¿Importa aún a nivel profesional la Tauromaquia en México?

Por J.C. ValadézDe SOL y SOMBRA.

La respuesta es si, todavía importa, pero no como en otros épocas cuando la afición hervía de pasión cuando se anunciaban los carteles de las principales ferias y temporadas en México.

Lamentablemente los toreros nacionales de hoy en día ya no levantan pasiones y la actual pandemia ha terminado por exhibir a la mayoría. Pero no solamente lo ha hecho con los matadores, también con los empresarios a los que les ha encendido las luces rojas ante lo que puede ser un desastre inminente, sin embargo su reacción hasta el momento ha sido muy tibia.

Es una pena pero los festejos taurinos de la pandemia (2020 – 2021) nos han demostrado la decadencia actual de una fiesta brava sin identidad, producto de tantos años de apostarle a la colonización del espectáculo con carteles repletos de toreros internacionales, en los que se ninguneaba a los toreros mexicanos.

Esto solo sirvió para que surgiera una generación de toreros teloneros o comparsas de los importados que lejos de defender su sitio en su país, se conformaron con partir plaza bajo condiciones inferiores a sus alternantes, pero con el mismo toro decadente que venian imponiendo los toreros de ultamar y que fueron convirtiendo a las corridas de toros en una fiesta social, al no haber en el ruedo muchos ingredientes para emocionarse o ilusionarse.

Si bien la fiesta brava en México antes de la pandemia ya estaba sumergida en una profunda crisis, hoy está en fase terminal ante la poca visión de quienes la manejan. Y los motivos son varios: primero, pérdida de casta y de pujanza de la mayoría de las ganaderías mexicanas; está perdida de casta ha derivado en la mutilación de la corrida, de modo que la suerte de varas, tiende a desaparecer y con ella los quites del primer tercio. Y por último, la monotonía en las faenas de muleta de los actuales matadores. Aunque hoy en día se toree para muchos taurinos mejor o con más temple y cierto mando, practicamente todos los toreros con una o dos exepciones, tienen el mismo corte y no emocionan o conmueven a casi nadie. Abundan los que se visten de luces, pero casi ninguno tiene la fuerza necesaria para arrastrar multitudes o la suficiente personalidad para cautivar con su toreo y agotar el boletaje.

¿Ante está crisis que se puede hacer para rescatar a la fiesta del naufragio total?

Recientemente el periodista Rubén Amón ha escrito en su libro de toros El fin de la fiesta (Debate), el ensayo que cierra una época. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué un torero ya no es un héroe? La respuesta un poco contraria a lo expuesto por Amón -que culpa a la modernidad- es porque estos simplemente no quieren, no les interesa o simplemente ya no pueden por su falta de oficio, celo profesional, valor o condiciones técnicas. Muchos pensamos que un breve periodo con toreros nacionales en todas las plazas serviría para revivir al espectáculo, ya que todos saldrían a rivalizar con sus alternantes y que el trapío del toro -que supuestamente habían reducido por los diestros importados- regresaría a todas las plazas ¡Pero que equivocados estábamos! el problema siempre estuvo en casa. Prueba de esto es que durante el pasado mano a mano celebrado en Texcoco entre José Mauricio y José Adame no hubo un solo quite entre ellos, aún cuando la plaza estaba repleta de un público que buscaba ver a dos gallos de pelea en el ruedo.

Pienso que lo primero que hay que hacer para enderezar la nave es darle la importancia que se merece al toro y pensar más en la esencia de la lidia que en la brillantez del torero, porque con toreros y empresarios acomodados no vamos a salir de esta fase terminal. No hay que olvidar que poco antes de la pandemia un 59 por ciento de los mexicanos estaba a favor de la prohibición de las corridas de toros, según una encuesta que hizo y publicó el diario Reforma. Mientras que el 73 por ciento coincidió en que los eventos taurinos “era un acto de crueldad” y solo el 25 por ciento dijo que las corridas de toros eran cultura, arte o tradición.

Por eso es importante regresar a los orígenes, volver a cautivar al público con la escencia verdadera del espectáculo que incluye su temática cultural y no mediante campañas publicitarias que buscan incentivar a los jóvenes vendiendoles la idea de que las plazas de toros son cantinas o antros. Este tipo de publicidad lo único que está provocando es una perdida de conexión entre toro – torero y aficionado. Es importante atraer nuevos tipos de aficionados, afianzar a los más jóvenes y crecer cada año, pero sin caer en excesos como el tratar de convertir a los recintos taurinos en bares de preocopa. Eso, en mi opinión es tener muy poca imaginación y talento.

“México busca un torero” es el nombre de un certámen taurino que actualmente se celebra en algunas plazas de nuestro país y yo le pregunto a sus organizadores así como a Luis Cuesta, jefe de jefes en De SOL y SOMBRA y un ferviente creyente de este certámen: ¿Dónde está ese torero? ¿Ya lo encontraron? Porque por más que lo busco entre el escalafón de matadores no lo veo. En mí subjetiva opinión pienso que la verdadera renovación y apuesta está en los novilleros y no en algunos matadores con más de diez años de alternativa.

También creo que es importante apostar nuevamente por el toro bravo fiero y encastado. Si de verdad queremos que esto continúe transmitiendo emoción en el tendido, necesitamos más bravura. La fiesta siempre ha atraído a las masas con el aliciente de la emoción, de la bravura y del suspenso. No les demos más motivos a los anti-taurinos y presentemos un toro íntegro en el ruedo que transmita respeto hacía el tendido. Necesitamos también apoyar a todos esos ganaderos románticos que apuestan por lo difícil y exigirles a los principales empresarios que los incluyan en sus seriales.

Pero regresando a la pregunta con la que titulé esta columna: ¿Importa aún la Tauromaquia en el 2021 a nivel profesional en México?

Si importa pero es urgente un cambio de dirección, porque la tauromaquia de hoy es un sector que se ha quedado totalmente obsoleto y que no ha sabido evolucionar con los tiempos actuales. Entiendo y defiendo que se han de respetar ciertos cánones. Pero al final, y más en la sociedad en la que vivimos en la que todo va tan rápido, esto también se trata de evolucionar o morir.

Desde mi trinchera pienso que sí se puede evolucionar teniendo una visión más pura de la Tauromaquia, para con ello dejar un legado para que las generaciones futuras puedan disfrutar de este hermoso espectáculo, que forma parte de nuestra cultura desde tiempos inmemoriales, y que sería una pena que se perdiera.

Pero el problema no es lo que yo
piense, el problema es lo que piensan esos taurinos que hoy tienen a la fiesta contra la pared y que se ofenden con cualquier crítica u opinión, pero no con lo que realmente les debe de ofender que entre otras cosas son la falta de figuras del toreo en la actualidad – esto por haberle apostado durante tantos años a la figuras europeas- y la subsecuente falta de público en todas sus plazas de toros.

Pero si desde dentro del propio mundo hay más antitaurinos que afuera, lo tenemos muy complicado.

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