La afición tlaxcalteca arma tremenda bronca.

Por Jaime Oaxaca.

Se anunció una corrida de toros de Hernández Cosío para el primero de noviembre; sin embargo, la empresa presentó una novillada. El primero y el segundo fueron muy protestados, tan chicos que desentonaron con el resto de los otros novillos.

El primero de ellos fue duramente pitado por los aficionados, pero en cuanto José Luis Angelino se acomodó con el capote, la gente le bajó, al gritar olé, se acabó la bronca. Parecía que seguiría durante la suerte de varas, pero un estupendo puyazo de Pedro López, resolvió la posible reanudación de protestas. Poco hizo Angelino con ese animalito que se llamó “Ganaderazo”.

Se anunció el segundo de la noche: “Contador” de nombre, más chiquito que el primero. Por fin, la afición de Tlaxcala despertó, protestas, gritos, mentadas de madre, para la devolución del insignificante cornúpeta. Toda la faena fue de constantes reproches.

El burel correspondió al debutante Emilio de Justo, un diestro que llegó precedido de una gran aureola de figura del toreo. Intentó dar unas verónicas, pero el animalito fue manso, la bronca crecía. Un puyacito y seguían los pitos, desatendidos por la empresa y el juez de plaza.

Se colocan banderillas sin mucho lucimiento, la gente le grita: De Justo, novillero. Intento de faena, el burel no tiene nada que aportar, más bronca y ni me acuerdo como se deshizo de ese remedo de toro, creo que le sonaron dos avisos.

La plaza prácticamente se llenó, los animalitos anunciados como Hernández Cosío, corresponden a Rancho Seco. Son propiedad de Sergio Hernández Weber quien también es uno de los empresarios. Así que todo queda en casa.

No se presentaron imágenes de los toros, llegaron a la plaza la noche anterior a la corrida. El juez de plaza, don Manuel Ruiz no quiso o no pudo rechazar esa vergüenza de animales. Cada año Rancho Seco, disimulando el nombre da una estocada.

Salió el tercero, para Sergio Flores, se llamó “Habano”, debió ser pitado, pero creo que la gente se acostumbró, el morito tenía un poquito más de cabeza. Sergio le realizó algunas cosas y cortó una orejita a pesar de los avisos. A partir del tercero, ninguno fue protestado, qué lástima porque se anunció una corrida de toros y ninguno de los seis lo era.

No habrá exámenes postmórtem porque no se acostumbra en las plazas de Tlaxcala, ni en la mayoría del país; además, palo dado ni dios lo quita. De los tres restantes no cambió el panorama de trapío. La despedida de José Luis Angelino, con un animalito que desarrolló sentido y al final dio una vuelta al ruedo. Pepe no se merecía una despedida así. En el quinto, De Justo le brindó a Angelino que se despedía, cuando se dieron el abrazo en el ruedo, surgió un grito: ¡de novillero a novillero!

La faena de Emilio de Justo con su segundo burel de nombre “Don Sergio” fue sensacional. Desde que se abrió de capa. Prácticamente jugó con el torito, fue grato verlo, pero con un animal así se pierde toda la esencia de autenticidad. El español cortó dos orejas que paseó en una vuelta al ruedo. Felicitó a los ganaderos, cuando uno de ellos quiso unirse a la vuelta, como ahora se acostumbra, el público lo impidió.

Con el cierra plaza no pasó nada, era el menos chiquito de los seis, pero tampoco llegaba a toro. El ruedo se arregló con una alfombra, flores, hubo luces, todo provocaba una sensación solemne. Surge la pregunta; ¿por qué se cuidan esos detalles y no se cuidan “los detalles” de los toros”.


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