Un deseo taurino de unidad para el Año Nuevo.

Por Javier Cámara.

«Cuando hay toros no hay toreros y cuando hay toreros no hay toros». Es el mantra taurino por antonomasia. Es el lamento perpetuo del aficionado para justificar cualquier mala tarde de toros. Y de un tiempo a esta parte, una sentencia casi infalible que pronostica el resultado de no pocos carteles de toros.

En ese ‘cuando hay toros no hay toreros y cuando hay toreros no hay toros’ se recogen los innumerables intereses empresariales, ganaderos y toreros que zarandean entre zozobras y agonías esta maltrecha fiesta de toros.

Pero como estamos inmersos en Navidad, dejaré las penas a un lado y compartiré con todos ustedes un mensaje de optimismo y de unidad. De aquella unidad que alcanzaron en Logroño por 1991 empresa, prensa y afición. Vean, vean lo que he rescatado para estos primeros compasases de 2022 del número 28 (III época) de la revista ‘El Ruedo’, de fecha de 5 de septiembre: ‘Espartaco no quiere torear en Logroño’.

La razón que vino a motivar la ausencia del sevillano en ‘La Manzanera’ se debía al ‘maltrato’ que solía recibir el diestro por parte de algunos aficionados cuando toreaba en la capital riojana.

Lo que podía parecer una catástrofe para la feria de aquel ‘sanmateo’ del 91, se tradujo en una declaración de responsabilidad, rigor y respeto por y para la fiesta de los toros en el Logroño de hace treinta años. Sin ‘Espartaco’ en los carteles, se anunciaron los dobletes de César Rincón, Ortega Cano, Juan Mora y ‘Joselito’. Si bien el diestro colombiano solo actuó una tarde en aquel abono mateo, Ortega Cano no participó en ninguna de sus comparecencias, y fueron Rafi Camino, Emilio Muñoz haciendo doblete y ‘Joselito’ con tres tardes en la feria, los que suplieron aquellas ausencias. Se anunciaron toros de El Puerto de San Lorenzo, Guardiola, Algarra, Alonso Moreno, Oliveira Irmaos y Joaquín Buendía y desfilaron sobre la arena de ‘La Manzanera’ Curro Vázquez, Enrique Ponce, ‘El Fundi’, Ruiz Miguel, ‘Gallito de Alfaro’ o Pablo Hermoso de Mendoza, entre otros.

Pero volvamos a la ausencia de ‘Espartaco’, cuyo motivo, de que «un grupo reducido de espectadores que no le juzgan al final de la faena, sino que tienen una actitud hostil y premeditada en su contra durante sus actuaciones» era catalogado en esta revista de puerilidad.

Rafael Moreno, apoderado del diestro, se venía a disculpar de esta guisa: «En Logroño hay una minoría que está claramente en contra de Espartaco. Ahora bien, si esta minoría termina por imponerse y contagia al resto de la plaza, tampoco hay por qué hacer sufrir a los espectadores: no se va y en paz».

Manolo Chopera era el empresario de Logroño y reconocía que intentó por todos los medios la contratación del de Espartinas, permitiéndole elegir dos corridas de las que iban a lidiarse en aquella feria y unos emolumentos superiores a los del año anterior, «y así se lo explico a la afición logroñesa, Espartaco no ha querido ir este año». Casi casi como ahora cuando los descendientes de ese mismo Manolo Chopera vienen a explicar las reiteradas ausencias de Diego Ventura o las de otros toreros que atraviesan el mejor momento de su carrera. Entiéndase la ironía, claro. O la injustificada presencia de ‘cuvillos’ y ‘garcigrandes’, carentes de presencia, ayunos de poder y endebles hasta decir basta, para propiciar la presencia de los llamados toreros de tirón.

Mención especial merece la lectura que hacía Manolo González de aquella ausencia: «La afición de Logroño es una afición torista. Aquí sale el toro-toro y la gente no está dispuesta a cambiar su forma de entender la fiesta por el mero hecho de que algunas figuras se nieguen a venir en esas condiciones. Este año no vendrán ni Espartaco ni Roberto Domínguez, peor para ellos, aquí nadie les echará de menos. Es preferible que el que no quiera torear no venga a ceder a unas condiciones que lo único que conseguirían sería matar el espíritu de nuestra feria. Una feria seria y ejemplar en muchos aspectos, sobre todo en la presentación de los toros».

El orgullo que me invade leer esta defensa de nuestra feria es máximo, tanto como mis deseos por alcanzar esa unidad entre empresa, prensa y afición, hoy prácticamente inexistente. De ahí, que la feria taurina de San Mateo se debata hoy entre la mediocridad y el esperpento.

No se sentía respetado ‘Espartaco’ en Logroño, cuando lo que sucedía en realidad era que no se le pasaban por alto exigencias que atentaban contra la grandeza y la emoción de la fiesta de los toros. Un empresario dotado de sensibilidad, una prensa rigurosa y una afición exigente obraron lo que hoy no deja de ser una quimera.

Por cierto, en aquella feria torista de 1991 ‘Joselito’ casi corta un rabo y Enrique Ponce, ‘Niño de la Capea’, César Rincón y Emilio Muñoz pasearon una oreja cada uno. ¡Bendito torismo que puso a Logroño en lo más alto del panorama taurino universal!

¡Vaya, pues, mi deseo de aquella unión, dignidad, integridad, seriedad, rigor y responsabilidad taurina para este 2022! ¡Y que cuando haya toreros haya toros!

¡Feliz y taurino Año Nuevo!

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