“Cuando no puedes torear, llegas a echar de menos ese miedo que te mantiene vivo”: Ginés Marín.

El torero jerezano asentado en Badajoz debuta el viernes en Gijón, “una de las ferias más bonitas de España”

Por Miguel Rojo.

Ginés Marín (Jerez de la Frontera, 1997) será uno de los tres protagonistas de la primera corrida de abono, la del viernes, de las tres de las que se compone este año la Feria de Begoña. Debuta en El Bibio esta joven estrella de la tauromaquia que, tras quedar líder del escalafón novilleril en 2015, tomó la alternativa en en Nimes, el 15 de mayo de 2016, cortando una oreja. Confirmó la alternativa en Madrid el 25 de Mayo de 201, con toros de Alcurrucén, una tarde «mágica» en la que abrió la Puerta Grande de Las Ventas. Y en 2019 brilló en Olivenza, cortando cinco orejas. Entrena estos días en su finca de El Sotillo, en Fuenlabrada de los Montes, en Badajoz, donde vive desde los ocho años, y atiende a EL COMERCIO durante un descanso.

-Nueve corridas este año y 17 orejas. ¿Cómo afronta su debut en la Feria de Begoña?

-Es una feria que me hace mucha ilusión debutar, es una de las que te hablan como una de las ferias más bonitas de España, y tengo ganas de estar en Gijón, este año se han dado las circunstancias y voy con muchas ganas.

Toros de La Quinta. ¿Apetece enfrentarse a ellos?

-El hecho de que sea La Quinta, no una ganadería al uso de las que solemos torear, con encaste Santa Coloma, le da un aliciente especial, con ese punto de motivacion que necesitamos los toreros. Además es un cartel muy bonito, conjuga la veteranía de Finito de Córdoba y la juventud mía y la de Álvaro Lorenzo, que en 2019 triunfó con esta misma ganadería ahí en Gijón. Creo que pueden pasar cosas importantes.

En uno de los caballos, Gillermo Marín, su padre. ¿Quién manda más en la cuadrilla?

-Espero mandar yo más que él (risas). Lo llevamos bastante bien, trabajamos juntos desde hace muchos años y nos adaptamos el uno al otro. También lo pasamos mal el uno por el otro, pero estamos hechos a ello y en la plaza soy yo el que da las órdenes a mi picador, allí es uno más de la cuadrilla. Es fuera cuando, de vez en cuando, me cae la bronca que da el padre al hijo.

-¿Qué tiene en la cabeza esos momentos previos a que se abra la puerta de toriles?

-Intenta uno estar concentrado y tranquilo, pensar, recordar todo lo que uno entrena y tratar de sacar todo lo que tienes en la cabeza en la plaza. Luego sale el toro y, como se suele decir, todo lo descompone. Intentas ir con las ideas claras y los pensamientos limpios, con responsabilidad, y evitar la presión que te atenaza.

-¿Algún ritual antes de la corrida, alguna superstición?

-No soy de los toreros más supersticiosos, pero sí que tengo mi ritual. Yo que soy creyente llevo mi pequeña capilla, que me monto en la habitación del hotel, y rezo un poco antes de salir hacia la plaza. Cuando vuelvo doy las gracias por todo lo que ha salido bien. A la hora de vestirme tengo mis manías, y siempre me siento en el mismo sitio de la furgoneta, aunque es más por costumbre que por superstición.

-Una vez ante el toro, ¿en qué momento todo ese oficio que uno tiene se transforma en algo más, en algo especial?

-Hay momentos en los que ves que el toro se entrega y te da embestidas buenas, y ahí es cuando uno se centra en sacar lo mejor de uno mismo, olvidas la técnica y tratas de expresarte de la mejor forma posible. Son momentos muy contados en una temporada, cuando consigues liberarte de todo, de la técnica y la presión, y sale esa parte artística, es lo más bonito del toreo.

-¿Influye mucho la reacción del público mientras se está ante el toro?

-Uno está concentrado en lo suyo, pero a mí me influye mucho. Cuando notas que el público se mete en la faena, para bien o para mal, ves que lo que haces ante el toro tiene importancia, porque la gente aplaude o protesta si no le gusta lo que ve. A mi forma de ver, el oído que tienes puesto en el tendido es muy importante. A veces crees que estás haciendo algo bueno y el público no reacciona. Todo se tiene en cuenta.

-¿Cómo afronta el riesgo, ese encuentro que cada tarde tienen los toreros con la muerte?

-Yo creo que los toreros nos acostumbramos un poco a vivir con esos miedos. A lo largo del año pasado, que nos ha faltado tanto el torear, llegué a echar en falta esos miedos que te mantienen vivo. Pasar miedo es duro, pero el hecho de superarlo cada día te mantiene con ilusión y te permite marcarte metas que conseguir. Superar el miedo reconforta.

-¿Qué metas le gustaría lograr que aún no ha conseguido?

-Lógicamente, me quedan muchos sueños por cumplir. En principio, poder demostrar en Sevilla todo lo que llevo dentro, torear en Jerez, salir a hombros en Ciudad de México… y muchas más.

Publicado en El Comercio

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