José Tomás, ¿globetrotter del toreo?

Por Juan Diego Mandueño.

CUANDO José Tomás pinchó la burbuja de la clausura mediática al aparecer en casa de José Ramón de la Morena jugando al tenis con uno de los Café Quijano marcó la transición de ídolo de la España analógica a tópico de la literatura sabinera. Este país lleva años rechazando lo que es pero José Tomás, el torero que gentrificó el misterio, mantenía reservas de prestigio en los desconectados del hecho de los toros. Era, antes de dinamitar su leyenda por un espasmo de celebrity aburrida, el icono del héroe clásico entre la diáspora que huyó de las tardes históricas a espectáculos, digamos, con mejor prestigio social. El hombre invencible, el héroe que rechazó las promesas de eternidad en Aguascalientes, hizo coincidir el inicio de la decadencia con el final de Enrique Ponce y los dos, unidos por el cordón umbilical del antagonismo, dejaron algunas consideraciones acerca de su trayectoria al lado y decidieron echarse a vivir. Uno apareció flotando en una colchoneta con forma de cocodrilo y el otro decidió abandonar el refugio que mantiene intacto su caché y dejarse grabar pasando bolas en chándal y con el pelo recogido. Esta época es una oportunidad de describir declives y a la vez llegan la caducidad de las cosas importantes y el derrumbe de algunos vicios hedonistas que ayudaron, no hace demasiado tiempo, a pasar el trago de estar vivos. José Tomás decidió unirse a la marcha hacia el desfiladero anunciándose con cuatro toros en Jaén, como si las consideraciones acerca de la excelencia de su compromiso con la vocación se hubieran esfumado a tiempo de rebañar el último sorbo del dinero.

El atracón de expectación se lo dará en una plaza cualquiera, contratado por un empresario cualquiera, en una fecha cualquiera y organizando una corrida de toros cualquiera, en las afueras del canon, en el extrarradio de las claves que alguna vez dio para afrontar el juego de dados con la muerte que es hacer el paseíllo. José Tomás ha firmado su primer bolo como globetrotter del toreo y es el momento de decir adiós al tipo invisible que volvió de la muerte y dar la bienvenida a la nueva atracción de las tradiciones ibéricas. La cultura popular inaugura su Dragon Khan y los partidarios que acudirán a pie, en jet o en coche recibirán un certificado de experiencia expedida por el promotor de Galapagar, deshecho ya el trampantojo de oficialidad de sus apariciones.

En la intimidad que compartirá con miles de personas, José Tomás desbrozará algunas consideraciones conservadoras pero no podrá considerarse más un revolucionario. Minimizar, desgajar y saturar el espectáculo de la muerte del toro es sólo su capricho.

Publicado en EL Mundo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s