Por el Guerra
«Los catalanes le están cogiendo el gusto a prohibir cualquier cosa que les fastidie», afirma la publicación, para quien prohibir las corridas en España es «un poco como si un Estado alemán prohibiese las salchichas o una región francesa condenase esas latosas boinas». Además, sostiene que, al aprobar la prohibición «a muchos catalanes les preocupa menos el bienestar de los animales que rechazar el toro como un símbolo de España” y que algunos parlamentarios nacionalistas respaldaron la prohibición en «venganza”» por el recorte del «Estatut» por parte del TC.
«The Economist» reconoce que la afición ha caído en Cataluña, pero añade que en el pasado sí fue una parte importante de su cultura, y «muchos catalanes encuentran otras formas de torturar a los toros en sus fiestas locales». El semanario liberal plantea además el asunto como un nuevo capítulo de un «gusto por prohibir» y opina que los partidos catalanes están «compitiendo con propuestas a la francesa» para extender la prohibición de las prendas islámicas que cubren el rostro «aunque estas prendas apenas se ven en las calles catalanas».
A su juicio, esta «intolerancia» ha sido «incitada por campañas» de cara a las próximas elecciones autonómicas, en las que las encuestas predicen la victoria de CiU. Para el semanario, un Gobierno de este partido, al que define como «cercano a las empresas» puede ser «bueno para la economía española» en la medida en que implique un «mandato para reclamar más reformas en el nivel nacional», mientras que «su impacto en Cataluña es más difícil de predecir» porque este partido tendrá entre sus prioridades «reafirmar la identidad catalana y el uso de la lengua catalana».
«Los políticos están preocupados pero al menos los toros pueden dormir más tranquilos», ironiza.





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