Recordando a Raul Contreras “Finito” a 46 años de su partida.

Finito junto al Cordobés.

Un día como hoy pero de hace 46 años murió Raúl Contreras “Finito” con tal solo 27 años y un futuro esperanzador.

De SOL y SOMBRA.

Raul Contreras “Finito” nació en Chihuahua el 6 de enero de 1947 y falleció en México D. F. el 4 de diciembre de 1974. Desde su temprana niñez sintió el despertar de una precoz afición a los toros, espoleada por el ambiente que respiraba en su entorno familiar inmediato, ya que era hijo de un taurino llamado Alberto ContrerasEl Ronco“. 

A la edad de 8 años se mudó con su familia a San Miguel de Allende, Guanajuato, ya que su padre, administraba la ganadería de Tomás Valles, en donde el pequeño Raúl ayudaba a los vaqueros en las faenas del campo en sus tiempos libres y después de asistír a la escuela.

Ayudado por las facilidades que encontró entre las amistades de Tomás Valles, consiguió enfundarse su primer terno de luces cuando era todavía un chaval, y desde aquellos inciertos titubeos en el duro ejercicio del toreo comenzó a sufrir un sinfín de percances que, como la grave cornada que sufrió en Monterrey en 1962, jalonaron su malograda andadura como una de las más accidentadas de la historia del Arte de Cúchares.

En ese entonces, sus amigos y familia le apodaban “El Gato”, mote originado por el color de sus ojos verdes. Su seudónimo taurino de “Finito” vino después de una visita que le hiciera al periodista español radicado en México, Enrique Bohórquez y Bohórquez, que en esa época era el corresponsal del periódico Esto en Ciudad Juárez.

Nada más verlo, Bohórquez le puso el apodo de “Finito” y así fue como salió al día siguiente fotografiado, el día en que toreó en la plaza “Alberto Balderas”, precisamente en 1963.

No obstante, su acreditado valor y sus firmes deseos de llegar a convertirse en una gran figura del toreo le animaron a desplegar una interesante trayectoria novilleril que, en 1965, alcanzó su punto culminante en varios y reiterados triunfos que cosechó en la plaza capitalina de El Toreo.

El renombre que, con tan sólo diecisiete años de edad, le propiciaron estos éxitos sirvió de pasaporte para que el joven Raúl Contreras Espinosa (“Finito”) lograra cruzar el Atlántico y presentar las primeras muestras de su arte ante la afición española. Así las cosas, el día 17 de junio de 1965 hizo el paseíllo a través del ruedo de la plaza Monumental de Barcelona, donde la entendida afición catalana tuvo la satisfacción de contemplar cómo el joven novillero azteca daba tres vueltas al ruedo después de haber enjaretado una soberbia faena al primer enemigo de su lote. Este clamoroso triunfo aconsejó a la empresa de la plaza barcelonesa repetir en los carteles del 29 de junio al arrollador novillero mejicano; pero la fortuna no acompañó en esta ocasión a “Finito”, ya que un toro le asestó una violenta cornada.

Repuesto de este nuevo percance (aún tuvo tiempo de torear en España, en el transcurso de aquella temporada de 1965, otras once novilladas) y convencido, en fin, de las grandes posibilidades que tenía dentro del escalafón superior, al poco de haber regresado a su país natal tomó la alternativa en la plaza de toros de Chihuahua. Corría, a la sazón, el día 31 de octubre de 1965, fecha en la que su padrino, el espada de Tetela de Ocampo Joselito Huerta, le cedió la muleta y el estoque con los que había de trastear y despenar, bajo la atenta mirada del diestro de Mérida Antonio del Olivar que hacía las veces de testigo-, un astado criado en las dehesas de la ganadería de La Laguna

En el transcurso de aquella emotiva tarde, la suerte volvió a acompañar al valeroso Raúl Contreras, ya que cortó un apéndice auricular al toro de su doctorado y dio una vuelta al ruedo tras haber despachado al burel que cerraba el festejo.

Sin haber confirmado la alternativa en su país natal, Raúl Contreras regresó a los ruedos españoles en la campaña de 1966, pero no pudo cumplir su sueño de recibir la confirmación en las arenas hispanas debido a las serias heridas que le causó, el día 9 de julio, un toro de la vacada de don Alipio Pérez Tabernero, de nuevo en el coliseo taurino de la Ciudad Condal. Debido a este percance, “Finito” sólo se vistió de luces en suelo español en cuatro ocasiones a lo largo de dicha temporada.

Sin embargo, a su regreso a México logró hacer otros veinticuatro paseíllos antes de que concluyera el año. El 29 de enero de 1967, “Finito” se vistió de luces en la capital mexicana dispuesto a confirmar la validez de este título de doctor en tauromaquia. Fue su padrino de confirmación Juan Silveti, quien, en presencia del espada gaditano Juan Garcia Jimenez “Mondeño” -que comparecía en calidad de testigo-, facultó a Raúl Contreras para que diera lidia y muerte a estoque a una res brava marcada con el hierro de Torrecillas.

Un toro adornado con idéntica divisa volvió a cebarse en el lacerado cuerpo de Raúl Contreras el día 22 de octubre de 1967 en la plaza de toros de Guadalajara (México), donde, en presencia de sus compañeros de cartel Joselito Huerta y Eloy Cavazos, le infirió dos tremendas cornadas en el muslo derecho.

A pesar de su mala fortuna delante de las astas de las reses, el tesón, el valor y la afición que seguía conservando el joven diestro de Chihuahua le permitieron situarse en los puestos cimeros del escalafón de matadores de toros mexicanos; pero en los últimos años de la década de los sesenta perdió gran número de contratos -y una parte del sitio que se había ganado a pulso en los cosos- debido a la concatenación de nuevos percances.

Entre ellos, los más serios fueron los que sufrió en las arenas de San Luis de Potosí el 18 de febrero de 1968 (donde fue herido en el muslo izquierdo) y en el ruedo de la ciudad de León el 20 de enero de 1969 (donde un burel le hirió en el triángulo de Scarpa y en el glúteo).

Con los lógicos altibajos causados por tantas desgracias, Raúl Contreras logró mantenerse en los primeros puestos del escalafón hasta 1974, año en el que su mala suerte le condujo a un trágico final. El día 24 de noviembre de dicho año, el automóvil que conducía el valeroso diestro de Chihuahua por una avenida de Ciudad de México se salió de la calzada y chocó violentamente contra un árbol, lo que ocasionó al torero unas gravísimas lesiones.

Del accidente resultó con heridas graves que no ponían en peligro su vida. Pero Finito cayó en una profunda depresión, rechazando los medicamentos y dejó de alimentarse, circunstancia que lo condujo a la muerte el 4 de diciembre de aquel año.

Un día después, el féretro que contenía sus restos mortales recorrió, a hombros de sus antiguos compañeros de cartel, el anillo de la plaza Monumental de México.

El éxito fulminante que cosechó “Finito” en su breve existencia sorprendió gratamente a la crítica y la afición de ambas orillas del océano. Acerca de él dejó escrito Carlos Abella que “fue un prototipo de los toreros mexicanos que todo lo arrollan. La rapidez y facilidad con que conectaba con los públicos no ha tenido parangón, y tanto en México como en España causó un primer impacto formidable”.

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