Toro íntegro siempre, sin corridas “bonitas”.

Por Gaspar Silveira.

Dos cosas quiero aclarar en torno a la entrevista que nos concedió Emilio de Justo, a razón de valiosas opiniones que hacen conocedores de la Fiesta. Razones muy poderosas tienen.

Una, del doctor Ulises Zapata León, juez de plaza de la Plaza Mérida, que, con argumentos válidos, expresa su desacuerdo entre la mención de que en Guadalajara es el coso donde más se exige el “toro bravo” en el país. “Todos queremos que en nuestra plaza salga un toro bravo. Sin embargo, nadie, ni el ganadero, podrá saber si saldrán bravos. Se podrá ser exigente en el trapío y la negación del afeitado. La bravura es un volado”. Puede señalarse como error del reportero al escribir la entrevista, aunque el concepto “toro bravo” es lo que todos queremos ver en las plazas, sea Guadalajara, la Mérida o la México. La verticalidad del doctor Zapata siempre está allí.

Segundo punto a aclarar, desde la opinión de Antonio Rivera Rodríguez, que escribe como habla y cuya pluma es de las más respetadas en esto del toro en México. Se señala que el matador De Justo habla de una “corrida bonita” al referirse al encierro de Begoña lidiado en Aguascalientes en su debut en ruedos mexicanos. Y se acepta el señalamiento. Con razones: al diablo con los “boniteros” que quieren ver una corrida bonita en lugar de una corrida brava, con toros que peleen, que tengan sensación de peligro. Es un modismo, dice Rivera Rodríguez, que afecta sobremanera a la Fiesta, en su dignificación de lo que es en realidad. Al fin y al cabo, el toreo es un rito de vida y de muerte, en que debe morir el toro, pero debe pelear y poner en peligro al que lo lidia.

Remata el maestro Rivera con una expresión de Pellicer Cámara: “Voy a los toros, y nunca voy a ver morir a un torero, pero si los toreros no pudieran morirse, tampoco iría a los toros”.

Nada, pues, de “corridas bonitas” ni de querer “toros bravos” saliendo de la ganadería. Queremos toros de verdad, íntegros, con todas las de la ley, y así, quizá, podamos llamarle “bonito” a un encierro, no a uno pequeño y cómodo.

Las ganancias de esta interesante charla con Emilio de Justo dejó otros comentarios, de todo tipo. En lo particular me ha permitido tener de primera mano la voz de una figura del toreo que, si él y los toros no dicen otra cosa, nos puede permitir la extensión de una carrera importante. Emilio lo es.

Le vi torear en Las Ventas de Madrid en el San Isidro de 2019. Un torero de verdad, no de públicos, sino para él, y de allá llegar a las masas, que es distinto. De muchas corridas que he visto en vivo y en la televisión, encantó De Justo como pocas veces había vivido. Torear a la verónica con lentitud y clase, y para usar la muleta le ofreció la tela roja y la vida pese al riesgo del viento y a las dagas que traía “Dictador” en sus astas. Torero en toda la extensión de la palabra.

Y me quedaron ganas de una plática con él, porque ese día Madrid quería comérselo, aun sin abrir la Puerta Grande. Ya tendría oportunidad, él, de salir en hombros y rozar el cielo con la gloria, y yo de entrevistarle.

Cierro esta entrega mandando un abrazo a Almudena Grandes, fallecida en Madrid. La gran escritora fue una aficionada íntegra a los toros, y defensora de su verdad, que es única. Por ella es por la que debemos luchar todos los que la adoramos.

Publicado en El Diario de Yucatán

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