Morante, un año para recordar.

Por Álvaro Rodríguez del Moral.

Sevilla, 23 oct (EFE).- La triunfal temporada protagonizada por el diestro sevillano Morante de la Puebla ha sido uno de los argumentos más sólidos de este año 2021, una campaña que comenzó lastrada por las restricciones de la covid, pero que ha podido concluir más cercana a la ansiada y definitiva normalidad.

Para entender mejor las circunstancias en las que se ha movido el diestro cigarrero en 2021 hay que retroceder a la temporada de 2020, en la que sólo participó en tres corridas tras la reactivación taurina veraniega. Dos de ellas, organizadas por el empresario José María Garzón, fueron las del 6 de agosto en El Puerto de Santa María (Cádiz) y la de la Hispanidad celebrada el 12 de octubre en Córdoba, en un inédito mano a mano con Juan Ortega.

En ambas brilló con luz propia la personalidad del torero de La Puebla. Pero había una novedad: la ambición por torear bien, poder a los toros, llenar de contenido cada espectáculo con responsabilidad de primera figura. De alguna manera estaba preconizando lo que iba a pasar en este 2021, que comenzó sin perder de vista las restricciones impuestas por el virus.

Morante, de hecho, tenía previsto iniciar su temporada el 18 de abril en la plaza de Sevilla pero el delirante proceso compartido por la empresa Pagés y la Junta de Andalucía acabó retrasando el empeño a septiembre. Con ese panorama, el torero de La Puebla del Río tuvo que esperar hasta el 14 de mayo para comenzar el año en el ruedo madrileño de Vistalegre, marcando ya la pauta de lo que sería el resto de su campaña.

Al día siguiente marchó a Córdoba para torear mano a mano con Finito de Córdoba. En aquella tarde, de hondo contendido artístico, sorprendió el brindis dirigido al empresario José María Garzón, en el que se pudo adivinar la inminente ruptura de Morante de la Puebla con su apoderado Toño Matilla, vinculado a la cúpula de ANOET, la patronal del toreo, que había apercibido al empresario sevillano después de la corrida de El Puerto.

Morante pasaba a dirigir él mismo su carrera y mientras comenzaba a navegar a velocidad de crucero por las ferias y festejos que comenzaban a recuperarse se apresuró a dictar algunos titulares. “Estoy aburrido de ‘juampedros’ y ‘garcigrandes’” espetó en una difundida entrevista publicada en El Mundo que sirvió de anuncio de un gesto lleno de riesgos: estaba dispuesto a matar seis toros de Prieto de la Cal en la plaza de El Puerto de Santa María.

Pero antes de llegar a la meta de El Puerto, desbordada de expectación, Morante pasó sembrando recuerdos en la mayoría de las ferias de primavera y el primer verano incluyendo compromisos de la trascendencia de Jerez o Huelva, en la que escogió una corrida de Torrestrella para materializar la apertura de encastes que ya había hecho en el ruedo francés de Istres apuntándose a los ‘santacolomas’ de La Quinta.

EL PUERTO: UN GESTO FALLIDO

El pretendido acontecimiento de El Puerto de Santa María se había preparado para el 7 de agosto. Morante había cuidado hasta el más mínimo detalle ornamental de un empeño que estaba supeditado a un elemento fundamental: el toro, que acabó convirtiendo la gesta en fiasco. Las reses de Prieto de la Cal, de la antigua casta de Veragua, dieron al traste con aquella hermosa declaración de intenciones que había logrado crear una ilusión inédita.

No embistió ni uno, ni para hacer el toreo de hoy ni el de antaño. ¿Había una mínima posibilidad de que pudieran hacerlo? A partir de ahí todo se convirtió en un imposible. No era la primera ni la última vez que un festejo taurino vendido y publicitado como gran acontecimiento se quedaba en agua de borrajas. En cualquier caso, y a pesar de la decepción, Morante seguía siendo el mejor de la campaña en los números y el recuerdo de sus obras.

Pero el calendario de la temporada continuaba y el diestro cigarrero aún tenía casi treinta apuntes en su agenda. Pasó, entre otras plazas, por Dax, Gijón –donde no se libró del acoso animalista-, Almería, Cuenca, Linares, Palencia, Valladolid o Albacete, además de Salamanca, donde se apuntó a los ‘galaches’, volviendo a colocar la prestigiosa ganadería charra en el mapa además de cuajar una nueva faena para el recuerdo.

Cuando el verano empezaba a declinar todos los caminos apuntaban a Sevilla. Le esperaban cuatro tardes, empezando por la apertura del ciclo el día 18 de septiembre, que implicó reabrir la plaza después de casi dos años de sequía taurina. Morante logró alumbrar con luz propia ese festejo inaugural, con Roca y Aguado en el cartel. Fue una faena tan bella por fuera como densa de contenido en la misma tarde que la rodilla de Aguado dijo basta.

En esa tesitura, y con Aguado en el dique seco, la esperada cita del día 24 de septiembre no admitía otra componenda que un mano a mano entre Morante y Juan Ortega que volvió a agotar el papel. Morante no tuvo demasiadas opciones esa tarde –la de la primera revelación capotera de Ortega- y encaró su tercer compromiso, con otro envío de Juan Pedro, resuelto a no fallar.

Su capote hizo nuevos los lances antiguos –cambios de rodillas, tijerillas- y sublimó el mejor toreo a la verónica. De su muleta surgió la faena más desgarradoramente bella y emocionante del ciclo –no faltó una tremenda voltereta- rematada con un gran volapié. Pero Morante tenía que cerrar la feria con la corrida de Miura. Lidió con solvencia al primero pero no pudo lidiar al inválido cuarto, sustituido por un sobrero de Virgen María al que toreó sobrado.

A la temporada del diestro cigarrero aún le faltaba una última cita trascendental antes de clausurarla. Fue el paso por Madrid, anunciado con los toros de Alcurrucén en la tarde del 12 de octubre y con todo el papel agotado. No pisaba Las Ventas desde 2017 y aunque los máximos titulares los acaparó la salida a hombros de Ginés Marín, el de La Puebla volvió a bordarlo con muleta y capote en una tarde de gran figura.

Cuatro días más tarde pasó por Jaén. Un inesperado sobrero de Sancho Dávila que remendó una mala corrida de Garcigrande acabó permitiéndole cuajar una original faena premiada con dos orejas. Esta temporada inolvidable iba a concluir en Arenas de San Pedro con Urdiales y Emilio de Justo, volviendo a embelesar a los aficionados.

Publicado en YahooNews

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