A toro pasado, segunda de El Relicario. Tratar con cuidado, contiene sueños.

Por Jaime Oaxaca.

Surgidos de la nada, como por arte de magia, impredecibles, los niños llenaron el ruedo de El Relicario. 

Boruca, risas, gritos, ilusiones, sueños, todo lo que son los niños estuvieron, el pasado viernes, vistiendo, embelleciendo, dando vida a la plaza de toros. 

A ese coso cuyo ruedo paulatinamente se ha convertido en un lugar prohibido para los aficionados, aficionados que extrañan su plaza. Hay que dejarlos que se acerquen, que se sientan en confianza. 

En la noche del viernes se realizaría la segunda corrida del serial, nada relevante ocurrió. Lo mejor del día sucedió en la mañana, ahí estuvieron dos de los actuantes, “El Calita” y Silveti con los chavales, éstos se la pasaron sensacional con los consejos
y paciencia de dos toreros hechos y derechos. 

Total, todo bien, muy bien, el acontecimiento rindió más frutos de los esperados. 

La pregunta: ¿qué hacer con esos chavales? 

Hay que olvidarlos o es conveniente retenerlos. Cómo hacer que vuelvan a la plaza, que sus papás los lleven. 

No se trata de que se hagan toreros, el objetivo es que regresen a la plaza, que se sientan a gusto toreando de salón, que jueguen en el ruedo, que El Relicario se convierta en parte de su rutina. 

Los chavales le están dando a los empresarios la oportunidad de acercarse a la sociedad poblana, de que dejen de ser personajes extraños inalcanzables, que se integren a la Puebla de los Ángeles. 

La fiesta de los toros requiere de los niños, en ellos están los nuevos aficionados. 

Los antitaurinos bien que lo saben, por eso buscan hacer daño en la niñez. Van pian, pianito, sembrando la semilla de la mentira en los infantes, intuyen que a largo plazo obtendrán beneficios. En algunas escuelas de párvulos y primaria les meten en la cabeza
a los chavales que la tauromaquia es para asesinos. 

La lucha de los antis para prohibir la entrada de los niños y adolescentes a las toreadas, consiste en evitar que éstos se hagan aficionados. Tengamos en cuenta que la mayoría de los que ahora son aficionados, asistieron en su niñez a la plaza. 

Huamantla ha puesto la muestra a todo el país. El matrimonio integrado por Juan José Palacios y Arleth Torres, realizan curso en las vacaciones escolares de verano, lo imparten a niños entre 6 y 12 años. Se llama “Juguemos a los toros”. Llevan cinco años que
lo realizan, éste y el pasado la pandemia lo evito. 

No me imagino a Pedro Haces sentado en el estribo platicando a los niños de aventuras taurinas, pero sí lo veo como el empresario, el hombre que permite que se abra la plaza y saque la cartera para pagar unos cuantos pesos a alguien para que pase dos horas
diarias con los chavales, jugando al toro, haciendo ejercicio, aprendiendo a pintar, a dibujar, haciendo escultura en plastilina, escuchando hazañas de los toreros. A lo que se les ocurra. 

Que los chavales y sus papás no se sientan extraños en la plaza, que no se consideren ajenos. El Relicario es su casa. 

Es obligación de los taurinos y los profesionales, tratar con afecto y respeto a los aficionados del mañana, mantener vivas las ilusiones de los niños. Como dice el filósofo italiano Mirko Badiale: tatar con cuidado, contiene sueños. 

Fotos: Juan Ángel Sainos.

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