“Soy torero por el profundo amor que le tengo al toro”: Marco Pérez.

Por Rodrigo Urrego.

Nunca antes en la historia de la plaza de toros de Cañaveralejo, que el pasado martes cumplió 65 años, un torero había dado una vuelta al ruedo aclamada, como si hubiera cortado los máximos trofeos posibles en el reglamento del toreo: las dos orejas y el rabo.

Marco Pérez, un hombre en miniatura, lo consiguió dos días después del aniversario, el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, sin torear, cortar una sola oreja ni estar vestido de luces.

Nacido en 2007 en San Esteban de la Sierra, el mismo año en que César Rincón se retiró de los ruedos en España, es considerado el mesías de la tauromaquia, el redentor de la fiesta de toros en tiempos de intentos de prohibición. La leyenda del niño prodigio de Salamanca está llevando nuevo público a las plazas de toros, que en la actualidad se ven cada vez más con más cemento que gente en sus tendidos.

Su padre, Vicente, fue novillero que siempre tuvo la buena suerte —necesaria en cualquier profesión— de adversaria. Retirado sin éxito, los cientos de fotografías que conservó de su andadura, terminaron por “enloquecer” a su hijo, que a los cinco años, cuando empezó a ir al colegio, solo dibujaba y escribía de toros bravos.

En las clases, tuvo que enfrentar la “realidad” de sus compañeros, que veían al toro de lidia como la versión de la película El viaje de Ferdinand, donde, según Marco, “se muestra una versión antitaurina y equivocada del torero”, que en su criterio es quien “más ama a los animales”.

Los festejos del tradicional Bolsín Taurino en Ciudad Rodrigo (Salamanca) terminaron por aficionarlo, y cuando tenía solo nueve años le permitieron hacer parte del Carnaval del Toro, donde se enfrentó a un becerro con unos incipientes pitones. Los videos de los lances de capote y pases de muleta de ese día, y luego de otro festival en Ávila y Salamanca se hicieron virales. Era ver a un maestro del toreo en miniatura.

El año pasado, en el festival de la Feria de Manizales, Marco Pérez fue sacado a hombros por César Rincón, tras haberle cortado dos orejas a un becerro de Ernesto Gutiérrez.

Y el 12 de octubre consiguió un hito en la historia de la tauromaquia mundial, tras haber cortado dos orejas a un eral en La Maestranza de Sevilla, triple trofeo que no se cortaba desde hace 65 años.

Pero más allá de estos registros históricos, que ni Lio Messi consiguió (en el fútbol) a los 15 años, el niño torero Marco Pérez tiene otro que impacta. Cada vez que se anuncia su nombre en alguna plaza, las boletas se agotan en las taquillas. De momento, solo en América, pues la legislación de su país no le permitirá presentarse frente a novillos hasta que cumpla los 16 años.

La plaza de toros de Cañaveralejo de Cali parecía no ser la excepción, pues en el festival taurino del jueves Marco Pérez era el nombre que había provocado peregrinación de las taquillas. El niño había viajado desde Salamanca el día de Navidad, junto a sus padres y su apoderado Juan Bautista Jalabert, como si fuera cualquier otro de los toreros extranjeros actuantes en el coso de la Sultana del Valle.

Pero 24 horas antes de su actuación, en lo que parecía ser inocentada, el Ministerio del Trabajo envió a uno de sus delegados con una resolución en la que constaba que no permitían que un menor de 15 años trabajara como artista en la Feria de Cali, en una “actividad de alto riesgo”.

Juan Bautista, como el padre que niega hasta más no poder la existencia del niño dios, le comentó que no debutaría en Cali, donde ya era reconocido y su actuación era la más esperada.

“Me lo ha dicho hace un rato y nos hemos quedado sorprendidos, pero me ha comentado que todavía se mantienen las esperanzas de que pueda hacer el paseíllo mañana (ayer) y con eso es lo que me quedo”, confesó el niño torero aún con intenciones de poder revertir una orden del gobierno de Gustavo Petro.

Aunque tenía todos los permisos de sus padres para poder actuar en la feria, su presentación fue cancelada luego de que políticos antitaurinos promovieran una tutela, amparando los derechos del menor de edad.

Marco, de 15 años, pero con palabras de un veterano torero, califica ese argumento de “equivocado” y “contradictorio”.

“No están en lo cierto”, dice a los antitaurinos. “Yo estoy practicando un arte totalmente libre y una forma de expresar mis sentimientos. Yo, sobre todas las cosas, pido respeto”.

Marco, ¿usted fue libre al asumir el camino de ser torero? ¿Asumió libre este estilo de vida?

—Ha sido de iniciativa propia. Lo hago porque le tengo un profundo amor al toro y a todo lo que él engloba. Ojalá que mañana pueda cumplir uno de mis sueños en Cali.

En 2021, Marco Pérez también vio frustrada su presentación en Ecuador, donde una ley impide a los menores de 14 años ser contratados como profesionales.

“He tenido otras situaciones parecidas, pero luchando y uniéndonos todos se puede superar. Son también gajes del oficio y las cosas con las que se tienen que empezar en este bonito mundo a tan temprana edad. Pero, bueno, nos toca convivir con ello.

—¿Y ahora?

—¡Manizales!, otra gran feria que me hace muchísima ilusión, y ojalá que, si no pude en Cali, pueda hacer el paseíllo allí. Será mi debut en traje de luces y lo he asumido con responsabilidad e inmensa alegría, porque es uno de mis principales sueños y objetivos; ojalá que todo pueda salir bien y disfrutemos todos.

Publicado en El Espectador