La Fiesta Está Viva: Trecientas.

Diego Silveti en la ganadería de Pozo Hondo. Foto Arjona.

Por Rafael Cué.

El texto que estás comenzando a leer, es la entrega número 300 de ‘La Fiesta está viva’. No tengo palabras para agradecer a Manuel Arroyo por la confianza puesta en mí para crear un espacio taurino en el diario más importante de México, trabajar en esta casa editorial es un orgullo, un compromiso y un privilegio; gracias también a mi amigo, el ganadero Germán Mercado, quien me “apoderó” para este proyecto y me presentó a Manuel, a quien desde entonces considero un amigo y un líder; a todos y cada uno de los profesionales que trabajan aquí, de quienes siempre he obtenido el apoyo y las facilidades; a Enrique Quintana, quien dirige este diario de manera impecable, con ética y amor a México.

Todo comenzó el 7 de abril del 2015. Ha sido una experiencia maravillosa y espero continuar por muchos años más con la responsabilidad de exponer los valores de la tauromaquia en un periódico cuya temática es financiera y política, principalmente. El reto es desafiante y la oportunidad inmejorable de ser portavoz de esta cultura centenaria a un público no necesariamente taurino, al que poco a poco hemos ido informando y hemos podido narrar grandes gestas, hazañas, tragedias, faenas y embestidas.

Cada martes, desde hace más de cinco años, me siento a escribir con la única intención de enamorar a quien me lee, de la Fiesta de los toros. Material tengo mucho de dónde echar mano, la tauromaquia es inmensamente rica, el arte que emana de lo que la Fiesta inspira, la vida del toro en el campo, rey de la dehesa, con más de 167 mil hectáreas a lo largo y ancho de nuestro país, en perfecto equilibrio ecológico. La tauromaquia es una actividad cuyo valor económico anual es de $6,961,691,274.00, como se informa en el volumen Caracterización y dimensionamiento del sector bovinos espectáculo en México (2ª edición, Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 2018). Datos duros, reales, que son sin duda un argumento serio y contundente ante los ataques de políticos oportunistas o de animalistas a sueldo, que lejos de ser ecologistas de verdad y luchar en contra de la deforestación, por ejemplo, hacen el ridículo en mítines de torta y “chesco”.

El principal argumento del que he echado mano, es el arte, las sensaciones y emociones que provocan un toro y un torero, el sentimiento único que se experimenta cuando el toreo surge en un segundo y tatúa el alma para siempre, éste puede llegar por vía de la emoción, el peligro, el arrojo, la admiración hacia el toreo o la belleza que rebasa los sentidos y que se apodera del cuerpo de quien tiene la sensibilidad. Aquí no hablo de aficionados, porque para disfrutar y emocionarse con una corrida de toros no es necesario ser aficionado, simplemente hay que ir a la plaza con los sentidos abiertos y dispuesto a disfrutar, no a juzgar, no a intentar demostrar que se sabe, sino a gozar de la belleza, el colorido, la música, del toro y su majestuosa figura, de los toreros (los últimos héroes de nuestro tiempo); esto es comprobable cuando la plaza está llena, momento en que la gran mayoría puede ser público ocasional y los aficionados minoría, sin embargo cuando surge la magia del toreo, absolutamente todos nos emocionamos por igual, el “olé” es unísono, dura lo mismo y se corea al ritmo del lance o del muletazo en el que toro y torero unen sus almas, entregando su vida en pos de la creación de ese instante. Una maravilla la magia del toreo y por eso esta cultura es patrimonio de la humanidad, en el sentido artístico.

“La Fiesta es de todos y todos debemos defenderla”, reza el slogan de Tauromaquia Mexicana, así que yo desde esta trinchera escribiré con toda la pasión y el respeto que me genera la tauromaquia, la seguiré difundiendo y defendiendo con verdad, desde mi punto de vista y aferrado a la trascendencia de esta cultura y su importancia dentro de una sociedad que requiere valores que en la tauromaquia están perfectamente cimentados.

Gracias por leer. Aquí seguiré semana a semana, responsabilizado de tener un espacio dentro de esta casa editorial.

Publicado en El Financiero

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