Manolo Lozano, el último Quijote del toreo: “Morante ha sido mi torero porque tiene un cuarterón de gitano”

Por Vicente Zabala.

Es el verso suelto de una saga histórica -los Lozano-, un tipo singular, un bohemio irredento y un conversador inextinguible. Manolo Lozano (Alameda de la Sagra, Toledo, 1930) se convirtió en matador de toros a los 40 años por una extraña carambola, en la plaza de Tánger (Marruecos) que él mismo gestionaba, de manos de Manuel Benítez “El Cordobés”. Un cóctel fantástico. Pero hay más: lo quisieron emborrachar la noche antes, le echaron polvos pica-pica en el vestido de torear, cortó cuatro orejas y rabo y se retiró en el mismo día como no podía ser de otro modo. «Como torero no pasé de ser una anécdota y, además, medroso». Benítez le perdonó sus honorarios.

Realmente su loca y corta aventura en los ruedos es la excusa para estrenar esta serie de toreros olvidados, o de toreros que tuvieron su momento, un fulgor en la historia, y abordar un personaje único, estudiante de veterinaria, amigo de Marcial Lalanda, Domingo Ortega o Palomo Linares, apoderado de Ortega Cano, El Soro, Roberto Domínguez, El Juli, Morante y un infinito etcétera. «Como apoderado puedo presumir de no haber quitado nunca a un compañero, y a 14 de los 15 novilleros que llevé los acompañé a la alternativa». Fue empresario taurino no al uso, organizó toros en pueblos de Colombia -desde Popayán a Barranquilla-, también por España, claro. Incluso compró la plaza de toros de Segovia que sigue siendo suya. Como Baza. Pero todo adquiere más poso si lo cuenta él, un caballero hidalgo en un mundo donde los Quijotes se extinguieron. Conserva la memoria fresca de toda una vida, reescrita de su libro autobiográfico de reciente publicación, Manolo Lozano, historia viva del toreo.

Manolo, ¿cómo se gestó y sucedió su alternativa en Tánger, el 4 de octubre de 1970?

Yo tenía amistad con El Cordobés, y en mi faceta de empresario me había portado bien con él. Tenga en cuenta que el día que le llevé a Manzanares cobró 650.000 pesetas [y saca de un bolsillo de su guayabera azul el contrato raído que así lo certifica], 150.000 más de lo que cobró en Bilbao el año anterior. Le llamé para contratarle en Tánger, donde había dado cinco corridas. Y quise rematar la temporada con él. No quería en un principio -«allí no hay más que moros», me dijo- y le tuve que convencer, no sin trabajo. «Hombre, Manolo, si es protectorado internacional. Es de Estados Unidos, España, Francia y Estados Unidos. Hay moros, sí, pero hay también ricos». La única condición que impuso, finalmente, fue que me tenía que dar la alternativa. Yo ya llevaba sin torear más de 10 años. Pero me preparé y perdí tres kilos y medio. Una vez allí se arrepintió cuando ya no había vuelta atrás. Corté cuatro orejas y un rabo. Como en mi debut de novillero en Aranjuez en el 58. Yo, que era medroso, me envalentoné. Pero en esas dos fechas nada más.

¿Por qué había dejado de torear de novillero?

Un novillo de Hernández Pla me pegó una cornada fuerte, en Toledo, y me tuvo un mes y medio en el Sanatorio de Toreros. Ya había empezado a organizar festejos por los pueblos, haciendo mis pinitos como empresario. Sin picadores ya había ganado un dinerito, y me compré un caballo en la feria de Córdoba. Así que me lo pensé.

Cómo fue su relación con sus hermanos, que durante tres lustros capitanearon la Monumental de las Ventas.

Nos pasó como a los Bienvenida. Nos dividimos en dos camadas. Pablo y yo, y José Luis y Eduardo. Como Pepote y Juan, Antonio y Ángel Luis. Cuando Pablo le propuso a José Luis que yo entrase en la sociedad de Madrid, pero se negó. Lo que no sabía es que yo, siendo socio del Pedro Balañá no quería. A mí siempre me ha gustado la libertad. No ser un gregario.
Fue un gran amigo de Balañá, de quien tanto aprendió. Sobre todo del viejo, de don Pedro Balañá Espinós. Si hubiera vivido, Barcelona no se habría perdido. Hubo años en que la Monumental programaba más festejos que Las Ventas, y también la plaza de Palma de Mallorca. Compartí con él la gestión de las plazas de Segovia, Aranjuez, Manzanares y Barbastro, y quería que alcanzáramos las 40. Cuando murió, su hijo Pedrito me dijo: «Yo no puedo cumplir lo que te dijo mi padre, que me ha dejado 37 cines y tres teatros. Y tengo que seguir dando tantas corridas como en Madrid». Le contesté que lo comprendía: «Te hubiera gustado que te dejase menos para tener menos trabajo». [Y se ríe como un chaval que comete una travesura].

Apoderó usted 40 toreros, muchos americanos, un francés y un norteamericano: Robert Ryan.

Perdí mucho dinero. Si no, hoy viviría mejor. Apoderé 14 novilleros que llevé a la alternativa, y los otros 26 ya venían hechos.

Repasemos algunos nombres: Roberto Domínguez, ¿qué recuerdo le trae?

Viene emparejado con el de su tío Fernando Domínguez, que fue un gran amigo. Fernando me escribió el único telegrama de felicitación que recibí en mi alternativa en Tánger. Fui muy admirador suyo y también de Victoriano de la Serna. Presencié un tentadero entre los dos en la plaza de Valladolid inolvidable. Se picaron los viejos y no imagina que manera de torear con el capote. Inolvidable.

¿Cómo apoderó a Roberto?

Me lo encontré en una calle de Segovia cuando fue a ver a su tío. Me confesó que no se había retirado, sólo que no lo contrataban. Le tendí la mano y le dije que se centrase en el toro, sin golfear. Por entonces andaba con la hija del embajador de Uruguay, Carmen Posadas. Le contraté para una sustitución de Manili, a quien también apoderaba, en Cali. Y luego lo anuncié en mis plazas de Barranquilla y Popayán. Cuando regresó a España, se concentró en el campo y ya en la primera corrida de San Pedro Regalado, de Valladolid, en 1987, cortó tres orejas. Al ser retransmitido por TVE lo vio Manolo Chopera y nos llamó para ofrecernos una sustitución de Joselito en San Isidro y, aunque no triunfó, por la forma de descabellar nos contrató también en la siguiente. En 1988 ya toreó 72 festejos, y 102 en el 89. Era muy poderoso.

¿Y El Juli?

Un niño prodigio. Toreó conmigo el primer año 140 tardes entre España y América. Una barbaridad. Ya le comuniqué que no podía seguirle otra temporada. Ya había cumplido 70 años. Me despertaba en México y creía que estaba en Colombia, me levantaba en Colombia y creía que estaba en Perú.

El último torero que apoderó fue a Morante de la Puebla.
Morante es mi torero, no tiene por qué molestarse nadie. Sé que ha sido más figura El Juli. Pero he sido siempre partidario del toreo gitano, y Morante tiene un cuarterón de gitano. Por eso cuando todo el mundo era de Curro Romero, yo era de Paula. Y el primer torero gitano del que fui partidario, sin conocerlo, sólo por fotografía, fue de Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana el grande, el hermano de Rafael, que tanto toreó con Manolete. Cuando estudiaba veterinaria por Embajadores, me escapaba a El Rastro a comprar fotos antiguas suyas. Le asomaba el capote entre las piernas toreando a la verónica.

Apoderó Manolo Lozano a matadores tan diversos como José Fuentes, Curro Girón, Gabriel de la Casa, Ortega Cano, El Soro, Manili, Pepe Luis Vargas o Curro Durán, pero con quien estableció una relación fraternal fue con Palomo Linares. A pesar de que la historia centra el descubrimiento y su lanzamiento en la figura de sus hermanos –Pablo, Eduardo y José Luis-, Manolo Lozano reivindica su cuota. «Les ayudé mucho en el despegue de Palomo después de la Oportunidad igual que ellos luego me ayudaron a mí». Lo cuenta en su libro sintetizando más el relato: «Yo le organicé siete festivales picados con una pérdida considerable y el debut con caballos el 2 de enero de 1965 en la plaza de Ondara (Alicante), también con pérdidas. Todas sus actuaciones y triunfos salían en los informativos de TVE y en la Hoja del Lunes, gracias a mi gran amigo Pepe Escamilla y a mi otro gran amigo Javier Sánchez Ocaña». A Escamilla le incitaba a censurar los pinchazos con la espada: «Pues vaya orejas van a decir que ha cortado si salen los pinchazos». Lo sorprendente de la carrera de Manolo Lozano también reside en la cantidad de plazas que gestionó en Colombia: Barranquilla, Cereté, Sincelejo, Cali y Popayán.

¿Por qué organizó tantas corridas en América?

Allí daba gusto, aquí la fiesta está intervenida por la Autoridad. Por todo te multan y, además, está el gravamen del 21% de IVA. Y luego los costes de las cuadrillas. Si hubiéramos retransmitido la reciente corrida suspendida de Segovia, la televisión autonómica de Castilla-La Mancha pagaba 25.000 euros y los banderilleros se habían llevado 12.500 euros. Es inviable.

¿Es cierto que en Popayán, siendo empresario, sustituyó a un rejoneador que perdió el avión en España?

Así fue. Toreaban mano a mano José Fuente y El Cali, a los que apoderaba. De pronto, me llaman de Barajas, que Gregorio Moreno Pidal había perdido el vuelo. Ya tenía en Colombia la cuadra y su equipaje. El alcalde quería que lo sustituyera un español. No había otra. Le enseñé una fotografía de un festival en Cariñena, en 1976, con los hermanos Ángel y Rafael Peralta a caballo…

¡¿No me diga que también ha rejoneado?!

Sí. Le voy a contar. Moreno Pidal llevaba unos rejones muy largos y se me cayó un par. Hice como que me enfada, eché pie a tierra, cogí la muleta y le corté el rabo.
Cada vez que toreaba cortaba un rabo…
Hay foto del suceso.

Fue un apasionado del género de la revista, amigo de las grandes vedettes, en Madrid y en el Paralelo de Barcelona.

Cuando los de los pueblos veníamos a la capital, teníamos que ir a una revista musical. Yo empecé viendo a Celia Gámez. Y los cómicos nos divertían: Zori, Santos y Codeso. Los estudiantes asistíamos a la clá por un duro. Todo resultaba muy alegre, la música también, tan pegadiza. Esperanza Roy, más que mi amiga, es mi hermana. Virginia de Matos vino a verme una tarde a una barrera. ¿Qué le parece? ¡Ni que fuera Luis Miguel Dominguín! Fuimos amigos. Mi mujer Jimena la acompañó en su lecho de muerte.

¿Y sigue volviendo al pueblo?

El otro día el alcalde de la Alameda de la Sagra me ha puesto una placa conmemorativa en mi casa con el reconocimiento de todos los vecinos.

Publicado en El Mundo.


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2 responses to “Manolo Lozano, el último Quijote del toreo: “Morante ha sido mi torero porque tiene un cuarterón de gitano””

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    2021mayaleyton1

    Hombre, historia y leyenda

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    2021mayaleyton1

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