Opinión: Hablar de toros.

Por Javier Lorenzo.

El toreo ha perdido parte de su esencia. Ha ido dejando por el camino la transmisión de saberes que le han llevado a la situación actual en la que camina desnortado y como pollo sin cabeza en las plazas donde, ya antes de la pandemia, te podías encontrar con las más variadas reacciones del público, por norma poco exigente, con juicios desconcertantes y con una falta de criterios que dejaba a muchos cosos en evidencia. Así, llegó un momento en el que las plazas perdieron parte de su personalidad. Públicos y palcos, que ese es otro debate. Por norma, y salvo excepciones, se ha dejado de hablar de toros y, poco a poco, se ha ido perdiendo parte de la cultura y la educación taurina. No solo entre los aficionados, reducidos a la distancia y con twitter de por medio; sino también entre los profesionales, absorbidos por las prisas y la desconexión con todo lo que le rodea. Casi han desaparecido las tertulias posteriores a los tentaderos, en las que las impresiones de toreros y ganaderos eran toda una lección para quien tenía ansia e ilusión por aprender. Ahí, abriendo los oídos, ávidos de la sentencia del torero, del argumento del ganadero o de la añeja sabiduría de ese banderillero o picador antiguo que dictaba sentencia, donde se analizaba el juego de las becerras y el porqué de los comportamientos, se constituía la mejor lección del toreo que uno pudo aprender. Cada vez son menos. Igual que cada vez son menos los foros públicos en los que se diserta y se habla de toros. Se han perdido las tertulias y las conferencias. Han desaparecido los debates. Apenas hay encuentros con toreros y ganaderos. No existe conexión con la afición. Ni sitios donde escuchar y aprender.

La importancia de hablar de toros es crucial para fomentar la cultura taurina. En el debate y la discusión, o la divergencia de opiniones, está la vida. La salsa del toreo. E incluso en la información taurina, tan maltratada en nuestros días. La sabiduría taurina se ha transmitido de modo oral a través de los tiempos, hasta que llegó esta época de prisas, rapidez e inmediatez, hasta ese momento en el que el toreo poco a poco se ha ido desvirtuando dejándolo cada vez más huérfano de ingredientes. Y eso se nota en las carencias cada vez más evidentes del saber taurino, en la falta de conocimientos que han llevado al toreo a caminar sin un rumbo fijo y con la mayor parte de sus jueces desnortados, abducidos por falsos aficionados que dan lecciones en dos bandos enfrentados. El defensor acérrimo del torero de turno por amistad o cercanía y el más intransigente y falso torista en caminos absurdamente encontrados. Esa es la realidad de twitter, a donde se ha reducido la opinión y el comentario taurino con poco provecho.

Profesionales y aficionados, a través de las peñas o colectivos taurinos, deberían fomentar los foros para hablar de toros. De esa manera, además, el toreo volvería a entrar y a formar parte de la sociedad de la que ha desaparecido. Y donde además se ha insertado una identidad distorsionada y alejada de su propia realidad. De hablar se aprende. Y de escuchar. Y del intercambio de opiniones del que todo el mundo sale beneficiado. El toreo, el primero. Y falta le hace. Falta nos hace en este nuevo punto de partida al que se enfrenta para seguir vivo.

Publicado en La Gaceta de Salamanca.

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