Cinco años sin Dámaso González.

El 26 de agosto ya es una fecha histórica en el calendario albacetense. Es el día que Dámaso González nos dejó huérfanos de su grandeza. Su fallecimiento conmocionó a la ciudad, ya fueran aficionados o no a los toros. Porque su figura siempre fue igual de enorme dentro y fuera de la plaza.

Su triste fallecimiento congregó a miles de paisanos para darle el último adiós. La última vuelta al ruedo. El trayecto desde la plaza a la Catedral. El mundo del toro al completo despidiéndose de Dámaso. Y todos coincidiendo en lo mismo: “qué bueno era, no habrá otro como él”.

Porque los apellidos González Carrasco son sinónimos de solidaridad. Cotolengo, Asprona y Albacete formaban su tridente. Su razón de ser y partes esenciales de su vida. No hay forma tangible de calcular lo que Dámaso ha ayudado a los más necesitados. Ya fuera toreando de manera altruista u organizando la confección de un cartel. Se desvivía y siempre era el que daba el primer paso.

Le echamos mucho de menos. Y cada año eso no cambia. Sirvan estas líneas como reconocimiento a un torero de leyenda. A un matador que trascendió lo taurino y se coló en el corazón de Albacete para siempre. ¡Viva el Maestro Dámaso, grande y eterno!

Aquel sábado 26 de agosto de 2017 se fue con Dámaso un pedacito de todos los albaceteños. Nos dejaba el último héroe surgido de las capeas, que forjó su éxito desde el sacrificio y la humildad. El Maestro, en mayúsculas, para los chavales que engrosan la Escuela con el sueño de ser toreros. El máximo impulsor de ASPRONA.

Quién llevó el temple, dentro y fuera de los ruedos, a una dimensión suprema. Dámaso fue la última gran figura curtida en plazas de talanqueras y con el hatillo al hombro. Debutó con picadores en Vistalegre el 20 de agosto de 1967. Se retiró definitivamente de los ruedos el 17 de septiembre de 2003 en Murcia.

Y entre medias, Dámaso lidió 1.374 corridas de toros y 23 novilladas con picadores. Llenó su esportón con 2.015 orejas y 227 rabos. Además, participó en unas 60 novilladas y becerradas y 200 festivales benéficos. Junto a “Paquirri”, Jose María Manzanares y “El Niño de la Capea”, fue uno de los nombres sobre los que se cimentaron dos décadas de ferias taurinas. Fue el diestro que más veces hizo el paseíllo en la plaza de Albacete, con más de un centenar de festejos, de los cuales 85 fueron corridas de toros. Y el matador albaceteño que más tardes se anunció en la plaza de Las Ventas, con 50 corridas de toros y dos novilladas.

Hoy se cumple un lustro de su efeméride más amarga. Aunque aquella madrugada muriera el hombre… se perpetuó el mito. Y el nombre de Dámaso González Carrasco quedó grabado para siempre con letras de oro. En la historia de Albacete y en la historia de la tauromaquia.

Publicado en COPE

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