Séptima Puerta del Príncipe para el toreo de salón de El Juli.

El diestro madrileño cortó tres orejas y una Manzanares en otra tarde triunfalista con mansos y nobles toros de Garcigrande.

Por Antonio Lorca.

Que no es por llevar la contraria, no. Que El Juli es una figura por méritos propios que se muestra en plenitud de facultades técnicas y artísticas; y que no es casualidad que haya abierto ya siete veces la deseada Puerta del Príncipe. Tan cierto es todo eso como que la plaza de La Maestranza se ha consagrado en lo que va de feria como un mercadillo barato, barato, en el que se ha perdido todo atisbo de exigencia y se regalan las orejas como los vendedores de frutas reparten gajos de naranjas.

Tres orejas cortó El Juli y una Manzanares; pero los tres podían haber paseado cuatro si hubieran acertado con la espada y hubieran puesto (el de Alicante y Aguado) algo más que insulso postureo. Honor y gloria para don Julián López, y un gorigori para el prestigio de esta plaza, que ha muerto por decisión de los espectadores y la cooperación necesaria de los presidentes.

La corrida del ganadero Justo Hernández, de bonitas hechuras, fue mansa en los caballos y repartió nobleza por todos los rincones. Hubo toros de sangre dulce y bondad infinita, como el primero, al que El Juli le cortó las dos orejas.

El torero, que es catedrático veterano, supo antes que nadie que tenía delante un merengue, y se dispuso a disfrutar como si estuviera en el patio de su finca. El animal era un bendito, y la muleta de El Juli, una varita mágica que conducía la nobilísima embestida con suavidad, lentitud y elegancia suprema. El maestro toreó a placer, para su contento y la mirada aprobatoria del público. Pero no hubo pasión porque no puede haberla en el toreo de salón. Surgió el biennnnn…, que sale de la boca, pero no el olé que brota del corazón.

El Juli lo hizo bonito; hubo dos derechazos y dos naturales que completaron el círculo que fueron una preciosidad, pero nadie se levantó de su asiento. Fue una faena fría, en la que el toro era un carretón que no molesta ni hace sudar. Fue, también, una faena de catedrático veterano que se sabe la lección, pero que, de tanto repetirla, la cuenta sin darle importancia. Mató mal, de una estocada muy trasera, pero qué más para este público tan presto al triunfo y al reparto de regalos…

La ceremonia continuó en el cuarto, otro muchacho de buena familia. Elegante fue el inicio de la faena, por bajo, rodilla en tierra, una trincherilla, un remate y un largo pase de pecho. Hubo destellos, algunos brillantes, y otros despegados, en el conjunto de una obra desigual. Volvió a fallar en la suerte suprema, pero…

Manzanares también cortó su orejita de rigor; y se escribe en diminutivo porque diminuta fue su labor ante el quinto, al que acompañó en su noble embestida y se implicó en una labor de menos a más que no acabó de redondear. Pero estuvo en ese mucho mejor que ante el segundo, el más codicioso y menos templado de la tarde, al que muleteó despegado y abusando del pico del engaño.

Y a Aguado se le vio conformista en exceso, como en ocasiones anteriores. Si el toro es de carril, aquí está el artista; y si no, a tirar líneas. No. Hay que dar un paso más, hay que atacar alguna vez y no limitarse a acompañar. No mostró mucha entrega su primero, la misma que se le vio al sevillano, y sin el ánimo necesario para superar la sosería obediente del último. En verdad, se lució a la verónica en su lote, pero supo a poco. En fin…

Mientras tanto, El Juli se preparaba para salir por la Puerta del Príncipe un día en el que se limitó a repetir la lección y nadie lo puso en apuros. Le costó más trabajo llegar a la furgoneta que matar a los dos muy bonancibles toros de Garcigrande.

D. Hernández-Garcigrande/El Juli, Manzanares, Aguado

Tres toros de Domingo Hernández (1º, 2º y 6º) y tres de Garcigrande, correctos de presentación, mansos y nobles; destacaron por su calidad primero y cuarto.

El Juli: estocada muy trasera (dos orejas); pinchazo y estocada trasera (oreja). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.

José María Manzanares: tres pinchazos aviso estocada (silencio); estocada caída (oreja).

Pablo Aguado: media perpendicular, descabello aviso y tres descabellos (silencio); pinchazo hondo tendido (silencio).

Plaza de La Maestranza. Décima corrida de abono de la Feria de Abril. 4 de mayo. Lleno de ‘no hay billetes’.

Publicado en El País

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