La temporada se encabrita en el tramo final.

Tras la amabilidad festiva del calendario septembrino, octubre es el periodo que más les cuesta a los toreros Los toreros comienzan a jugarse el arranque del próximo curso.

Por José Luis Benlloch.

La recta final de la temporada tiene varios puertos de primera categoría: Sevilla, Madrid, Zaragoza e incluso, aunque en fórmula reducida, habría que incluir a Valencia con los festejos de la Comunidad. Tras la amabilidad festiva del calendario septembrino, el perfil ferial se encabrita cuando se acerca octubre. Es el tramo que más les cuesta a los toreros. Emergen y duelen como nunca los golpes y pisotones de todo un año, pesan los kilómetros y hasta saturan los agasajos, así que unos cortan, para que me bajo, y otros sacan el último aliento. Contra las ganas de acabar los pura sangre siguen y aprovechan para marcar diferencias. Al que le quede gasolina, claro. De Sevilla queda el recuerdo, será por muchos años, de la monumental faena de Morante en la que consiguió amalgamar todos los ingredientes que le han hecho grande: arte, singularidad y un valor que desde siempre se consideraba prohibitivo para los toreros de su clase. Y una curiosidad, ha sucedido treinta y cinco años después de la gran faena de su admirado Rafael de Paula al toro de Benavides en Madrid como se ha encargado de recordar Alfonso Ávila en Aplausos. Se podría decir que el de La Puebla le ha replicado ahora en Sevilla (seguro que sin premeditación) y el toreo tan dado a la hipérbole ha disparado la escala de reconocimientos y ha elevado el diapasón de los piropos hasta lo inimaginable. Naturalmente no hay vencedor en la comparativa, habrá que quedarse con las dos, lo contrario sería un imperdonable despilfarro, Paula y Morante, La Puebla y Jerez. Mientras, Morante sigue persiguiendo la emblemática cifra de las cien corridas de tal manera que si se cae de una tarde porque el cuerpo se resiente de alguna voltereta del camino le ordena al apoderado que firme otra, así que de momento Ubrique es la estación término de una hazaña que ha tenido el mérito añadido de haber llevado los toros a los pueblos donde tanta falta hace la rehabilitación y el cariño de las figuras.

Esos últimos puertos son citas clave para hacer los deberes quienes no tuvieron suerte o se distrajeron en el conjunto de la temporada y para quienes necesiten remachar éxitos. Triunfar en las últimas ferias tiene un plus de reconocimiento añadido, deja colocado a los triunfadores para las primeras ferias del año siguiente. En Madrid se juega cada otoño esa partida de una manera descarnada, es lo que en términos futbolísticos se calificaría de gran final. Los carteles de este año reúnen un grupo de grandes toreros con muchas cosas que decir y muchas cuestiones que dilucidar. Estará Roca Rey, que no rehúye ningún compromiso y tiene un carácter de gallo ambicioso que explica su liderazgo, y estará Morante, que por artista que sea no es menos gallo; estará Talavante, que empezó a perder la partida de la reaparición en Madrid y vuelve a enmendarlo, gesto de lo más clásico entre los grandes, estrategia que tiene hasta refrán, la manta hay que buscarla donde se ha perdido y en eso se va a aplicar Alejandro; estarán también varios de los jóvenes toreros de los considerados artistas que comenzaron el año con más cartel de lo que han acabado, Ortega, Aguado o Lorenzo, y les urge revitalizarlo y para eso nada mejor que intentarlo en Madrid; se anuncian ilustres clásicos de los que nunca dicen no a Madrid como Urdiales o Uceda, estará Perera, al que no consideraron pese a sus méritos en San Isidro y ahora va a poder argumentar sus exigencias de entonces; otros jóvenes como Leal, Téllez y De Manuel acuden en busca del gran salto. Por todo eso en esta feria se ha vuelto a disparar la venta de abonos para dejar blanco sobre negro que no hay nada mejor para reactivar la tauromaquia que los carteles de interés acorde a los gustos de cada plaza. Y hoy, aunque fuera de feria, comparece Román con los toros de Adolfo Martín, un trago.

Zaragoza con su Pilar taurino también tiene su faceta de examen final, unos para subir nota y otros para la repesca; mientras que en Valencia la terna se jugará su presencia en las próximas Fallas, que no es poco premio.

Publicado en Las Provincias

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