Opinión: Huelga de Hambre.

Para denunciar una “injusticia” por parte de la empresa es menester demostrar que se cuenta con los suficientes argumentos como para exigir un puesto. ¿Es el caso de Garza Gaona? No se trata aquí de comparar con otros, sino de hablar de él y sólo de él, ¿15 corridas y ocho festivales en siete años son suficientes para pedir su confirmación?

Por Francisco Tijerina.

Desde 1943 cuando Mahatma Gandhi se puso en huelga de hambre en su prisión en la India, la renuncia voluntaria a ingerir alimentos se convirtió en una forma de protesta y presión, principalmente política, que busca la adhesión social para lograr un propósito.

La práctica encontró eco en el toreo y a lo largo de la historia ha sido empleada, además de tirarse de espontáneo, por aquellos que cansados de pedir, buscan así ser incluidos en una temporada de festejos.

“Último recurso” dicen algunos, lo cierto es que no en pocas ocasiones los empresarios de antaño montaban “el numerito” poniéndose de acuerdo con algún chaval para con ello atraer la atención y mejorar las entradas de sus graderíos.

Con lo anterior no quiero decir que siempre se trata de un ardid, ya que muchos lo han hecho de verdad.

Pero los tiempos han cambiado.

En 1960 en Monterrey, puestos de acuerdo con un cronista y el director de un periódico, la empresa armó un sainete monumental con la huelga de hambre del entonces novillero tapatío David Maldonado; cuatro días en las puertas del coso con una intensa cobertura mediática, lograron poner de bote en bote la plaza y así estuvieron durante seis meses en los que el diestro tuvo altas y bajas, hasta que “reventó” con un estrepitoso fracaso al encerrarse con seis astados y una tarde de petardo grande. Lo positivo, además de volver a meter la gente a la plaza, fue que a su vera surgió toda una pléyade de buenos toreros.

En agosto de 1981 cuatro novilleros: Jerónimo Ayala “El Puma”, Moisés de Portugal, Rafael Rivera “La Muerte” y Rubén Quintero, estuvieron en huelga de hambre en las puertas de la Plaza México pidiendo al Dr. Alfonso Gaona una oportunidad que nunca llegó y es que los cuatro eran “cartuchos quemados”.

Para la historia la imagen del llorado Rodolfo Rodríguez “El Pana” encadenado a la reja de la México y en huelga de hambre que le dio la contratación para su “despedida” que terminó siendo su resurgimiento. Por cierto, el día de la presentación de “El Brujo” en la México como novillero, alternó con él un espada a quien le dieron oportunidad tras haberse puesto en huelga de hambre y nada pasó después.

Hombre, hasta Vicente Fernández, el charro de Huentitán, estuvo en huelga de hambre en ese mismo sitio, en la película “Uno y medio contra el mundo” que protagonizó al lado de Ofelia Medina y en la que sin trabajo, hicieron el show para pedir el apoyo económico del público.

En agosto pasado el matador Luis Gerpe realizó una huelga de hambre en Las Ventas de Madrid y la empresa de opuso a programarlo anunciando su decisión mediante un comunicado muy similar al que ayer la Plaza México dio a conocer en relación a la presencia del matador Lorenzo Garza Gaona en las puertas del coso capitalino.

Como señalé en un principio, una huelga de hambre busca presionar a la empresa mediante la adhesión social de la comunidad y autoridades; antes una acción de este tipo se convertía en todo un fenómeno de gran repercusión en medios de comunicación. Hoy, lamentablemente, no es el caso de lo que pasa con Lorenzo Garza Gaona cuya decisión ha alcanzado un eco limitado a la cobertura taurina, aunque sí un increíble número de insultos y agravios por parte de antitaurinos en las redes sociales.

Ahora bien, para denunciar una “injusticia” por parte de la empresa es menester demostrar que se cuenta con los suficientes argumentos como para exigir un puesto. ¿Es el caso de Garza Gaona? No se trata aquí de comparar con otros, sino de hablar de él y sólo de él, ¿15 corridas y ocho festivales en siete años son suficientes para pedir su confirmación?

Las voces que hoy claman por incluirlo en la Temporada Grande llegan al extremo de pedir que toree con cualquier ganadería, pero podemos anticipar que serán las mismas que en caso de que no haya éxito serán las primeras en justificarlo diciendo que así no se puede.

Al final es el toro el que pone a cada quien en su lugar y nada nos daría más gusto que ver a un torero mexicano, sobre todo que es hijo, nieto y bisnieto de grandes glorias de la tauromaquia, triunfar en el coso máximo, aunque dadas las condiciones se trata de un albur, un volado en el que muchas de las circunstancias apuntan a perder.

Veremos y diremos.

Publicado en Burladerodos

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