Aguascalientes: Roca Rey reedita triunfo, Sánchez se priva de mayores apéndices y Adame corta orejas protestadas.

Por Sergio Martín del Campo Rodríguez.

Hay ocasiones en que los que forman parte del andamiaje taurino nacional, les da por ponerse honrosos. Esta vez los Herederos de Teófilo Gómez despacharon un encierro decentemente presentado. En el ruedo, uno a uno, fueron apareciendo seis cornúpetas que bien tratados estuvieron en los pesebres. Mezcla buena de concentrados recibieron y su genética de lidia dio más de lo previsto. “Yo peor me la esperaba, dijo la que se fue al infierno”.

No resultó mansa la partida, como es costumbre en este hierro; que va, por el contrario, hubo toros buenos, con cierta dosis de bravura. Sobresalieron el primero, “Inspiración”, No. 645 y de 450 kilos para el que se mandó arrastre lento, y el quinto, que fue aplaudido en el momento que sus despojos iban en dirección al patio de tablajeros. Fue anunciado como “Apasionado”, quemado con el 595 y de 481 kilogramos. El sexto también merece ser mencionado, “Te extraño”, No. 627 y con 474 kilos en el dorso.

Roca Rey reeditó el éxito de su primera comparecencia; ahora superándose con tres orejas. Es un joven que tiene el cetro como diestro más importante de América.

Juan Pablo Sánchez despostilló su primera faena –merecedora de dos orejas- por haber estado mal al empuñar el estoque, no obstante, se dio dispuesto y cobró un apéndice en su segundo por otra faena de muy buen trazo. En su oportunidad, Luis David Adame cortó las orejas, entre las airadas protestas del cotarro, al sexto. Mucho se apreció de pachanga, sin que ello demerite muchos buenos momentos de los que fue protagonista.

Más de media entrada se le vio en las gradas a la monumental de Aguascalientes en esta que fue la quinta corrida del serial de San Marcos.

Bien toreó por verónicas y mejor bregó Juan Pablo Sánchez (vuelta al ruedo y oreja). El bonito berrendo en cárdeno llegó a la muleta demostrando gran maleabilidad e insuperable estilo; y entonces se disfrutó de la especialidad de la casa: el derechazo suntuoso, de mano muy baja y de temple mágico, en el que acarició con amor las embestidas extensas de la res. Gran faena la suya, mancillada, sin embargo, a la hora de terminarla con la espada.

La modesta fuerza de su segundo provocó que sacara la habilidad y el talento. Lo trató entre algodones, manejando la sarga amablemente y aplicándole un temple puntual, con cuyos argumentos buriló la faena en la que, al modo de nueva edición, exprimió hasta la última embestida al antagonista. Ahora sí se vio mejor al sacar el estoque, y mató de media espada tendida y un punto tardía de efectos.

El segundo, aunque tardo, iba con claridad a la muleta; Roca Rey (oreja y dos orejas), luego de estar variado al emplear el capote, manejó aquella de modo correcto y exprimió lo que el adversario traía, en una faena extensa en la que destacó lo hecho por el diestro lado. Con la toledana, igualmente, presumió el oficio y propinó un formidable espadazo.

Otro excelente trasteo cuajó ante su segundo, quinto de la función; un toro fijo, de recorrido interminable que embistió arrastrando los belfos en la carpeta de arena. Primero lo bien toreó por verónicas y caleserinas para prologar la faena muletera, la cual le resultó estupenda, como merecía el bóvido. De todo hizo moviendo la franela, sobresaliendo los eternos derechazos y naturales que hicieron levantar de sus asientos al respetable, el cual llegó al clímax cuando el sudamericano artizó la estocada que, aunque pasada, fue suficiente.

Variado y dispuesto hizo uso del capote Luis David Adame (al tercio y dos orejas tremendamente protestadas) para luego tomar la pañosa y armar una faena correcta y bien estructurada en la parte técnica, no obstante, gélida, seca y de poca alma. El bicorne observó movilidad y siempre tomó los engaños claramente; ello merecía quehacer caliente, pero muchos notaron la actitud soberbia y de “perdona vidas” del espada, que al desenfundar el arma no pasó de regular.

Si no se pudo embonar por verónicas luego de incorporarse de la tercia de largas cambiadas cuando recibió al sexto, espléndido y variado quite cuajó en los medios al modo de zapopinas y un farol invertido. La espectacularidad prosiguió, primero en el segundo tercio, el cual cubrió destapando altas facultades atléticas, luego en un trasteo entusiasta y de amplio repertorio de suertes –que mucho tuvo de show dedicado a la gallera-, dando eco a las buenas condiciones del bovino que manifestó fijeza, clase y recorrido, aunque acabó buscando el calor del tablero. En vez de una estocada, tal demandaba la situación, interpretó un bajonazo; pese a ello, denotando el juez absurda evaluación, fue premiado con las orejas.

Publicado en Noticiero Taurino

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