Espartaco, a Arturo Pérez-Reverte: “El amor de mi vida ha sido el toro bravo”

Torero y escritor han clausurado este miércoles el ciclo ‘Letras en Sevilla’ que ha debatido estos días sobre posiciones taurinas y antitaurinas.

Por Jesús Bayort.

¿En qué piensa un torero durante los instantes previos a jugarse la vida? Fe, esperanza y caridad. Las tres virtudes teologales, como única herramienta de salvación. Arturo Pérez-Reverte, durante su etapa como reportero de guerras, sintió la curiosidad por reportajear la vida de un torero. Dos semanas de carreteras, ventas, hoteles y corridas junto a Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’ para plasmarlo en las páginas de XLSemanal.

«Me atraía más la intravida del maestro que las corridas», señaló el escritor. Y de esa vivencia se le vino el título: ‘Los toreros ¿creen en Dios?’.

Bajo el mismo rótulo volvieron a reunirse, tres décadas después, torero y periodista, como clausura del ciclo de debates ‘Toros sí, toros no: ¿cultura, tradición o barbarie?’.

La ovación que recibió al maestro de Espartinas fue igual de sonora y sentida que en sus mejores años como figura del toreo. «De aquella etapa me quedó la admiración y el cariño por el torero y por la persona. Lo vi vestirse de luces y volver de la plaza, a veces vencedor y a veces derrotado. Juan es de los toreros clásicos que llegaron al toro para poder comer», expuso Pérez-Reverte.

Dominguín le dijo que no bebiera agua

El escritor explicó que en su vida hubo un antes y después tras conocer al torero: «Marcó mi vida para siempre». Y le recordó cómo le había reconocido en una ocasión ser un torero «medroso». «Aunque podía transmitir cierto valor en la plaza, yo era una persona con mucho miedo», explicó el maestro, y continuando con una anécdota que vivió con Luis Miguel Dominguín: «Me dijo que nunca bebiera agua después de hacer el paseíllo, porque le demostraba a los compañeros que traía la boca seca. Había veces que lo podía ocultar y otras en las que me bebía un litro».

Ahondando en el título del encuentro, que escogió Pérez-Reverte tras ver cómo los toreros montaban sus particulares capillas antes de cada tarde, Espartaco explicó que creer en Dios le había ayudado muchas veces. «Cuando uno está preso de la tensión necesita agarrarse a Dios. Lo que he conseguido es por mi fe y por lo que he creído en él».

Amor por el toro

«El amor de mi vida es el toro, mi ruina será el toro y todo lo que tengo es gracias al toro. El toro ocupa un lugar fundamental en mi casa. Tanto que tengo 426 animales, y sólo lidio 30 al año. Sale uno a la plaza, pero tienes que mantener a la madre, al padre, a la abuela… ¡Qué satisfacción volver de una plaza y mantener relación con la familia del toro!», señaló el torero de Espartinas.

Eso fue en la clausura de la jornada, pero una hora antes fue también Arturo Pérez-Reverte el encargado de hacer el despeje plaza. Tomó el escritor la palabra para puntualizar que, durante las diferentes sesiones que se han desarrollado en estos días, se ha intentado que el debate «no fuese visceral, sino intelectual y de razones entre gente educada, y en el que los adversarios lleguen a comprender qué mueven al otro. Que ni es un asesino por un lado, ni es un tonto ignorante. Ecuanimidad y equidistancia».

Tauromaquia y derecho animal

Jesús Vigorra hizo su último paseíllo del ciclo flanqueado por juristas: Joaquín Moeckel, abogado de la empresa Pagés, gestora de la Plaza de Toros de Sevilla; y Nuria Menéndez de Llano, abogada y directora del observatorio de Justicia y Defensa Animal. El debate se había titulado a propósito ‘Tauromaquia y derecho animal: el eterno debate’.

Preguntados ambos abogados en primer turno sobre si los animales tienen derechos, sendas respuestas quedaron en las antípodas. «Los animales no tienen derechos porque las personas que tienen derechos son sujetos pasivos de obligaciones. Yo tengo derechos porque tengo obligaciones», señaló Moeckel, frente a la opinión de Menéndez de Llano, que recalcó que «un animal siente, padece y tiene capacidad de entender. Y el Estatuto de Andalucía dice que los poderes públicos tienen el deber de proteger a los animales. Y que yo sepa los toros son animales».

Animalismo taurino

«Yo me considero un animalista taurino: tengo un perro en casa al que le hablo. Pero una cosa es que me acerque como ser humano al animal y otro cosa bien distinta es cuando no tenemos en cuenta la especificidad. Una cosa es imponer normas que impidan el maltrato animal y otra es que el animal tenga derechos», especificó Joaquín Moeckel.

La directora del observatorio de Justicia y Defensa Animal pide que la legislación española deje de considerar a los animales cosas y pasen a reconocerlos como seres sintientes. «Tienen derecho legales, pero no tienen derechos humanos. No tienen derecho de sufragio, ni lo necesitan. Considero que la protección cultural debería abarcar la cultura de la protección de los animales. Los toros es un espectáculo cruel».

También aseguró el abogado sevillano que ser taurino hoy en día «es ser progre, porque es transgresor. Ser taurino trasgrede las costumbres normales. Me niego a entrar en una globalización buenista en la que se me considera un ser amoral por acudir a una plaza de toros».

Publicado en ABC

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