El Pana y Rey Mago; 14 años después.

Por Genaro Suárez Sánchez.

Era domingo 7 de enero, la plaza de toros más grande del mundo, la Monumental Plaza México, atestiguaba uno de los carteles en el papel más “flojos” de aquella temporada.

En el cartel estaban anunciados, Rodolfo Rodríguez “El Pana”, Serafín Marín y Rafael Rivera, una tercia poco llamativa en ese momento, pero las corridas, dicen los sabios del toreo, hay que verlas todas. Y ese día, muchos comprendimos ese adagio.

¿Cómo era posible ver en un cartel de una de las temporadas más importantes del orbe taurino a un hombre que estaba por cumplir los 55 años, enfundado en un traje de luces desgastado, con coleta larga, canosa y natural, y además sobre una calandria que lo transportaría hasta la plaza México?

Pues eso era, la despedida de “El Pana“, la última corrida de su vida. Lo que no sabíamos era lo que iba suceder después, que lejos de ser el ultimo adiós de un veterano matador de toros mexicano, seria el renacimiento de su carrera y de su leyenda. Además de habernos regalado una de las tardes más importantes de los últimos 15 años en la Plaza de Toros México.

Cuando dieron las 4:30 de la tarde volaron los confetis y las serpentinas, como lo hacen en cada despedida de un torero en esa plaza.

A medio paseíllo, tabaco en mano, “El Pana” se frenó para contemplar por última vez el paso de su cuadrilla detrás de él. Saludaba a los tendidos y recibía del público diversas ovaciones.

Fue entonces cuando “Rey Mago”, de Garfias, salió por la puerta de toriles. Importante toro que el sorteo (¿ó destino?) eligió para él. Y “El Pana“, ni lento ni perezoso, se fue a los micrófonos de la televisión para hacer uno de los más originales brindis que se han realizado en la historia del toreo.

Fue a la mitad de la faena, después de una larga tanda de derechazos, que nos regaló el mejor trincherazo que los ojos del aficionado contemporáneo hayan visto hasta el día de hoy. Uno de esos momentos que se quedan grabados en la retina para siempre.

Después de esta faena, vinieron nuevos contratos y “El Pana” siguió su carrera 9 años más hasta morir a causa de la embestida de un toro que le causo la muerte días después.

Ese fue “El Pana“, a quien su tierra le erigió una monumento y cambió en su honor el nombre de su plaza de toros en Apizaco, Tlaxcala.

Un hombre que vivió sin complejos, con personalidad, carisma, carácter y temperamentos propios; sin duda el último romántico del toreo en México.

Ese fue y será, Rodolfo Rodríguez “El Pana”.

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