tropiezan en la Plaza México, y estos tropiezos en el ruedo capitalino los aplastan como una losa y limitan sus posibilidades futuras. Cómo sucedió con los recientes triunfadores de los certámenes de la Flor y de la Plaza de Toros de Arroyo: Cristian Antar y Sebastián Ibelles.

La principal virtud que deberían de tener todos los novilleros es la actitud y cuando no la hay, el toro siempre acaba por desnudar a sus lidiadores, ya que lo primero que necesitan es demostrar que quieren serlo, fajándose con el novillo; si es bueno, para volcar con él todo su sentimiento artístico, y si es malo, para sacarle pases aunque sea atropellando la razón. Y ahí fue justamente en donde fallaron Ibelles y Antar en la primera novillada.

Los novilleros, si quieren serlo, se hacen toreando; aprenden su oficio cada día, triunfando unas veces, tropezando en otras, y cuando maduran ya están legitimados para alcanzar la categoría de matadores. Pero lo que si no se vale en un novillero es la falta de actitud.

En la segunda novillada destacó otro joven de Aguascalientes de nombre José Miguel Arellano, con muchas desigualdades artísticas, pero que en Arellano constituían esos defectos que a veces son consustanciales en los novilleros. Nadie nace sabiendo, ni entra primerizo en la tauromaquia convertido en el próximo Cúchares.

Esperemos que conforme se desarrolle la temporada chica en la México, el nivel vaya en ascenso tanto en los novilleros, como en los encierros. Porque si hemos sido muy rigoristas con los novilleros, también tendríamos que serlo con los ganaderos de La Antigua y de Xalmonto, que enviaron algunos novillos excesivamente justos de fuerza y casta. La casta ya sabemos que es el elemento principal para la emoción, pero ese elemento estuvo ausente prácticamente en todas las reses lidiadas.

Cómo también preocupante para estas ganaderías debería de ser la falta de fuerza en sus animales, algunos muy bonitos de lámina, pero sin fondo ni fortaleza para sostenerse de pie desde su salida.

Recordemos que “si se cae el toro, también se cae la fiesta.”

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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