Opinión: Igual o peor que antes.

Por Javier Lorenzo.

El pesimismo se instala en el aficionado. Y la decepción. En ese aficionado que pasa por taquilla al que le vuelven a ofrecer la misma realidad de la que ya empezó a renegar antes de la pandemia. Cuatro meses después todo sigue igual. O peor. El virus no tiene vacuna aún, el toreo tampoco. Una vacuna que sirva para reinventarse y ofrecer una nueva imagen. Con proyección de futuro, aprovechando los grandes valores (léase figuras) del momento. Una vacuna que abra las puertas del mañana. Una vacuna que ponga fin a los atropellos e injusticias. Una vacuna que sirva para que el triunfo en el ruedo recupere valor. Y nadie, por ejemplo, se atreva a poner en cuestión qué pinta el 6 de agosto Ureña en el cartel de El Puerto de Santa María, donde su ya ex apoderado fue incapaz de colocarlo, como tampoco lo logró en la Feria de Abril, de acuerdo a la categoría que hoy debería tener el torero de Lorca. Pinta lo que pinta ser el gran triunfador del curso pasado. Pinta por la puerta grande de San Isidro y por las cuatro orejas de Bilbao. Pinta porque además es novedad en esa plaza y sus aficionados tienen derecho a ver al gran triunfador de 2019 que jamás hizo el paseo en ese escenario. Y pinta por más cosas. Sus triunfos le deberían de abrir las puertas de las plazas en las que él quisiera torear. No en las que, por compasión, le ofrezca un sistema caduco e injusto. Un sistema sangrante. Al toreo le hace falta una vacuna que le abra los carteles. Las figuras actuales le hacen cosas a los toros que no se han hecho jamás, han alcanzado una perfección técnica admirable y asombrosa; han logrado pasar una línea que parecía ya infranqueable. Sí, pero estas figuras son las menos generosas de la historia con el futuro del toreo. Ni ellos ni los empresarios piensan en el toreo que deben de dejar a las nuevas generaciones.

Apenas una veintena de carteles están ya en la calle en la nueva normalidad. Y siguen siendo los mismos, con los mismos y las mismas divisas. Ni una novedad. El toreo vuelve a tomar marcha y a ponerse en movimiento, pero lo hace con los mismos nulos argumentos de futuro que antes. Solo Huelva, con unos precios desorbitados, por cierto, parece haber pulsado y logrado el paso a esa renovación. Dos tardes de figuras rematados uno con la gran sensación y suceso de 2019 (Pablo Aguado), y otro con el torero local emergente y triunfador de San Isidro del curso pasado (David de Miranda, a hombros en su confirmación). Y figuras… figuras para buscar el reclamo de la gente más allá del aficionado. Figuras junto a los toreros que están llamados a tomar el mando en un futuro inminente. Estos dos y otros pocos que forman esa baraja de toreros más o menos jóvenes ilusionantes. Un golpe de aire fresco a carteles que empiezan a acumular demasiada caspa y suponen un auténtico freno a la renovación del escalafón.

No hace falta cambiar la norma sagrada del orden de antigüedad en las ternas. Lo que hace falta es el orgullo y mando torero que siempre tuvieron las figuras para que se abran de una vez por todas los carteles a los nuevos toreros que interesan o están llamados a interesar para que al toreo no siga cerrando puertas que tal vez nunca se volverán a abrir.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

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