Entre nobeles taurinos…

Por Miguel Cid.

Tenemos la inmensa suerte de contar con un Premio Nobel, el escritor Mario Vargas Llosa que, desde niño, es un apasionado de la fiesta de los toros. Así lo puse de manifiesto el pasado día 18 de octubre en el Salón de Pasos Perdidos del palacio del Senado, cuando le entregué como presidente de la Asociación Taurina Parlamentaria nuestro premio especial.

Antes se había hecho la entrega a taurinos tan destacados como José Luis Carabias, periodista radiofónico, Gonzalo Santonja, catedrático e investigador de los anales del toreo, Simón Casas, empresario de Las Ventas y Morante de la Puebla, torero triunfador de esta temporada.

En mi laudatio sobre Vargas Llosa, destaqué su pasión por los toros desde que con 8 o 9 años le llevó su abuelo a ver una novillada a una placita de toros que había en Cochabamba (Bolivia), y quedó tan impresionado que tomó «la decisión inquebrantable de no ser aviador ni marino, sino torero”. Menos mal que la quebrantó y no perdimos un gran escritor por un aleatorio torero.

Recordé que ha habido otros premios Nobeles apasionados de los toros como Hemingway, seguidor también entusiasta de Ordóñez y de los Sanfermines como explica en su novela «Muerte en la tarde». Y, sobre todo, Camilo José Cela, que además de escribir de toros, » El gallego y su cuadrilla», quiso también ser torero, hasta el extremo de vestirse de luces en la plaza de Cebreros, Ávila, aunque sin suerte pues el novillo, que era un marrajo, según cuenta, no pudo matarlo y tuvo que hacerlo la Guardia Civil.

Pero quizás, la anécdota más interesante de Vargas Llosa es que para ver a Ordóñez, en la peruana plaza de Acho, tuvo que empeñar la máquina de escribir, lo que ya es decir en un escritor ¿Cabe mayor desprendimiento y afición? Cándido Méndez, exsecretario general de UGT, exclamó al oírme la anécdota en una tertulia de amigos, «¡pero si era su medio de vida!». Y es que los toros apasionan hasta esos extremos.

No obstante, Camilo José Cela dijo algo importante, además de contar sus peripecias como aspirante a torero: «la gran novela sobre los toros está por escribir, pues el mundo taurino está lleno de tópicos». Yo, lo conté sin segundas sino como un reto pendiente. Me imagino que Vargas Llosa habrá tomado nota. Sería magnífico que lo afrontara. Yo, por cortesía, no dije más. Ojalá un día se realice.

Lo que sí quedó claro, es que la Tauromaquia está por encima y al margen de cuestiones coyunturales como la política pues es, como dijo nuestro premiado Nobel, de Literatura, «pura belleza». Y la belleza, por suerte, no tiene ideología. Faltaría más.

Publicado en El Español

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