Toro de cinco, torero de veinticinco.

Por Atanasio Serrano.

En el argot taurino es muy común esa expresión. Es la edad del toro, toro. Del que excepcionalmente se lidia actualmente en algunas las plazas de primera. Hay ganaderos que los tienen y los venden. Empadres con sangre de toro español, existen. Son toros que, por su tamaño se dice, tienen sobrado trapío para nuestro país.

Es uno que, al decir de los taurófilos, por los años, bravura, trapío, presencia, kilos, y pitones, “sabe el catecismo”. Va a la defensiva. Pronto desarrolla sentido. Solo una muleta poderosa, lo hará embestir bajando la cabeza. El toro de Piedras Negras, es de esos. Propio para corridas duras.

La del matador, por su veinteañera juventud, se piensa apropiada para hacerle faena. Con dos, o tres años de alternativa, se juega la vida. Tiene hambre de triunfo.

Hay en la historia del toreo, jóvenes matadores, que por inexperiencia pegan petardos o, que se entregan a la lidia, con valor y, con poder, lo meten a la muleta. Escuchan olé de quienes aplauden. Si matan como mandan los cánones, cortan apéndice si son dos, abren la puerta grande.

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Toreros consagrados, con técnica y sin remilgos los torean. Para muchos aficionados, cronistas, empresarios, por su manera de lidiarlos, los llaman “toreros guerreros”. Pero, no los rechazan, como los matadores, que prefieren el torito de dulce. El que sigue, y sigue, dócilmente la muleta.

Bueno, pensé en ese aforismo cuando supe que el tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata”, se encerraría el pasado 15 del presente, con 6 toros 6, de la ganadería Piedras Negras, en la Plaza Monumental Rafael Rodríguez, El Pana, de Apizaco, Tlaxcala, para conmemorar veinticinco años de alternativa.

Una encerrona para el olvido.

Es un torero, carismático, valiente; extraordinario banderillero. Unas semanas antes, con el ganadero Marco Antonio González Villa, en una tertulia llamada “Rumbo a la Hazaña Monumental”, anunciaron el festejo, con el que también conmemoraba 150 años, la ganadería tlaxcalteca.

Después de más de dos años de ayuno taurino, este villamelón, acompañado de don Nicandro Pontón Pérez, amigo y aficionado, fuimos a esa ciudad, ilusionados de ver al toros con edad y trapío.

“Corrida de expectación, corrida de decepción”, es otra sentencia en el habla taurino. Así fue la conmemorativa. El Zapata, de la puerta de toriles, salieron seis «toros» de pelaje distinto. Atendiendo a su linaje mostraron algo de genio. Pero no fue necesario castigarlos por su bravura.

El Zapata no tuvo su mejor tarde. Indecorosa fue la corrida. Desangelada fue la actuación de Uriel, e insolente la conducta del juez, al otorgarle cuatro orejas. Y qué decir, de la grosera salida en hombros del Zapata y el ganadero González Villa, de la plaza.

Lo único valioso del festejo fue ver en el ruedo la divisa de la dehesa. 150 años de bravura, pero en lineas generales diría que la anunciada epopeya, fue insignificante.

A tres días de esa desangelada corrida, El Zapata lamentablemente está en el hule. En la lejana plaza de toros de Tarago, Perú, recibió una cornada (no grave) pero dolorosa en la cara. Así es el toreo en ocasiones.Una ruleta rusa.

Fuente: El SOL DE TOLUCA.

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