La Fiesta está Viva: Orgullo mexicano.

Es tiempo de México, taurinamente hablando, más aún ante las atrocidades legales de las que somos víctimas, debemos mostrar la fuerza que tenemos como cultura.

Por Rafael Cué.

A muchos compatriotas les cuesta sentir el orgullo de las cosas bien hechas, de las historias de éxito y de los triunfos de otros mexicanos. Es un fenómeno no fácil de explicar, duro y cruel, que afecta a la sociedad y lastima nuestra esencia.

Algunos connacionales tienen la idea errónea que el éxito suele llegar por suerte o por ventajas y atajos en el camino, hecho que nos han demostrado durante siglos algunos políticos y funcionarios al enriquecerse brutalmente por medio del saqueo y el robo de recursos públicos.

Pese a lo anterior, este país está plagado de historias de triunfo, de sacrificio que en verdad representan lo que somos como sociedad. El trabajo, la bondad, la inmensa capacidad de sufrimiento y resiliencia que tenemos.

El mundo del toro no está exento de padecer falta de reconocimiento nacional, a veces desde el mismo interior. Nos cuesta reconocer a los talentos nuevos, apostar por ellos, preferimos dejar esa responsabilidad a España, que se vaya y triunfe allá y ya veremos aquí si le damos el visto bueno. Nos autocensuramos.

Es tiempo de México, taurinamente hablando, más aún ante las atrocidades legales de las que somos víctimas, debemos mostrar la fuerza y contundencia que tenemos como cultura. Somos una minoría no pequeña, tenemos el reconocimiento de más de cuatro siglos de arraigo, de generar cultura, economía, agricultura, ganadería, hostelería y sin embargo cuatro tontos sin identidad pretenden robarnos la nuestra.

La gran mayoría de los mexicanos somos guadalupanos, de eso no hay duda, para celebrar en cientos de poblaciones a la Virgen se realizan corridas de toros. León, Guanajuato no son la excepción, de hecho, una de las corridas con mayor tradición en México es la celebrada en la plaza de toros La Luz, de la capital guanajuatense.

Me atrevo a decir que México cuenta con más dinastías taurinas que ningún otro país taurino, encabeza la lista la familia Silveti con 4 generaciones y 5 matadores de toros, con tres generaciones están los “Armilla” que son también 5 matadores, los “Calesero” son dos generaciones y 4 matadores, los Capetillo, los Liceaga, los Solórzano, los Huerta, los Llaguno, los del Olivar, los Moro, los Garza, los Martínez, los Sánchez, los Gilio, y seguramente alguna otra sin contar los de a caballo como los Hernández, los Santos, los Aloi, los Louceiro, etcétera, etcétera.

En Aguascalientes, ciudad taurina como la que más, se ha dado un fenómeno formidable de tres hermanos toreros, de distinto concepto y mismo fondo, primera generación directa: Los Adame. El mayor, Joselito, tiene una historia que debería ser ejemplo y contada en cada primaria y secundaria del país. A los 15 años se fue para España, tras ser un niño torero formidable, decidió la familia que lo mejor era rematar la preparación allá. Lejos de casa, con los recursos justos, Joselito se abrió camino a sangre y fuego. Se convirtió en un torero importante allá y figura aquí. Demostrándolo en el ruedo, alternando con los mejores y estando siempre a la altura. Abrió la brecha para que otros fueran y sirvió como inspiración y ejemplo para sus hermanos Luis David, ya matador de toros desde 2016 y el menor, Alejandro, que cuando José emigró era solamente un niño.

El sábado 10 de diciembre, en la plaza de toros La Luz, de León Guanajuato, viviremos un evento histórico al recibir Alejandro Adame la alternativa como matador de toros de manos de su hermano Joselito y como testigo, su otro hermano, Luis David ante toros de Begoña. ¡Celebremos como aficionados la potencia de este evento! Sintámonos orgullosos de esta historia de éxito, vivamos la emoción y trascendencia de esta corrida y defendamos la Fiesta de la mejor forma, llenando la plaza de toros. Enhorabuena familia Adame por el ejemplo, por el sacrificio, por la sencillez de su espíritu y la grandeza de su vocación.

Publicado en El Financiero