La ganadera de toros bravos Ana Mayoral: “Te juzgan por una actividad que desconocen absolutamente”

Por Pablo López.

Junto a dos hermanas, Ana Mayoral gestiona la prestigiosa ganadería Toros de Pablo Mayoral y, entre sus cometidos, está el de organizar visitas turísticas a la finca extremeña donde viven los bravos ejemplares que serán lidiados en las plazas. Como ganadera y aficionada, destaca el peso que el sector del toro tiene sobre el turismo y sobre el conjunto de la economía del país. Enamorada del arte de José Tomás y amiga de grandes matadores, Mayoral debe lidiar contra una crisis económica que ha dejado muy tocado su negocio, contra los ataques de los antitaurinos y contra un Gobierno que, en su opinión, deja de lado a un espectáculo que forma parte del acervo cultural español.

-¿Cuál es su papel dentro de la ganadería?

-Pertenezco a la tercera generación de la ganadería Toros de Pablo Mayoral, en la que empezó mi abuelo a petición de mi padre, que fue realmente el impulsor. Mi padre falleció en 1998, cuando mis hermanos y yo éramos aún bastante jóvenes. Somos nueve hermanos y, entre 2014 y 2015, decidimos hacer una partición de algunos de los bienes que teníamos los herederos y, entre esos bienes, estaba la ganadería. Una de mis hermanas que es veterinaria llevaba la ganadería con uno de los dos hermanos varones que tengo, pero este decidió dejarlo. Mi hermana, entonces, nos pidió a otra hermana y a mí si nos animábamos a seguir con ella y, ahora, estamos las tres. Yo, además de ser copropietaria y tener implicación en la toma de decisiones, llevo la comunicación y las redes sociales, porque soy licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas.

-¿Qué aporta el mundo del toro al sector del turismo?

-Nosotros aportamos un turismo muy desconocido para el gran público. Es un turismo ecológico que ofrece un contacto vivo con la dehesa española. Los ganaderos de bravo somos los grandes conservadores de esas superficies de ganado en extensivo y en libertad. Nuestro ganado pasta en grandes extensiones de terreno que albergan una gran biodiversidad de fauna y flora. Quien visita nuestra finca no sólo va a ver una ganadería de bravo sino también la fauna que la habita. Nuestra finca está en Extremadura, al lado del parque nacional de Monfragüe, declarado por la Unesco reserva de la biosfera. Es un turismo muy ecológico y de contacto directo con el campo.

Usted organiza visitas a su finca. ¿Qué experiencias brinda a quienes llegan a ella?

-Aunque tenemos algunos paquetes específicos, al ser una empresa familiar, nos solemos adaptar a la persona que viene. Es un tema que, con todo lo de la pandemia, tenemos un poco más bloqueado. Antes de la Covid-19, atendíamos a grupos con un mínimo de 20 personas y con un máximo de 55. Es lo que nos permite atender bien a la gente. El plan habitual es que los visitantes llegan por la mañana, se los recibe con un aperitivo o sin nada en función de lo que elijan, se los distribuye en remolques y vamos haciendo una ruta por toda la finca por los distintos cercados.

Imagino que habrá mucho que ver y mucho que aprender.

-Les explicamos a los visitantes dónde están los lotes de cubrición, cuándo se les echa el toro a las vacas, cuál es la época de paridera, cuántos son los meses de gestación… Luego se pasa por los cercados de los machos, desde los más pequeños hasta los cuatreños, que son los toros para las corridas. También les enseñamos los cochinos ibéricos, que conviven en la misma finca. El cerdo y el bravo se dan mucho en Extremadura. Es la convivencia perfecta. Después de la visita guiada se suele hacer una comida campera, con un plato de cuchara y con productos de la zona. No son alimentos muy elaborados, sino aquellos que la gente realmente busca en una comida de campo, como una tortilla de patatas, torreznos o unas lentejas. Buscamos ofrecer un ambiente familiar y muy casero. Ofrecemos también la opción de asistir a un tentadero y, cuando alguien lo pide, viene un torero amigo de la casa y tienta un par de becerras al tiempo que nosotros explicamos cómo se hace la selección de las reproductoras, porque lo que se tienta son las hembras.

-¿Alguna anécdota de las visitas?

-Ahora, con el tema del Covid, tenemos restricción de aforo, con medidas muy estrictas. El tema del turismo se nos ha parado en seco, al igual que la venta de los toros. Tenemos visitas guiadas de dos personas o grupos de un máximo de cuatro. Como anécdota, tuvimos una pareja que vino a pasar el día de San Valentín. Tomaron el aperitivo en pleno campo, dieron una vuelta en el todoterreno y luego comieron. Nos dijeron que había sido de las mejores experiencias que habían tenido.

-¿Qué peso tienen sobre el turismo las ferias y demás eventos taurinos?

-Creo que fomentan mucho el turismo interior. Por ejemplo, hay muchos ciudadanos de Madrid que se desplazan a Sevilla para asistir a La Maestranza. Pongo el ejemplo de La Maestranza porque, como Las Ventas, es una plaza emblemática y acoge una feria de primer orden. El sector de los toros mueve muchísima economía. Un caso claro es el de José Tomás, que es la máxima figura y que, cada vez que torea, mueve cifras astronómicas. La última vez que toreó en Badajoz, se habló de 9 millones de euros, porque llenó al 100% los hoteles, llenó la hostelería, el comercio… todo. Los espectáculos taurinos, realmente, desplazan a gente. Otro ejemplo es Francia, que es un país muy taurino que, encima, lo fomenta aún más. Las librerías de Béziers, Nimes o Arlés, por ejemplo, la semana en la que hay toros, ofrecen libros de temática taurina. Los escaparates de las tiendas también están tematizados. Lo hacen así porque los toros atraen a esas localidades a gente que deja dinero en los restaurantes, en los hoteles e incluso en las tiendas de souvenirs.

-¿Es gastador el turista taurino?

-Sí, aunque no es un espectáculo excesivamente caro. Hay entradas para todos los precios. A Las Ventas se puede ir por 5 euros o por 200 según la zona de la plaza. Pero sí que es verdad que los toros invitan a gastar, al disfrute. Yo, de hecho, fui a los toros a Perú. Visité el país, pero fui por los toros, para ver torear a Roca Rey en la plaza de Acho, que es una de las más caras del mundo. El toro fue lo que me movió.

Por su trabajo en la ganadería, conocerá usted personalmente a muchos toreros.

-Los toreros forman parte de mis amistades, claro. El torero y el ganadero tienen una relación muy estrecha. Ellos necesitan de mí y yo necesito de ellos. Necesitan de mí, por ejemplo, para entrenar en invierno y por eso vienen a mis instalaciones. Yo también necesito probar a mis reproductoras en los tentaderos.

-¿Con qué matadores tiene mejor relación?

-Uno de mis mejores amigos es el torero colombiano Luis Bolívar, no sólo a nivel taurino. Tenemos también mucha relación con el joven Álvaro Lorenzo, con Andrés Roca Rey, con Uceda Leal… Son muchos y no querría dejarme alguno que luego se enfade. Los toreros son muy celosos. Tengo que añadir también a la familia Esplá, con la que tenemos una relación de toda la vida.

Si le pregunto cuál es su torero preferido sobre el ruedo, ¿se atreve a mojarse?

-Sí me mojo, no tengo ningún problema. Yo soy una gran admiradora de José Tomás. Para mí, juega en otra liga. Luego he sido toda la vida de Joselito, José Miguel Arroyo. También me debato, ahora mismo, entre dos jóvenes toreros que tienen un gran potencial: Roca Rey y Álvaro Lorenzo.

-¿Se siente usted una mujer en un mundo de hombres?

-La verdad es que no. En mi familia somos nueve hermanos, de los cuales siete somos chicas. Es verdad que mis padres son dos niños de la posguerra y han estado formados en la educación machista. En mi casa la educación ha sido machista, pero luego, en el campo, no se hacían diferencias. A mí se me ha enseñado el mundo del toro igual que a mis hermanos varones. Por otro lado, mi padre me dejó el camino muy hecho para que se me respetara como ganadera y como la hija de Pablo Mayoral. Mi padre se ganó ese respeto y la gente del toro me lo sigue guardando.

-¿Cree que existe en España una gran brecha entre la ciudad y el campo en cuanto a valores medioambientales y culturales se refiere?

-Lo que hay es un desconocimiento brutal y mucho ecologista de sillón. Es muy fácil ser ecologista cuando no se sabe cómo funciona la cadena alimenticia y la subsistencia de un animal en el campo. Ahora mismo, los ganaderos tenemos un grandísimo problema con el lobo y con el buitre, que son dos depredadores que están acabando con el campo bravo y también con el manso. El Gobierno quiere que el lobo no sea considerado especie cinegética, pero el lobo es un depredador contra el que hay que luchar porque devora ganaderías enteras. Tengo compañeros a los que les comen los becerros. A mí me pasa, en Monfragüe, con el buitre, que también está muy protegido. Como ahora no puede haber carroña en el campo y cada vez que se muere un animal hay que llamar para que se lo lleven, los buitres van a comerse becerros vivos, atacando incluso a vacas que están pariendo. Eso el ecologista no lo sabe. No sabe que el buitre pasa hambre y tiene que comer. En la ciudad les hace gracia ver a un jabalí cruzando la M-40 en Madrid y eso pasa porque hay superpoblación, son plagas y, como muchas veces no dan permisos cinegéticos, invaden la ciudad. El ecologista de ciudad es el que le da de comer jamón al perro tres veces al día y luego no le importa que una persona se muera de hambre en la calle.

Como experta en publicidad y relaciones públicas que gestiona las redes sociales de la ganadería, imagino que habrá tenido usted que lidiar, nunca mejor dicho, con todo tipo de ataques hacia su persona y hacia su negocio.

-Han llegado incluso a piratear las cuentas de importantes ganaderos, como Victorino Martín. Hay continuas amenazas, nos llaman asesinos y muchos otros insultos y faltas de respeto. Te juzgan por una actividad que desconocen absolutamente. Nosotros somos los que más conservamos la reserva de la dehesa española y todo lo que supone. Somos los grandes protectores de esos pulmones verdes que quedan. Piensan en la muerte y en la sangre y, al final, salvo los veganos, todo el mundo come carne. Pero es que la muerte está ahí y es algo que hay que naturalizar e interiorizar. La muerte de un animal existe y ha existido siempre. La caza es necesaria, los toros son necesarios y los animales se sacrifican igual en un matadero. Si encima, el toro bravo puede defenderse en una plaza generando arte y un espectáculo que está permitido y es parte de la cultura de este país, pues estupendo.

-¿Os sentís desprotegidos por el Gobierno?

-Absolutamente desprotegidos y eso que toda la vida ha habido gente de izquierdas taurina. García Lorca era muy taurino, Antoñete era torero y era comunista… Ahora, parece que la gente del toro somos ultraderecha absoluta y franquistas porque nos gustan los toros. Para mí, los toros son un arte y parte de la cultura de España. Por eso se tiene que defender igual a un actor que a un torero. Con las ayudas hubo muchos problemas. A actores, cámaras y músicos les han dado sus asignaciones del paro, pero a toreros y a banderilleros se las habían quitado. Encima, los toros generan muchísimo más IVA que el cine. El argumento de los antitaurinos es siempre el de las subvenciones y me gustaría saber qué tipo de subvenciones se creen que recibimos para todo lo que aportamos.

-¿Cree que las ganaderías de toro bravo se recuperarán de esta crisis?

-Mi mensaje es de esperanza siempre, porque la esperanza es lo último que se pierde. Nos recuperaremos, pero no seremos todos. Ya hay un 20% de la cabaña brava que ha sacrificado toda su ganadería porque le era imposible mantenerla con la crisis de la Covid-19. Son datos de Andalucía que me pasaron el otro día. Yo espero salir adelante. Me va a costar, pero espero salir adelante.

Publicado en Tur43

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