Gatos y Garabatos – Plena Resolución en La México de Miguel Aguilar.

Los doblones de Miguel Aguilar a “Nave” de Villar del Águila. Faena para el recuerdo.

Un encierro que, pese a lo variopinto, pese a lo desigual, pese a tener valles muy marcados en su comportamiento mantiene el interés en una tarde donde la lluvia y el viento amenazaron, pero no cumplieron y, sobre todo, trae consigo la tensión y emoción. Todo lo contrario, Miguel Aguilar no solo se la juega, apuesta y gana ante un lote difícil para cortar una oreja memorable. Mismo trofeo, aunque benévolo, consigue el debutante Neyra que evidencia su verdor no obstante encuentra sitio con el estoque. Y con el mejor lote, José Sainz no remata dada la prisa y, sobretodo, sus ideas preconcebidas sin importar lo que tiene enfrente, un mal muy extendido en la actual novillería.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Seriedad y respeto exige la Porra Libre, A.C., para la Plaza México.

Nunca mayor y puntualmente solicitado, sobre todo después del viernes cantinero pasado.

Esa seriedad y ese respeto lo trae el actual empresario, hay que decirlo sin empacho alguno, por la presencia y posterior juego de los novillos. Cumple el ganadero, cumple la empresa y vayamos al toro, pues. Esto es lo mínimo que se requiere. Cumplen los actores porque la novillada trae consigo una prueba de sumo interés, en apariencia y en esencia, hay miedo por muchos momentos.

Uno de ellos se da en el cuarto turno.

Cómo se notan los parentescos, cómo se observa que el toro de Saltillo tiene tantos caminos encontrados más de cien años después en seis novillos que muestran, muy seguramente, todas las más afamadas líneas de su ganadería madre, Xajay. Nadie podrá negar que la novillada de hoy es un muestrario del sendero de la sangre mexicana que ahora incluye ese difícil tramo que interactua directamente con esa línea Santa Coloma.

Y traen varios novillos distintas hechuras. Para quien gusta de la heterogeneidad esto es perfecto. E implica que los apoderados tomen una decisión muy importante, en el caso de José Sainz ha sido la equivocada, dejar que el toro de mejor hechura abra el lote y abra plaza, dada la muy extendida costumbre mexicana de torear a como sea el mejor hecho, “por si algo llega a pasar no lo toree otro…” A este, a pesar del adagio, Aguilar parece continuar con el sendero de la tarde anterior y se apresura en las gaoneras que, tras chicuelinas en su primera intervención, Sainz contesta con caleserinas. Pero en el caso del potosino, la frialdad del clima, de la plaza, la suya propia, las prisas de las cuadrillas que padecen horrores como el toro les aprieta, colocan a Sainz en la sequedad del público.

Que cambia cuando el para y se templa.

Pero, no obstante, hay momentos buenos, sobre todo con la mano izquierda, los naturales no son lo suficientemente mandones, su intención es siempre abrir en todo momento y lo que se promete se queda en mero esbozo, porque da la impresión de que el toro se le esfuma, la espada no atina al primer viaje y todo queda en discretos saludos. Y una omisión de la autoridad que no homenaje al cárdeno.

Y el cuarto le cobraría el pecado.

Un torito muy serio de cabeza, de cuerpo y actitud, sobre todo.

Si recordamos al “Enrique V” de Shakespeare, “…todos los súbditos deben obedecer al Rey pero el alma de cada uno es propia.” Lo mismo en el ganado bravo, tendrán la misma intención del ganadero, son leales al portar el color de su divisa (aunque la Plaza México ayer se haya equivocado en las moñas) pero cada cabeza es un mundo. De ahí que el cárdeno, con su cabeza amenazante, no solo apriete sino exija a cada palmo de terreno ser dominado, incluso sometido en las telas. Sainz tiene fe en que el puyazo funcione y el novillo ceda, pero sus cordobinas lo único que provocan es que el cárdeno se vaya para arriba, encuentre una ventana y le trinque con terrible susto que incluye golpe y sangrado en el rostro.

Para el torero resulta paradójico que el novillo tan resuelto a atraparle en una vuelta, rompa su cadera. La gente queda sorprendida, la fractura del novillo es la del misterio de lo que haría en los tercios subsecuentes. Cada bravura es un mundo.

Las cuadrillas se alivian y respiran. Gatos negros marcan en la arena. Fatal han estado.

Sainz enfrenta un feo y chico sobrero manso e insulso con el que se ve limitado y silenciado.

Entonces para ese momento, Aguilar había enfrentado con menos rapidez al castaño segundo con el que él mismo deja ese aire de sobrada suficiencia y se atempera, mucho tiene que ver que el novillo le eche mano. Pero su sitio e intelecto taurino la hacen quitarse de encima al soso astado de una estocada al volapié, entera pero apenas contraria.

Es claro que el hidrocálido se pica con la oreja que el debutante Eduardo Neyra corta al precioso tercero mucho mejor hecho que el sexto, por alto este último en vez de lo armónico del cárdeno que marca su presentación. El torero lagunero avanza con el capote a los medios en el recibo, muestra temple y un afán por estar bien.

Pero llega el último tercio y empieza el chabacaneo.

Muchos, desorientados, festejan los péndulos de rodillas. Nosotros observamos que el novillo, pese a su belleza, no está sobrado, para nada, de poder. Empieza fuerte y desinfla, aparece el viento, Neyra y su gente tardan años en irse bajo la Porra, hay dos tandas una por cada lado, verticales y templadas, no obstante, la tendencia a tirar hacia afuera y ha dejar el hueco. Tan interesante habría sido ver a este toro sobre una línea inicial y con el cite y el trazo a la media altura y que el temple hiciera el resto.

Pendiente, demasiado del público, encuentra una estocada en el sitio y una oreja corta, que no puede refrendar en el sexto, otro castaño terriblemente soso y débil al que vuelve a matar bien para esperar que repita pronto, lástima que con la empresa que se tiene tendrá que esperar.

En ese escenario, llega lo grande y, quizá, lo esperanzador.

Salta un escarchado novillo, cárdeno claro, feo de cornamenta, musculoso y que desde el momento de salir busca la casta perdida detrás del burladero, no lo consigue. Aprieta muy fuerte a Miguel Aguilar quien se defiende del arreón y el punteo, de las manos por delante y sobre todo de la mala intención que crece en el adolescente burel que muestra mañas de viejo. Un garabato cárdeno que es picado fuerte, sin hacer ningún exceso de confianza.

Bien utilizadas las cabalgaduras, las cuadrillas sorprenden al lograr un elemento clave de la lidia del toro, pararle, imponérsele, para que no llegara demasiado arriba a la muleta.

De ahí que Aguilar se doble preciso, con empeño y fluidez.

Son cuatro, se confía y un trincherazo le hace creer que el toro tendrá pitón izquierdo y cambiará. No es el caso, demasiado genio, es decir, agresividad defensiva hay en el toro. Faltaron mayores doblones, hacerle sentir la arena en el hocico. Pero aquí se desencadena la historia de un toro que no pasa y al que su casta omisa le impide tener celo por la muleta, busca el torero y este, pese a varios sustos, incluyendo un desarme, le contesta con el toreo que procede y emociona.

Le para con varios pases que rematan al pitón contrario, dejando en cada remate el trazo del pase anterior, dos muy lucidos donde el astado se vuelve sobre las manos pero es destroncado por Aguilar que impide, como diría Mariano Ramos de “Timbalero”, que el toro piense más que él. No se permite esa situación, a pesar de que a este novillo la mansedumbre acrecienta su sentido. Se nota torero, se nota valiente, alguien en el tendido de sol, le canta las letras larianas, “Un domingo en la tarde…”, de lo valiente que ha estado. Acaso habría sido necesario alternar los cites iniciales pero cierto es igualmente que el pitón izquierdo se pone imposible. Lo que nunca varía con Aguilar ha sido el valor.

Espléndidos los muletazos de aliño ayudándose con la espada. La gente se enciende.

En el momento crucial deja un espadazo en el sitio, el novillo se defiende, Aguilar resuelve dar el paso adelante y definirse en un querer ser y poder ser, marcado. Pasa la prueba, con sobresaliente oreja, que pesa en serio. Ahí vimos a José Mauricio en el callejón y también nos recordamos como sometió al temible “Fuentespina” de La Estancia, otro ejemplo de poderío y sometimiento.

Ha sido tan manso este número 3, “Nave” nombrado, que aun con la puntilla en la cervix se defendía con el gañafón. Aguante y tranquillo de Emilio Ríos, el venerable puntillero que tiene temple para no tocar al novillo.

Triunfo grande de Miguel que a lo Enrique V shakespereano aferró “vuestra mente a la popa de su armada”. Y más importante aún, resolución plena de Aguilar ante el novillo serio y en serio.

Ya se verá si el tiempo confirma lo aquí escrito.

Twitter: @CaballoNegroII.

Plaza México. Domingo 29 de Septiembre de 2019. Temporada de Novilladas 2019. Quinta de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde de viento cambiante al inicio y molesto en el tercer turno además de leve llovizna que cesa a partir del segundo rematando con frío.

Se rinde un minuto de aplausos en memoria de José Romulo Sosa Ortiz (1948-2019) “José José”, cantante mexicano fallecido el día de ayer, ocasional aficionado y que llenara la Monumental para un concierto en el año 1985, mismo año en que cantara “Las Golondrinas” en pleno festejo de despedida de Eloy Cavazos. Descanse en Paz.

Equivoca la Autoridad al no homenajear con el Arrastre Lento al que abre plaza.

7 novillos, 7 de Villar del Águila (Divisa Rojo, Verde y Oro) lidiados con una divisa diferente, desiguales en presencia y juego. El cuatro lidiado como sobrero al inutilizarse el muy serio y exigente titular luego de pegar una voltereta al primer espada y romperse la cadera en plenos medios. Fue apuntillado, correctamente, en el ruedo. Espléndido el que abre plaza número 75, “Cumpleañero” nombrado de 442 kgs, ovacionado de salida; precioso cárdeno oscuro, bravo y con poder en los dos primeros tercios, apretando a los banderilleros, atemperado y con clase en el último tercio, con un pitón izquierdo sensacional. Debió ser homenajeado. Aplaudido en el arrastre. Débil el prometedor segundo, castaño aldinegro que se apagó en el último tercio. De hermosa estampa el tercero, simetría y conjunción de hechura, fue intermitente su lidia no obstante tuvo poca fuerza, metió la cabeza en dos tandas. Muy serio el cuarto, con fiereza por momentos pero se inutilizó sustituido por el abecerrado sobrero que ha sido manso y soso. Una alimaña el cárdeno claro quinto, de duro juego con mucho sentido en la muleta y peligro manifiesto. El castaño sexto sin casta y desrazado.

José Sainz (Azul Noche y Oro) Silencio y Saludos por su cuenta. Miguel Aguilar (Azul Rey y Oro) Saludos y Oreja. Eduardo Neyra (Malva y Oro) Nuevo en esta Plaza, Oreja y Ovación tras leve petición.

Fuera de sitio en general, descolocados, con precauciones, sin temple, Gabriel Luna, Rafael Romero hijo, Luis Castañeda que se tropieza solo a la salida de un par, Ángel Martínez hijo, fatal Pascual Navarro, fuera de forma y enganchado, a punto de causar un problema al ser arropado por el sexto al querer adornarse cerrando al toro. Destacan Adolfo Sánchez y Sergio González con capote y banderillas. Tumbos a dos piqueros, más por falta de precisión, el sexto desmonta y persigue al caballo cruzando los medios.

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