Rafa Camino y Miguel Báez Litri, una imagen para el recuerdo.

Los dos toreros comenzaron sus respectivas carreras casi a la vez, cuando tenían 17 años y con sus respectivos padres como grandes referentes.

Por Paloma Barrientos.

Rafa Camino y Miguel Báez ‘Litri’ comenzaron juntos sus carreras taurinas. Sus referentes profesionales no podían ser otros que sus propios padres, Paco Camino y Miguel Báez Espuny, respectivamente, y así aparecieron los cuatro en un reportaje publicado en marzo de 1986 en la revista ‘Tiempo’. En aquella fecha se presentaban como novilleros y uno era Rafael y el otro Miguelito. Su currículum estaba aún referido a los padres respectivos.

Tenían 17 años y se estrenaban en la plaza de Gandía (Valencia) con picadores. Rafael y Miguelito, o Miguelito y Rafael, que en aquel momento el orden de los factores no alteraba el producto. Tampoco sus progenitores. Hacía muchos años que Báez y Camino eran referentes en su profesión y cabezas de cartel. Los hijos quisieron seguir sus pasos y aunque al principio hubo cierto reparo, ambos decidieron dar su apoyo a los hijos. Un gesto que suele ser habitual cuando la dedicación laboral es la misma. En los días antes de la novillada, los padres examinaron a sus hijos en el campo, que era una costumbre que se mantuvo mientras fueron novilleros. Después fueron ellos mismos y sus apoderados los que marcaron sus carreras.

La idea del reportaje era presentar a las nuevas generaciones de toreros. Y se explicaba cómo Miguelito Báez Spínola no solo seguía los pasos de su padre, sino también los de su abuelo al haber elegido la provincia de Valencia para su debut. Una tradición que había comenzado en 1923 Manuel Báez y había continuado Miguel Báez Espuny en 1949. La tercera generación ya estaba en marcha. En este caso, con Miguel como futuro torero, cuyo estreno en una plaza grande coincidía con el homenaje que se rendía a su padre. Esa tarde, parte de la familia acudió a la plaza para apoyar al jovencísimo Miki, que así le han llamado siempre en su casa.

Quien no quiso acudir, porque no lo había hecho tampoco con su marido, fue Conchita Spínola, que se quedaba, como era su costumbre, en el hotel junto con María Ángeles Sanz, la mujer de

Conchita Spínola explicaba aquel día en el reportaje de ‘Tiempo’ su estado de nervios: “A mí me espera una tarde difícil. Cuando me casé, mi marido (Litri) ya se había retirado y no sé lo que es ser la mujer de un torero, las angustiosas esperas. Ahora voy a vivir esas sensaciones como madre y no sé si podré aguantarlo”. Y continuaba asegurando que “su padre no quería que Miki fuera torero. Ha intentando convencerle muchas veces de que no valía la pena. Cuando se dio cuenta que no había remedio, terminó por entregarse”. Ese día, después de haber cosechado el éxito, Báez Spínola declaraba: “Quiero ser el mejor”. Y cuando le preguntaron si pasaba miedo respondió: “¡Qué quiere que le diga! El miedo es libre y yo lo aguanto como puedo”.

Algo parecido le sucedía a Rafael Camino Sáez con sus padres. Tardó mucho tiempo en anunciarles su decisión, que, como en el caso anterior, no fue al principio bien acogida. Una vez que ya no hubo vuelta atrás y que no sirvieron los comentarios referidos a lo dura que era la profesión, Paco Camino apoyó al hijo novillero, que así recuerda sus comienzos.

“El momento justo en el que decidí que quería ser torero no lo recuerdo, pero siempre estuvo ahí. Los genes funcionaron porque al principio pensaba que era imposible. Es verdad que mi padre no estaba de acuerdo, aunque fue menos reacio que el padre de Litri. Me dijo: ‘La decisión que vas a tomar es muy seria porque el toreo es muy serio’. Y lo que sí me pidió es que no dejara los estudios. Y por parte de mi madre, estaba horrorizada”.

Estuvo en activo veinte años y lo dejó “cuando nació mi hijo en 2003. Me di cuenta de que ya había cumplido una etapa y que quería disfrutar de él. Tuve cogidas importantes, pero me preocupaba tener una mala caída y quedarme en una silla de ruedas”.

Y así comenzó para los jóvenes de 17 años una vida que les dio muchos triunfos y alegrías. Eran amigos, tomaron la alternativa el mismo día en la plaza de Nimes en 1987. Torearon durante años hasta que se retiraron. El primero en hacerlo fue Rafa, que dijo adiós en la plaza de Buenavista en septiembre de 2003 coincidiendo con las fiestas de San Mateo. Comenzó otra vida muy diferente con irrupciones en programas de televisión hasta que eligió no ser personaje y vivir en el campo. “La decisión no fue tan difícil porque tenía la ilusión de ser padre. Había cumplido una etapa y era el momento de cambiar de vida, aunque nunca me he desvinculado. Vivo en Arenas de San Pedro gestionando la finca familiar”.

Miguel Báez Litri no lo hizo del todo. Hubo una primera fecha en 1999 y regresó para torear en festivales benéficos.

Definitivamente, dijo adiós públicamente en 2006. A diferencia de su padre, no dejó los toros al casarse con Adriana Carolina Herrera con la que tuvo tres hijos. El padre, Miguel Báez Espuny, sí lo hizo y siempre dijo: “Me retiré del arte de torear por amor. Encontré a mi verdadero amor, a mi mujer, y jamás me he arrepentido. Ha sido la mejor decisión de mi vida”.

El hijo abandonó las plazas y se dedicó al mundo empresarial y gestionar el patrimonio familiar. El año más duro de su vida fue este año que termina. En mayo fallecía su padre a los 90 años y la gran tragedia llegaría tres semanas después al morir su madre de un infarto. En aquel momento tan duro, amigos y familiares contaban que “Conchita no podía vivir sin su marido. Se le rompió el corazón”. Miki Báez vive en la actualidad entre Sevilla y Huelva. Se casó de nuevo con Casilda Ybarra y el matrimonio no frecuenta la vida social ni las fiestas promocionales.

Publicado en Vanitis