Sólo para villamelones: La izquierda y la derecha.

Desde la Guerra Civil Española, en la segunda parte de la década de los treinta del siglo pasado, la Fiesta de los Toros no tenía, en España, una crisis tan aguda, tan terrible, como la que hoy se padece, en buena parte por culpa de la pandemia que azota al mundo. Durante esos trágicos tres años de conflicto bélico, las corridas de toros disminuyeron considerablemente en número por razones obvias.

Entonces, según se puede desprender de los datos que existen sobre el particular, los toros fueron mucho más vistos y celebrados en los territorios en poder de los nacionales, que a las órdenes de Francisco Franco acabaron por ganar la guerra; en las ciudades en poder de los republicanos los festejos fueron mucho menos, debido en parte a que en la izquierda española otras eran las prioridades, y también, porque los animales de lidia fueron siendo sacrificados para poder alimentar a la tropa y las poblaciones asoladas y sitiadas por el enemigo.

Y así, desde entonces, parece que a los toros quieren darle, necesariamente, un carácter tradicional y de derechas, entre otras cosas porque las izquierdas que hoy prevalecen en la península ibérica parecen empeñadas en ponerle trabas al espectáculo taurino, y en algunos casos, hasta a amenazar con su prohibición.

Pero eso de que para ser taurino tienes que ser de derecha, y si eres de izquierda tienes que ser animalista y anti taurino, no deja de ser una falsedad, pues puede haber socialistas aficionados a los toros, y también, ¿por qué no?, tradicionalistas que eso de la Tauromaquia ni les vaya ni les venga.

El festival que permitió volver a abrir la plaza de toros de Las Ventas, la más importante del mundo, en Madrid, el pasado domingo, se convirtió así en una especie de acto de campaña, de exposición de motivos, de las autoridades actuales, del Partido Popular, quienes en los comicios de este martes en la capital española pretenden permanecer en el poder. Los toros pues en ese campo de batalla de la política, como estandarte de unos y enemigo de otros, como si la Guerra Civil no se hubiese ido del todo.

Pero como digo, los toros van más allá de las posturas políticas. La afición al toreo no tiene porqué, a mi modo de ver, tener colores, por más que intenten ponérselos a diario.

Publicado en El Diario de Querétaro.

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