‘Dune’ de Denis Villeneuve: épica y tauromaquia en el Mediterráneo.

Por Fernando Carreño.

Lo primero que hay que decir de ‘Dune‘ de Denis Villeneuve son dos cosas: que es un magnífico espectáculo visual y que hay que agradecer al director que no haya querido ‘interpretar’ la obra original más que en mínimos detalles. En eso demuestra inteligencia porque Frank Herbert escribió una historia tan amplia, compleja y llena de matices que lo más seguro es que alterarla fuera romper su equilibrio y convertirla en un batiburrillo en el que veamos a gentes raras de rostro torturado decir cosas bajo un ardiente sol.

Y así los dos directores que han abordado ‘en serio’ Dune han optado por lo más lógico: Tanto David Lynch como Dennis Villeneuve han contado en imágenes la novela. El proyecto de Lynch suele calificarse de fallido. Y quizá no lo fuera tanto porque Villeneuve se reconoce en la práctica como deudor, al incorporar varios elementos del mismo -la narradora inicial, aunque lo que dice es bastante diferente, y tanto Kyle McLachlan (Paul Atreides) y Jurgen Prochnow (el duque Leto) tienen sus herederos en Thimotèe Chalamet Oscar Isaac-. Pero la película de Lynch fallaba en la ambientación desde el principio (el Palacio Imperial parecía un salón de bodas de Las Vegas y el emperador, el conserje) mientras en la película de Villeneuve apuesta por un gigantesco minimalismo. Y se aprecia la evolución de la industria: El Dune de Villeneuve abarca más o menos la mitad de la novela original. Se anuncia como ‘primera parte’.PUBLICIDAD

Como decimos, Dune es una novela. Por lo tanto, sin hacer los temidos ‘spoilers’, sí vamos a citar algún detalle del argumento novelesco lo cual no tendrá gran importancia: quien ha leído la novela y va a ver la película (muchísimos, seguro), sabe de qué va. Quien no, tiene la novela en la red, o en su defecto el argumento en wikipedia. Nos moderaremos pensado en los restantes.https://www.youtube.com/embed/8g18jFHCLXk?enablejsapi=1

A Dune se le califica como epopeya ecológica y religiosa y eso es lo que vemos en la novela: Vemos un planeta que pudo ser un vergel y se queda en desierto por interés económico. Son fácilmente identificables los fremen como chíitas (un tanto expurgados de valores ‘discutibles’) o judíos que esperan un mesías. Un imperio que funciona con los valores de traición e interés propios del Renacimiento o la Grecia clásica, pero también tiene órdenes militares ‘religiosas‘.

Tenemos también a unas fabricantes de religiones que sirvan a sus propios intereses en unos plazos que se miden en siglos, un duque Leto que muere como un Cristo yacente pero sin poner la otra mejilla y una ‘magia‘ (las Bene Gesserit) que en realidad no es más que entrenamientoVilleneuve no lo explica: lo muestra, de tal forma que el espectador ve las percepciones de los personajes, no sabe más que ellos. No muestra a los Navegantes más que de pasada y de la Especia sabemos esquemáticamente su uso e importancia. Los nativos -y ahí está la ecología- hablan más del agua, más importante para ellos. Y para nosotros también.

Paul sabe que en realidad la religión fremen es una superchería como tal, pero se aprovecha de ella pues entiende que al final le va a favorecer. Y eso es un detalle que desmiente a la corriente de opinion que dice que Villeneuve no hace evolucionar a los personajes: en la novela evolucionan y en la película lo hacen a través de sus hechos.

‘Dune’ es un grandioso espectáculo visual que hay que ver

Pero con todo, quizá el gran hallazgo de Villeneuve haya sido la ambientación: Dune transcurre en el Mediterráneo Oriental -sí, en Arrakis, pero es que Arrakis es el Mediterráneo Oriental, con sus desiertos y con sus roquedales- En los Atreides (descendientes como sabemos de los Átridas de la Iliada) es fácil identificar a griegos -sobre todo al duque Leto- en contraposición a los decadentes ‘romanos‘ Harkonnen. La arquitectura de Dune remite directamente a la arquitectura micénica y egipcia, los tonos ocre predominan. Algunas de las naves espaciales parecen de cerámica arcaica y, en fin, la tauromaquia cretense y luego española tiene un papel breve -y sorprendente, desarrollado a partir de una frase de la novela- pero fundamental. El Imperio ofrece Dune a los Atreides como engaño, igual que la muleta a un toro.

Por lo demás, el reparto es muy correcto, el tono épico, constante. Las escenas de acción, bien integradas y con la espectacularidad que cabe deducir del presupuesto de la película. Muestra de la importancia que le ha dado a ese diseño de producción, a la atmósfera de la película, capital para su desarrollo, es que ha trabajado con un equipo con el que ya estaba muy familiarizado.

Punto y aparte para la música de Hans Zimmer. Quizá esté empezando a extremar su imagen de Hans Zimmer pero en fin: los bum-ba-da-bum-bum-bum no quedan mal en una historia épica desde la primera frase e imagen.

En fin: Hay que ver Dune de Denis Villeneuve. Pero en pantalla lo más grande posible, porque está concebida así. El peligro es que la ‘segunda parte’, si llega -no está aún garantizada su realización- no esté a la altura. De todos los personajes una Zendaya llamada a ser coprotagonista es el que menos altura ha alcanzado en esta primera fase. Esperemos que evolucione…

Publicado en Marca

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