«Muchas veces hasta he pensado en retirarme»: Andrés Roca Rey.

Roca Rey durante un entrenamiento en el campo / José Ramón Lozano.

Este viernes regresa a Las Palomas, acartelado junto a El Juli y Juan Ortega, tras indultar hace un año en esta plaza a un toro de Santiago Domecq.

Por Gloria Sánchez-Grande.

Perú lo vio nacer, pero España le hizo crecer. Quizá demasiado rápido. Andrés Roca Rey toreó su primera becerra con siete años. Ahora, con 25, llena plazas y se acartela con las principales figuras. Hacía tiempo que no se recordaba un ascenso tan meteórico. Es un torero arrollador con una personalidad desbordante y un valor que acongoja. Admite que alguna vez se ha planteado qué hace en este mundo, pero las dudas se disipan cuando en el ruedo pisa los terrenos que más queman, su verdadera patria.

-Se le espera con expectación. La última vez que hizo el paseíllo en Las Palomas, indultó a un toro de Santi Domecq.

-La última tarde que toreé en Algeciras fue muy especial. Se suele decir eso de que las tardes son especiales cuando estás en entrevistas, hasta el punto de que la palabra pierde valor, pero en este caso, realmente, fue así. Efectivamente, tuve la suerte de indultar un toro. Eso siempre es emocionante. Por eso estoy ilusionado con la idea de volver y repetir una tarde apasionada como la del pasado mes de julio.

-Desde niño, usted ha llevado una vida de adulto por su decisión de hacerse torero. ¿Ha sacrificado demasiado?

-De niño, nadie me obligó a ser torero. Yo estaba ciego con los toros de la misma manera que a otros les gusta el fútbol. Era lo que más me llenaba y lo que me hacía sentir grande. Sin embargo, con diez años, cuando empecé en esta profesión seriamente, me di cuenta de que había pocas personas de mi edad. Los maestros, la gente con la que entrenaba, las cuadrillas… todos eran mayores que yo. Por ello, había momentos en los que me sentía solo. Ahora, echando la vista atrás, lo agradezco. Gracias a que me rodeé de gente con experiencia, he podido aprender de ellos y no esperar a que llegue algo malo para caer en el error.

-¿Por qué se juegan ustedes la vida? ¿Es por dinero o existen motivos más determinantes?

-El dinero es bonito tenerlo, no se lo voy a negar. No obstante, la ambición de ser el mejor pesa aún más. A pesar de todo, estos dos motivos exclusivamente se quedarían cojos, pues creo que nadie sería capaz de jugarse la vida ni por ser el mejor ni por dinero. Al menos, en mi caso. En cualquier momento, te hace daño un toro y te puede matar. ¿Estoy dispuesto a perder la vida por dinero? ¿Por ser el mejor? No. Creo que va más allá: es un sentimiento, una filosofía de vida, una pasión. Las otras cuestiones te motivan, pero las razones profundas son otras. Esa filosofía de vida me acompaña todos los días, aunque no toree. En unas vacaciones también me siento torero y eso me hace feliz.

-¿Y esa ambición por ser el mejor no flaquea a veces, con el paso de las temporadas, los sinsabores y las cornadas?

-Yo me juego la vida por un sentimiento, pero a veces el ser humano deja de sentir. Y sí que me ha pasado muchas veces que, en algún momento, he dejado de sentir y me he preguntado: ¿yo qué hago aquí? Muchas veces, incluso con el poco tiempo que llevo en la profesión, hasta he pensado en retirarme. Soy una persona normal y corriente y, por eso, aparecen dudas en mi cabeza. Luego, cuando transcurren los días, me doy cuenta de que, si no toreo, me falta algo en mi vida. Para mí, sería triste y absurdo vivir sin torear.

-Usted prácticamente encadenó una hernia cervical con la pandemia. Por todo ello, estuvo muchos meses sin poder vestirse de luces. ¿Cómo sobrellevó todo aquello?

-Me sentí muy mal. Fatal. Cuando suceden esos accidentes y pasas tanto tiempo lejos de los ruedos es cuando te das cuenta de que te falta algo, algo que te hacía feliz. Cuando toreas a diario, incluso aunque estés triunfando, te entran ganas de parar un poquito. Eso sucede porque lo estás teniendo. El ser humano, cuando tiene algo todos los días, por mucho que le guste, anhela lo contrario. Aprendí muchísimo durante la lesión y la pandemia. Y salí reforzado, aunque admito que tuve el temor que después del Covid-19 las cosas no fueran como antes. O cuándo acabaría aquello. Tampoco creo que la vida ahora sea exactamente igual que antes. Pero considero bonito que el día siguiente no sea igual al de ayer. Si vives con esa mentalidad te ahorras preocupaciones.

-¿Cómo ve el futuro de la fiesta de los toros?

-Por momentos, si le soy sincero, vi el futuro jodido, negro. Sobre todo, en época de pandemia. Pero ahora, cuando viajo, veo afición, ganas de toros y de feria… La gente ha estado mucho tiempo encerrada y quiere salir. También me llama la atención ver a tanta juventud en las plazas, ilusionada con la tauromaquia. Hemos pasado momentos en los que la gente joven, hasta ciertos amigos míos, pensaba que los toros eran cosa de gente mayor, seria y aburrida. Y claro que es un mundo de gente mayor, claro que es un mundo muy serio, pero no aburrido. El mundo de los toros es para todos, para personas de cualquier edad, clase social e ideología.

-Conforme pasan los años, ¿el miedo aumenta o disminuye?

-Cuando te coge un toro, tienes que superar el miedo. Tienes que mentalizarte de que no te va a volver a coger. Por el contrario, si estás en buen momento, si estás tranquilo, ese miedo sigue ahí, pero lo sabes llevar de otra manera. Todo depende del momento que atraviesa cada torero. Quizá de joven, tenía más miedo que ahora. Pero, dentro de tres años, quién sabe. La vida va cambiando y hay días en los que se siente más.

-¿Qué hace un viernes por la noche si no tiene que torear al día siguiente?

-Si no toreo el viernes por la noche, ni el sábado, ni el domingo, si no toreo de aquí a dos semanas, pues lo mismo me voy con mis amigos por ahí. También me gusta salir y divertirme. Aunque mi vida, ciertamente, no es normal. Soy muy exigente conmigo mismo, me gusta la disciplina y estar centrado en lo que tengo que estar.

-¿Sigue siendo cierto el mito de que los hoteles de los toreros están rodeados de mujeres que aguardan a que regresen de la plaza?

-Eso me gustaría a mí: que hubiera muchísimas mujeres esperando.

¿Pero resulta más fácil conquistar a una mujer siendo torero?

-Hay toreros que ligan y otros que no. Depende de la inteligencia y de lo romántico que seas. Si te gusta una mujer, no necesitas ser torero para ligártela. Eso suena muy vulgar. Lo bonito es ir como una persona, que no te defina lo que haces. Enamorarla como persona y no como torero.

Publicado en Europasur

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