Curro Romero, veinte años de su adiós en La Algaba (Sevilla).

Por Álvaro Rodríguez del Moral.

Este jueves se cumplen veinte años de la retirada de Curro Romero después de torear un festival benéfico, organizado a beneficio de ANDEX, en la plaza de carros de La Algaba, (Sevilla) decisión que supuso el inesperado cierre a una larguísima trayectoria como torero que se había iniciado 46 años antes, el día 25 de julio de 1954, en el desaparecido coso de La Pañoleta, a un paso de su Camas natal.

En el año 2000 se iban a sumar una serie de circunstancias que precipitaron su marcha, ya que justo antes del comienzo de aquella campaña, el 28 de enero, había fallecido Diodoro Canorea, gerente de la empresa de la plaza de La Maestranza durante cuatro décadas por su matrimonio con la hija del empresario taurino Eduardo Pagés.

Canorea había organizado su primera Feria de Abril en 1959, también la primera que toreó Curro Romero como matador después de tomar la alternativa en la feria de Fallas de ese año. Desde ese momento, las trayectorias del empresario y el torero fueron de la mano y, desde la estrecha amistad que les unía, nunca tuvieron empacho en señalar que sus respectivas carreras finalizarían juntas: desde ese momento, el guión ya estaba escrito.

ANTES Y DESPUÉS DE CANOREA

La muerte había sorprendido a Diodoro Canorea montando la que, a la postre, también sería la última Feria de Abril de Curro Romero. Pero entonces nadie podía atisbarlo. Su hijo Eduardo y su yerno Ramón Valencia fueron los encargados de relevar al padre y suegro en las riendas de la empresa Pagés, respetando escrupulosamente los carteles que había montado el recordado empresario manchego.

Curro Romero había sido contratado hasta cinco tardes en el abono de 2000, incluyendo su presencia en la feria de San Miguel. El cuarto de esos compromisos lo cumplió el 2 de mayo de 2000, Martes de Farolillos, anunciado junto a Curro Vázquez y Finito de Córdoba, que cuajó la mejor faena de su vida en Sevilla y cortó las dos orejas de un gran ejemplar de Juan Pedro Domecq llamado ‘Opíparo’.

En ese momento nadie podía atisbar que el cuarto toro de aquella tarde, llamado ‘Sigiloso’, iba a ser también el último que mataría Curro Romero en la plaza de la Maestranza, la misma que le había visto debutar como novillero en la lejana fecha del 26 de mayo de 1957: nadie lo sabía entonces pero no volvería a pisarla vestido de luces.

EL POLÉMICO ‘SAN MIGUEL’ DE 2000

Apenas unos meses después de tomar los mandos de la plaza, en la feria de San Miguel de 2000, los nuevos responsables de la empresa Pagés tuvieron que asumir un descalabro inesperado que reflejaba los vaivenes que se habían producido en los corrales. Curro Romero, José María Manzanares y Morante de la Puebla se ‘cayeron’ del cartel previsto para el 23 de septiembre.

Curro Romero y Morante de la Puebla quisieron oficiar un desagravio a la sufrida afición hispalense y se ofrecieron a actuar mano a mano en un festival organizado a beneficio de ANDEX, la asociación de niños oncológicos presidida por María Luisa Guardiola. Se pretendía que el marco fuera la plaza de la Maestranza. Pero los nuevos gestores de la empresa Pagés vetaron el empeño en medio de una tensión evidente.

Eduardo Canorea salió al paso del asunto afirmando que la empresa no tenía “nada en contra de este festival, ni de ANDEX ni sus cabezas rectoras”. “He procedido así para salir al paso de oportunismos totalmente inoportunos”, remachó el nuevo empresario del coso del Baratillo.

Curro y Morante llegaron a convocar una rueda de prensa en la que afirmaron que no habían estado en San Miguel “por respeto a la afición”. Pero aquel encuentro con los periodistas acabaría pasando a la historia por las declaraciones de Curro Romero: “Si el empresario no quiere contratarme el año que viene, allá él; si quiere hacer una barbaridad, no le arriendo la ganancia, pero yo no me voy a arrastrar porque no soy una caja de pescado…”

UNA DESPEDIDA INESPERADA

En cualquier caso, el veto de Canorea obligó a cambiar de planes. El evento tuvo que ser trasladado finalmente al peculiar coso algabeño en una mañana soleada y triunfal que tampoco estuvo exenta de algún susto. Se lidiaron novillos de Zalduendo. Curro llegó a cortarle las orejas al primero y fue silenciado en el quinto, el último de su vida. Morante, por su parte, se llevó el rabo al sexto.

Pero en ese mediodía algabeño de hace veinte años nadie podía barruntar que, aquella misma noche, Curro Romero anunciaría su retirada en el programa ‘Clarín’ de Radio Nacional sin habérselo comunicado previamente a nadie de su entorno. El propio Faraón de Camas reconoció al periodista Fernando Fernández Román, vía telefónica, que la tremenda voltereta sufrida por Morante en el transcurso del festejo le había hecho reflexionar.

Algo debía rumiar ya el camero antes de vestirse de corto. El escenario que le dibujaba la nueva empresa no era nada halagüeño. Curro no estaba dispuesto a abdicar de los históricos privilegios que había gozado en la plaza de la Maestranza durante décadas. La nueva atmósfera empresarial, de alguna u otra manera, precipitaba la drástica decisión del Faraón que a esas alturas –ya había rebasado los 67 años- tampoco podía estirar mucho la cuerda.

Lo demás ya está en la historia. Ya había caído la noche y los teléfonos empezaron a echar humo. Curro explicó estaba dispuesto a torear algunos festivales. Su último traje de luces -un terno verde y oro- se lo había ceñido en la plaza de Murcia el 10 de septiembre de aquel año. Después del 22 de octubre de 2000 no volvería a ponerse delante de ninguna res brava.

Publicado en La Vanguardia

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