Bilbao: Escaso (y festivo) público.

Manzanares paseó una oreja y Roca Rey, dos, ambos, ante una desigual y deslucida corrida de Jandilla.

Desapercibido pasó Alejandro Talavante, quien aún se siente encorsetado e inseguro en la cara del toro.

Por Antonio Lorca.

La plaza de toros de Bilbao ha quedado de dulce después de la profunda remodelación a la que ha sido sometida por dentro y fuera, y la empresa gestora ha decidido reinaugurarla con uno de los llamados carteles de lujo: Pablo Hermoso de Mendoza a caballo, y una terna formada por Manzanares, Talavante y Roca Rey, con toros de Jandilla. No se puede pedir más. O sí; se podría pedir, por ejemplo, algo más de público después de la larga sequía taurina de la pandemia. Y otro deseo: algún aficionado, además del presidente, que seguro que lo habría, pero solo se notó la presencia festiva y bullanguera de espectadores ansiosos de pasarlo bien y empeñados en poner en un brete al señor Matías González, el usía, que no salía de su asombro cuando la plaza le exigía la segunda oreja del sexto toro para Roca Rey.

¡Quién te ha visto, y quién te ve, Bilbao!, parecía decir la cara del señor del palco, sorprendido como tantos otros de la extrema generosidad de un público desconocido. Alguien podrá pensar que era la alegría del reencuentro —mejor, si así fuera—, y no que esta afición, otrora sabia y exigente, se ha contagiado del virus triunfalista que tanto y tan gravemente ha afectado a las ferias de Abril de Sevilla y San Isidro.

En fin, poca gente en los tendidos —una pena—, y espléndida en extremo para una reinauguración que pedía a gritos plaza llena y una vuelta a los orígenes.

Para acabar de fastidiarlo, ni los toros ayudaron, ni los toreros, a excepción de Roca Rey, estuvieron a la altura esperada.

Abrió plaza el rejoneador Hermoso de Mendoza con un toro desfondado y descastado con el que volvió a demostrar que es un consumado maestro de la técnica y la precisión a la hora de clavar, pero toda su labor transcurrió sin brillantez a causa de un oponente medio dormido y sin ganas de pelea.

Tampoco arrebataron Manzanares ni Talavante.

El diestro alicantino se encontró primero con un toro complicado, con el que se le vio desconfiado, despegado y ventajista, como suele ser habitual en él, aunque un entregado público le dio alas para que creyera que estaba trazando una obra de arte. En su segundo, dificultoso, tuvo que luchar contra fuertes rachas de viento que convirtieron la muleta en una bandera y su labor pasó desapercibida.

Desapercibido pasó Alejandro Talavante, quien aún se siente encorsetado e inseguro en la cara del toro, y más allá de algún buen lance capotero y un par de muletazos sueltos, la impresión es que le quedan muchos partidos que jugar para estar al nivel que tuvo en sus mejores tiempos.

El único que mostró un aire diferente, una quietud sorprendente y una actitud encomiable fue Roca Rey; se sobrepuso al viento en su primero, y los tendidos quedaron rendidos ante su toreo tan valeroso como poco profundo. Fiero y deslucido era el sexto toro, al que sometió jugándose el tipo de verdad, aunque no hubiera más faena que una entrega ilimitada. El arrebato del público quedó demostrado en la pasión con la que pidió la segunda oreja, que no llegó a manos del peruano porque había un aficionado -alguno más andaría por allí, pero no se notó- en la plaza.

San Pelayo, Jandilla / Hermoso, Manzanares, Talavante, Roca Rey

Un toro despuntado de San Pelayo, parado y desfondado, y seis de Jandilla para lidia ordinaria, correctos de presentación, muy desiguales en varas y en el tercio final, con predominio de la falta de calidad.

Pablo Hermoso de Mendoza: rejón en lo alto (ovación).

José María Manzanares: estocada (oreja); pinchazo, estocada -aviso- (ovación).

Alejandro Talavante: pinchazo y estocada perpendicular (silencio); dos pinchazos y bajonazo (silencio).

Roca Rey: pinchazo y estocada (oreja); estocada (oreja y fuerte petición de la segunda).

Plaza de Bilbao. Corrida extraordinaria con motivo de la reinauguración de la plaza. 19 de junio. Media de entrada.

Publicado en El País

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