Opinión: Hay que tener valor.

Por Pla Ventura.

Cuando me refiero a que un torero tiene que tener valor todos lo asociamos a lo que será su labor frente al toro porque, lógicamente, es consciente de que se está jugando la vida y para eso se necesita mucho valor, de ahí la admiración que, de entrada sentimos hacia todos los toreros.

Claro que, para desdicha de los toreros, ese valor que siempre les imputamos cuando estén frente al toro, apenas es una nimiedad comparado con el valor que tienen que tener en su alma al verse ninguneados como profesionales. Hay que tener alma de acero para ver que, tras una brillante carrera como novilleros, la mayoría de ellos, llegan al doctorado y, de repente se cierran todas las puertas. La prueba es elocuente. El pasado año se doctoraron veinte chavales, la mayoría de ellos, repletos de triunfos como novilleros y, salvo uno de ellos, Isaac Fonseca, nadie ha tenido oportunidad de entrar en la feria de Madrid mientras que, entre otros, Manuel Diosleguarde que triunfó en Santander en su doctorado, para colmo, más tarde se llevó la cornada más dura de toda la temporada, debería de haber sido atendido por la empresa.

Ya me dirán ustedes si la capacidad de aguante de estos hombres no es un hecho admirable. Cualquiera, en la profesión que fuere, si de repente viera cómo se le cierran todas las puertas en la carrera en la que ha triunfado, con toda seguridad que abandonarían y buscarían otro medio de vida. Pero no, en los toros, esos hombres que se visten de toreros tienen más valor en la calle que en la propia plaza. Como prueba del valor que estos hombres tienen, sepamos que, de todos cuantos confirmaron su alternativa en Madrid, salvo Tomás Rufo –consentido por las empresas- Francisco de Manuel que, además de confirmar tuvo un éxito de clamor en la feria de otoño y Adrián de Torres que tan buenas sensaciones aportó en aquella corrida durísima a la que se enfrentó, el resto de los chavales todos han quedado fuera de la feria más importante del mundo.

Cierto es que, un torero como Sergio Serrano que el pasado año hizo una de las faenas épicas de la temporada frente a un Victorino que no mató como debiera, –toro de dos orejas con mucha fuerza para el diestro por la emotividad de la faena- Rafaelillo que estuvo inmenso frente a un toro de Adolfo Martín al que le cortó una rotunda oreja, Curro Díaz que triunfó en las dos tardes en que actuó en Madrid, Joselito Adame que se dejó matar en dicha feria, el mismísimo Juan Ortega que atesora una calidad inmensa, así como una larga lista de muchachos que, dotados de condiciones más que sobradas para el triunfo, todos han quedado en la calle.

Por supuesto que, como siempre dije, el problema es mucho más profundo de lo que nadie imagina que, para remediarlo en la medida de lo posible, sería que se marcharan todos los “viejos” del escalafón que, algo arreglarían si se fueran. Nadie les pide que estén eternamente en activo puesto que, hace doscientos años ya había toreros y, lo que es mejor, cíclicamente se iban relevando, de ahí a todos los que hemos conocido a lo largo de la historia. Pero no, el chollo que tienen es tan apetitoso que, aunque estén ricos, como el “material” al que se enfrentan apenas corren riesgo, es por ello que estarán en activo más años que Nicanor Villalta.

Y por si fuéramos pocos, de repente parió la abuela, es decir, reapareció Talavante el año pasado, ahora vuelven El Cid y Castella y, cuidado, que no le pongan la muleta delante a Ortega Cano que, en un momento determinado anuncia su reaparición. Como vemos, todo un sinsentido que no conduce a ningún lugar; bueno sí, a lo poco que quede que se lo lleven siempre los mismos y, para mayor desdicha, que la presencia de estos toreros sirva para cerrar muchas puertas que, por lógica deberían de estar abiertas para tantos chicos válidos que, por ley, deberían de tomar el relevo.

En la imagen, Isaac Fonseca, el único diestro doctorado el pasado año que entra en Madrid pero, como paradoja, no lo hace por sus enormes éxitos que consiguió durante toda su etapa novilleril, lo hace por la recomendación de un mexicano amigo suyo muy vinculado a la empresa de Madrid. Como diría José Mota, ahora vas y lo cascas.